miércoles, 7 de febrero de 2018

Llevarle la contraria al cerebro

La ciencia es llevarle la contraria a nuestro cerebro. ¿Qué quiere decir eso?. Hasta cierto punto en nuestra historia, nos guiábamos por lo que nuestro cerebro veía y por esa inocente máxima de que, lo que no vemos no existe. No está. Los grandes descubrimientos, o los grandes giros que ha tenido la ciencia, han luchado contra la resistencia general y han provocado terremotos literalmente. Y los han provocado porque contradecían la intuición general. Y la intuición general era, en cierto modo, lo que nuestros cerebros en general creían como real.

La historia de la ciencia está plagada de momentos en los que alguien se salió de lo que el cerebro nos decía a todos, de gente que analizaba las evidencias que todos interpretábamos de la misma manera y las explicaba de otra . Eran cerebros que no explicaban igual las cosas. O que, como decía en otro post, establecían otro tipo de "pareidolias". Otro tipo de formas de percibir el mundo. Analicemos algunas.

El cerebro teme a la muerte

La religión la entiendo principalmente como una resolución  del gran conflicto que atormenta al ser humano. De tener una pulsión orientada hacía la supervivencia, heredada desde nuestros ancestros, de nuestros inicios como forma de vida. Y de tener una mente que nos permitía proyectarnos hacía un futuro, ver que pasaría en 10 horas... en 10 días, en 10 décadas, y saber que hiciéramos lo que hiciéramos, no podríamos evitar llegar a morir.

Esa resolución, era lo que toda la humanidad creía como forma de calmar esa ansiedad interna. A lo que todo el mundo se adscribía. Y las fábulas que nos pusieran para explicar el origen de la vida, como fábulas para justificar que, de alguna o de otra manera, tras la vida íbamos a tener otra vida de recompensa. Considerarnos una especie por encima del resto, superior, a imagen y semejanza del creador (da igual la religión que mires). Y entonces alguien planteó que realmente, no somos tan diferentes del resto de las especies.

A Darwin le dieron por todos lados cuando presentó su teoría de la evolución. Caricaturas como esta fueron habituales mientras sus ideas calaban.

Darwin, con su teoría de la evolución, planteaba una organización diferente de las cosas observables, de las cosas que nuestro cerebro quería creer. Que veníamos de otros animales, que evidencias que llevaban siglos ahí, y que eran desterradas por lo que implicaban para cada uno de nosotros, llevaban a una conclusión difícil de evitar: eramos una evolución de otras especies. En su momento, un despropósito para mucha gente, incluso hoy, una teoría que es olvidada adrede según en que escuelas y según en que sitios. Nuestro cerebro, sesgado en ese sentido, nos decía que eramos especiales como especie, pero tuvo que llegar un cerebro que discrepara para que empezáramos a darnos cuenta de que realmente, lo especial es que eramos como el resto de formas de vida de este planeta. Y por supuesto, con el mismo destino que estas tienen.

Una tierra plana sobre la que gira todo

Y nuevamente nuestros sentidos, y nuestro cerebro observaban el mundo que nos rodeaba y nos decían: Es el sol el que se mueve, no nosotros. Y la tierra es evidentemente plana, ¿Cómo iba a ser redonda?. Y la contradicción llegó cuando Copérnico (que no fue el primero que lo dijo, cierto es), lo puso sobre la mesa.

Si analizamos las ideas de los niños, de manera general, este sesgo de que la tierra es plana y de que todo gira en torno a la tierra, está presente. Es lo que los sentidos nos dicen, es lo que nuestro cerebro procesa como solución más lógica. Pero el mundo nuevamente, escapa a la lógica que inicialmente tenemos, y requiere un gran esfuerzo salirse de ello. Tanto que, mirando a nuestro alrededor, aún hay gente que trata de mostrar que la tierra es plana.

Sigo recomendando este libro como una de las formas para entender como la historia ha ido evolucionando de esa manera, llevando la contraria lo que parecía intuitivo. Comprarselo en Amazón Ome (Aquí)

No es vano, el libro de "el ojo desnudo" de Antonio Martínez Ron, nos muestra claramente como el avance de la ciencia se centra en gran parte en aquellos grandes investigadores (e investigadoras) que mostraron que había algo más allá de lo que sus ojos veían, Que incluso crearon instrumentos para ver más allá. Y es que la ciencia, a día de hoy, tiene mucho de lo que nuestros ojos no ven, pero hemos aprendido a ver. Ese paso, de llevarle la contraria al cerebro, que como ya sabemos, busca explicaciones lo más simples posibles, y puede eliminar todo aquello que las contradiga con total tranquilidad. Todo sea para que el mundo sea estable, y no perdamos tiempo preguntándonos cosas que no nos ayuden a sobrevivir de manera directa en el aquí y ahora. Luego, el cerebro, es una máquina de dar las cosas por sentado

Una clasificación de la cognición

Otro de los sesgos que parece que tenemos es pensar que todos funcionamos igual. El cerebro quiere clasificar todo lo que le rodea y busca puntos de apoyo para tratar de justificar ciertas clasificaciones para saber a que atenernos. Hay dos ejemplos interesantes.

El primero, descrito con maestría por S.J. Gould, en la "falsa medida del hombre", nos muestra como el pensamiento imperante era la superioridad de las personas blancas sobre los negros (y las mujeres dicho sea de paso) y como esa impresión que se tenía desde esa perspectiva del blanco es superior, se justificaba con cualquier dato, por peregrino que fuera, eliminando a veces de forma insconsciente, a veces no, cualquier dato que contradijera esa idea. Simplemente, el cerebro tiende a pensar que nosotros somos los mejores, y los que no son iguales (o consideramos diferentes) son inferiores. Es parte de ese egocentrismo implícito que debate en muchas ocasiones David Eaglemann. Hubo que hacer un gran esfuerzo para contradecir ese sesgo, y aún hoy en día, se sigue teniendo que hacer cuando no nos paramos a pensar.

Y así, midiendo el contorno craneal hay quien cree que puede medir la inteligencia. Y de eso, deducir muchas cosas sobre la persona que tenemos delante.

El segundo de los ejemplo, viene heredado  de estas ideas, y encarnado en el Coeficiente intelectual. No voy a entrar en el debate de si el coeficiente intelectual es mejor o peor, pero si que tiene un pequeño anclaje que a nuestro cerebro le viene muy bien: Su inmutabilidad. Hasta hace bien poco, un CI era una nota en la frente de cada persona que decía a que debía aspirar, que tipo de capacidad tenía y sobretodo, que era inmutable. Ese detalle comienza a estar superado, pero mientras ha imperado se ha obviado algo que no se ve a primera vista, la plasticidad neuronal, la capacidad a aprender, la capacidad de modificar nuestro cerebro, y por extensión nuestra cognición. Era más cómodo pensar que, una vez clasificado, cada uno quedaba en su sitio. Lo han pagado aquellos que tenían la etiqueta de retraso mental, a partir de una puntuación, que no han tenido la oportunidad de recibir a ayuda para superar sus dificultades.

Una cognición única

Jeff Hawkins, fundador de la iniciativa Numenta que busca la creación de una inteligencia artificial basándose en como funciona el cerebro, siempre dice en sus presentaciones una cosa muy curiosa: "El como funciona el cerebro no debe de ser tan difícil, lo que pasa que aún no sabemos como es, la teoría de la evolución o darnos cuenta de que la tierra era redonda también resultó complicado, pero una vez entendido, no es tan difícil de ver". Tiene cierta lógica, pero en muchos casos durante nuestra búsqueda de comprensión caeremos en sesgos que costará frenar.

Actualmente damos muchas cosas por sentadas en la neurociencia y en la neuropsicología. Tenemos una fe inquebrantable en la neuroimagen, en especial para los diagnósticos. De hecho, queremos tener una relación directa entre lo que nos dice una neuroimagen y una etiqueta sindrómica concreta. Hasta tal punto que, si algo no sale en la neuroimagen, no existe, aunque la persona tenga claros y evidentes signos clínicos. De hecho, dos neuroimágenes  exactamente iguales de dos personas diferentes no se relacionan directamente con su desempeño en según que cosas. Dos personas con la misma etiqueta sindrómicas tampoco. No creo que nadie pueda contradecir esto, pero se obvia en la mayoría de los casos porque todo resulta así más fácil.

No creo que hay que confundir normalidad con ser iguales. De hecho, a veces lo normal es fallar en según que cosas. ¿no?.

Creemos que todos los cerebros funcionan igual, porque es lo que nos dice la intuición, porque el producto que observamos es igual (una ejecución en una prueba, o una realización de una actividad). Y los tratamos de esa manera unitaria cuando vemos que algo falla, aun cuando rara vez tenemos dos pacientes iguales (sea proceso degenerativo o tras un daño adquirido). Si lo vemos desde un punto de vista del movimiento, ciertamente todos podemos andar, pero cada uno tiene su estilo, su coordinación, su forma de mantener el equilibrio y su postura al hacerlo. Se pueden sacar tendencias, pero es evidente que no todo el mundo lo hace igual.

Y eso seguramente es lo que pase con el cerebro y el funcionamiento cognitivo. Que tal vez estemos ante un sistema que, aunque tiene una meta común a todos los seres humanos (sobrevivir, adaptarse...) tiene diferentes formas internas de funcionar para lograrlo. Diferentes equilibrios, entre los diferentes sistemas, que se establecen durante el desarrollo cerebral hasta alcanzar una sincronización. Eso explicaría porque cambios importantes a nivel cognitivo como los del envejecimiento no afectan tanto al día a día (se van variando esos equilibrios para seguir funcionando) como un daño adquirido más leve (se rompe la sincronía de golpe sin opción de compensar) o el porqué un mismo daño cerebral adquirido puede afectar de manera diferente (no afectará igual pues funcionan esos cerebros de forma diferente).

Lo cierto es que aun tenemos que llevar mucho la contraria a nuestro cerebro en como se ve a sí mismo para poder entender como funciona realmente.Simplifica, categoriza, automatiza... pero no siempre correctamente. Siempre digo lo mismo, "la solución suena más a contraintuitiva que a inconcebible".  El problema es que hay mucha gente que no cree que tenga que contradecir a su cerebro, que no consideran necesario ser crítico. Qué a su modo, aún siguen pensando que la tierra es plana y que lo que no sale en la neuroimagen, no existe.


PD: Es evidente que va mucho más allá de hablar de unas funciones u otras, hay muchas más variables debajo (neurotransmisión, estimulación durante el desarrollo...), pero la idea sería que, mientras queremos hacer una mapa del cerebro (que podremos), prácticamente ninguno va a funcionar igual (solo hay que pensar que las áreas de asociación son únicas para cada persona). Será un mapa de carreteras, donde habrá gente que use diferentes caminos para llegar a lo mismo.

PD2: Otro ejemplo, la contingencia. Lo que no ocurre de manera contingente, parece no tener relación para nuestro cerebro. Sin embargo, después de ver que tras dos o tres años de tratamiento, hay pacientes que mejoran de manera exponencial en su lenguaje, me planteo si hay algo que escapa aún a nuestros ojos (y los artefactos que usamos para mirar) en el cerebro durante el proceso de rehabilitación tardío.

PD3: Cuestiona y vuelve a cuestionar. Es seguramente la única forma de ver más allá.

PD4: Le dice un percentil 1 a un percentil 39 "¿Cómo estás?", a lo que el percentil 39 contesta "Depende de quien me interprete"... Supongo que alguno7a pillará el chiste XD.


lunes, 5 de febrero de 2018

CNC 2018: Segundo día. Personas inspiradoras

Intentaba en el anterior post (CNC 2018: Primer día), responder al motivo de mi asistencia a tantos congresos. Y decía, que me gustaba ver otros puntos de vista, me parecía necesario confrontar puntos de vista diferentes con los míos. Pero si algo hay que me gusta de asistir a congresos es que entre los ponentes siempre se esconde alguno que logra inspirarte. Que logra que creas aún más en lo que estás haciendo. En estos momentos en que dentro de la neuropsicología tenemos varios focos abiertos sobre la formación necesaria (dentro de la psicología) o sobre cuál es nuestra real labor en la rehabilitación del daño cerebral (desde fuera de la psicología), esto se hace especialmente necesario.
Como decía, siempre hay alguien que inspira y esperabas que fuera a hacerlo, pero otras veces hay gente que lo hace sin que te lo esperes. Te hacen pensar y te plantean dudas que necesitas responder al mismo día siguiente de haber acabado el congreso. Y también, como digo, te dan la sensación de que estamos yendo por el buen camino en lo que hacemos. Desde perspectivas diferentes, hubo tres ponentes que para mi fueron especialmente inspiradores.

Un Modelo de Modelos

Un tema que no aparecía de inicio en el programa de las jornadas cerró la tarde del viernes. Pese a ser un momento en el que estábamos ya cansados por todo el movimiento, la última ponencia, impartida por Javier Tirapu (sin emplear una sola dispositiva) nos planteó la problemática de las funciones ejecutivas. Concrétamente en base a un modelo generado a partir del análisis de los modelos factoriales existentes de funciones ejecutivas. Aunque yo he leído el artículo que público en 2017 (lo tenéis aquí) explicando este modelo (y varias veces), oírlo del propio autor fue un regalo inesperado. Me ayudó a entenderlo aún más, sin duda.

En Almería, en el congreso SANP del 2009 presenté los resultados de mi TFM sobre envejecimiento y funciones ejecutivas. En ese congreso fue la primera vez que vi a Javier Tirapu dar una conferencia y, era también sobre funciones ejecutivas. 9 años después, con la tesis ya presentada tuve la suerte de repetir este ciclo, y volver a verle hablar sobre ese tema. 

Siempre sostengo que cuando hablamos de funciones ejecutivas tenemos el problema de la definición y el hecho de que cada autor tiene prácticamente un modelo propio, faltando unidad. Supongo que esa idea la arrastro también desde 2009, y fue el inicio y base de su ponencia. ¡cuanto nos cuesta definir estas cosas!. Recuerdo (y también fue nombrado por él) el artículo que público Miyake en el año 2000 (aqui) que nos hablaba a través de análisis factorial de 3 subcomponentes de las funciones ejecutivas: La flexibilidad, inhibición y la actualización. Sin embargo, siempre ha quedado un poco corto cuando abordamos a un paciente, ¿Cómo lo valoramos?¿Como sabemos que el fallo está ahí?.

Javier Tirapu nos explicó magistralmente que para tener un modelo que sea aplicable, necesitábamos poder disociar entre diferentes componentes, pero también contar con una estructura cerebral disociable que jugara un papel en ella y una prueba con la que poder valorarlo. Y que en base a esto, realiza una revisión sistemática de diferentes artículos publicados en los últimos 25 años. Obteniendo el siguiente conjunto de componentes que, solo voy a enumerar, pero que se explican perfectamente en artículo citado anteriormente.

Este modelo se lo he explicado a todos mis alumnos de prácticas desde que lo vi. Me parece muy coherente. Solo le cambiaría la fluidez verbal por el término fluencia verbal, que me parece más adecuado a lo que se refiere en el artículo XD

No se trata solo de contar algo novedoso, sino de como se cuenta, el como lo contó fue excepcional, para no pestañear ni un rato. También en cierto punto anterior abordó el estado de la neuropsicología, y cuando comentaba lo que era habitual encontrar en un manual o en la formación, decía "y si acaso al final, hay un capítulo sobre neuropsicología infantil". Y ahí se quedaba. Este CNC también tuvo su parte dedicada a la neuropsicología Infantil, de la que destaco a María Jose Más, Neuropediatra.


El desarrollo infantil

Creo que he visto hablar a muchos profesores sobre "desarrollo neurocognitivo". Y se hacia tedioso, duro. Supongo que porque los niños que había visto en su vida, en el mejor de los casos, eran sus hijos. No trabajaban en el área infantil. De hecho, es habitual el error de pensar que, siendo una persona formada en neuropsicología en daño cerebral adquirido en adultos, uno puede abordar prácticamente sin problemas a un niño. Error. Y todo esto se hizo muy patente cuando María José Mas (@mastwitts) comenzó a hablarnos sobre el neurodesarrollo.

Si bien, su ponencia giraba en torno a los factores de riesgo cognitivo en el desarrollo, hizo una introducción sobre como ocurre el desarrollo infantil que pocas veces he visto tan claramente realizada. A mi alrededor oía frases de compañeros que decían un "así sí, así si se entiende". Y sobretodo, hizo una genial puntualización que no todo el mundo ve cuando habla de neuropsicología infantil. La importancia del "cuando" ocurre el problema para entender "cuanto de grave" puede ser para el problema para el desarrollo, en especial cuando hablamos del desarrollo embrionario.

Un momento durante la ponencia de María José Mas

Su explicación sobre como el cerebro se iba organizando durante la infancia para generar una sincronía, sobre como nuestra especie nace totalmente indefensa y con unos rasgos que despiertan la naturaleza de cuidado de los adultos, o como evoluciona el cerebro pasados los primeros años de vida mostraban que, la persona que teníamos delante no solo era una profesional de la neuropediatría. Era una persona apasionada por el cerebro, y que inspiraba. Realizar ponencias así están al alcance de muy pocos. 

Pero igual que tuvimos un tiempo para el desarrollo infantil, lo tuvimos para otro tópico que a veces queda un poco en el olvido, ya que siempre nos centramos más patologías que en la normalidad. En este caso, impartido por el premio CNC, Juan José Barroso, en base a sus estudios.

Entendiendo el cerebro en la vejez

Mi tema de tesis ha sido la reserva cognitiva y como puede frenar los cambios normales asociados a la edad. Y cuando uno se pone a analizar los cambios normales asociados a la edad se encuentra con una gran cantidad de datos y pocos resultados plenamente concluyentes, dados los importantes problemas metodológicos que existen. Además, cuando yo empecé a estudiar eso, costaba más contar con estudios bueno que mostraran la relación entre el cambio cognitivo, las estructuras cerebrales y su funcionamiento. Y eso, justo, se ha estado haciendo estos últimos años en nuestro propio País.

El hecho es que necesitamos datos para poder saber que es normal y que no lo es en el envejecimiento para diferenciarlo de los inicios de patologías como el Alzheimer y poder incidir sobre ellas en fase "preclínica". Este objetivo está ahí desde hace décadas. Y se sigue investigando para conseguirlo. En este caso, El Dr. Barroso nos presentó algunos de los datos de las investigaciones que está llevando a cabo, mostrando algunos datos que resultan poco conocidos a nivel general, como por ejemplo el hecho de que ya podemos observar declives a los 40 años, relacionados en general con la recuperación de información (Mnésica y verbal), que curiosamente coinciden con lo que yo me encontré en mi tesis, sosteniendo que a partir de los 65 empezamos a encontrar muchas alteraciones mas variadas, que son en esencia, normales.

Ponencia del Premio CNC 2018, Juan José Barroso

Pero si algo me gustó de la ponencia del Dr. Barroso, fue como nos contó una historia que pone de manifiesto lo difícil que es investigar en este país. Nos relató como su laboratorio fue avanzando, creciendo, colaborando con otros laboratorios europeos. Y sobre todo, me gustó la forma de recibir el premio, porque estamos en un país que no reconoce la investigación, y que alguien te reconozca con un premio la labor que llevas una vida realizando tiene que emocionar. Y claro que se emocionó al recibirlo. Es más, fue uno por uno despidiéndose y dando la mano a todas las personas presentes en la sala. Inspirador tanto en contenido como en las formas.

Inspiradores ellos en particular, como lo ha sido este CNC en particular.

PD: Muy buen congreso y muy buen nivel. Ahora viene la parte dura, darle vueltas a todo lo que nos han contando y tratar de atarlo a lo que ya sabemos para que no se nos olvide.

PD2: Me cuestiono que parte de los problemas que tenemos en la neuropsicología sean por puro ego y cabezonería, bastaría con sentarse a escuchar a Javier Tirapu para entender que la pelea que tenemos entre menos no tiene nada de base ni de sentido.

PD3: es de justicia recordar una reunión ocurrida en Madrid sobre Envejecimiento, en la que Rocío Fernández Ballesteros paró su ponencia, nos miró a todos y nos dijo "ánimo, es duro, es difícil, pero lo estáis haciendo bien". A veces, necesitamos oír eso de los grandes.



viernes, 2 de febrero de 2018

CNC 2018: primer dia

¿Por qué vas a tantos congresos?, me pregunta a veces la gente. ¿Por qué sigues estudiando?.. y solo tengo una respuesta. Me hace pensar. Ver otros enfoques de las cosas, el salirse del trazado habitual, el darse cuenta de que, todos estudiamos lo mismo: el cerebro. Para cosas diferentes, muy dispares, pero que si estan en lo cierto, deben de encajar. El reto es encajar esas piezas. ¿Cómo encajo cosas tan dispares como las ponencias vistas hoy en el CNC?... vamos a intentarlo.


Si tu no te activas, te activo yo

Empiezo por el final. Ya hace siglos que descubrimos el papel que tiene el cerebro sobre nuestro comportamiento. Tal vez uno de los ejemplos más llamativos sea la lobotomía de Egas Moniz, dostorsionada por Freman con su lobotomobile. Pero actualmente contamos con unas técnicas más sofisticadas como son la estimulación cerebral profunda o la estimulación magnética transcraneal. Y de esta última nos habló Jesús Cespón en la ultima ponencia.

En si, esta técnica sigue un planteamiento planteado hace muchos años por Donald Hebb sobre cómo funcionaban las neuronas. Esa idea de que neuronas que se activaban de manera repetida terminaban por hacerse mas eficientes y necesitar un menor estímulo para activarse. De hecho, conforme esto iba ocurriendo se producían cambios estructurales en las propias neuronas, queno establecían nuevas conexiones. El único problema es que Hebb.no podía inducir ese cambio per se.

Desde la neuropsicologia, cuando abordamps el déficit en si, estamos haciendo justo eso. Activar de manera repetida un circuito a través de una tarea (pongamos de memoria) y tratando de hacer que sea más eficiente. Y eso es lo que trata de hacer la estimulación magnética transcraneal. Pero ojo, no todo es estimular.

Por ejemplo, Alan Snyder, neurocientifco australiano que estudia la creatividad con EMTs juega a inhibir la actividad del hemisferio izquierdo con esta técnica para dejar via libre al hemisferio derecho, que el  considera como más creativo. Estudios sobre afasia crónica muestran por contra como desactivar el hemisferio derecho puede resultar positivo para la recuperación del lenguaje. Y sobre esto mismo se ha hablado hoy. Como a veces mas activación no es mas positivo, pues por ejemplo en DCL o en el Alzheimer, existe una hiperexcitabilidad que interfiere en el funcionamiento, que rompe la sincronia... solo se trata de conocer como funciona el cerebro en según que casos para poder decicir que debemos activar y que no. Aunque también seria interesante que uno supiera como activarse o desactivarse... ¿Se puede?.

Haciendo consciente el cerebro
Decia Rodolfo Llinas en el mito del yo, que el cerebro tenia el serio problema de estar encerrado en nuestro cráneo, y por eso, permanecer fuera de nuestra vista y capacidad de análisis. Decía Antonio Martínez Ron en su libro el ojo desnudo que, la una barrera que se hubo de superar para el conocimiento científico fue darnos cuenta de que hay muchas cosas que nuestros ojos no pueden ver. Decia Michio Kaku, fisico teórico en su libro "el futuro de nuestra mente" que la neuroimagen fue para el cerebro lo que el telescopio para la astronomía: lo que nos permitió verlo para poder empezar a entenderlo.

Hoy nos hablaba Rubén Pérez, una de esas oersonas que encandila con su conocimiento, sobre neurofeedback. No voy a entrar a hablar sobre si es más o menos válido, ya que no soy experto. Pero si sobre algo interesante que aporta. La idea de hacer conscientes procesos automáticos del cerebro, o al menos, la idea de poder condicionar su funcionamiento.

La idea es tan simple como compleja de llevar a cabo: si registramos la actividad cerebral podemos y comenzamos a reforzar a la persona hasta que esta de adecue a lo que queremos, se puede modificar. Es decir, hacemos consciente algo automático para poder cambiarlo. 

Esto nos lleva a recordar que una enorme parte del funcionamiento de nuestro cerebro resulta ser automático y fuera totalmente de nuestro control y foco intencional. Pero que tal vez haciendolo consciente podríamos operar sobre el. 

Y esto nos lleva a recordar la dicotomía entre automático y consciente que podemos encontrar en algunos daños cerebrales. Concretamente hoy lo hemos visto en las afasias.

Conscientemente involuntario
Yo en las afasias, campo donde he trabajado muchos años, hepero visto esa disociación muchas veces. Más concretamente en la apraxia del habla, donde existe un habla automatica que puede ser buena, pero una dificultad enorme para realizar producciones conscientes (muy evidente en la denominación). De hecho, a diferencia de las disartrias, el error articulatorio que se produce no es estable, es decir, hay un problema en la programación de movimientos conscientes necesarios para el habla. ¿Movimientos conscientes?. 

Durante la ponencia de hoy de Javier Oltra ha vuelto a salir la gran relación que existe entre el afasias y las apraxias. Bien, vamos a darle una vuelta evolutiva a esta idea. Empiezo con una pregunta fácil. Como especie ¿Primero hablamos o primeros movimos?. Lógico, primero nos movimos. De nuevo nombro a Rodolfo Llinas, que parte de una idea, el cerebro existe porque nos movemos, y de alguna forma hay que controlar ese movimiento. ¿Pero no choca un poco el solapamiento que hay entre los circuitos del lenguaje y del movimiento consciente?. 

Javi Oltra nos habla de un modelo cognitivo de las apraxias perfectamente equiparable al del lenguaje. Cuando tenemos problema de input (no reconocemos que significa un movimiento) tenemos algo muy similar a lo que ocurre cuando tenemos una anomia semántica (hay un póster sobre eso XD), no hay praxicon o lexicon para reconocer, respectivamente. Cuando no podemos producir un movimiento consciente simple (mas ideomotor), o lo producimos de manera desorganizada (mas ideatorio), ocurre como cuando no podemos producir un lenguaje expresivo o cuando lo hacemos de forma agramatica o paragramatica. Es tal la correspondencia que me cuesta no pensar que el lenguaje esta escrito en nuestro cerebro aprovechando los mismos circuitos que empleamos para el movimiento, a partir de varaciones de la información que procesan. El ejemplo estrella es esa idea de la apraxia de conducción.

¿Cómo hiciste tu praxicon?

En una apraxia de conducción la persona no puede imitar movimientos sin significado que ve. En una afasia de conducción no puede repetir sonidos, aunque preserva comprensión (input) y a veces expresión (si, a veces, en casos muy muy puros, porque los circuitos que usamos para repetir también juegan un papel importante en la construcción fonologica). ¿Por qué esta disociación? Yo creo que la respuesta es simple.

Tenemos unos mecanismos de repetición controlada separados de los automáticos de producción porque para generar nuestro praxicon motor, o nuestro lexicon de significados verbales, antes tienen que ser ejecutados de forma controlada. Es decir, deben ejecutarse para irse consolidando. Y conforme mas se consolida, más tiramos de praxicon o lexicon y menos de esos mecanismos controlados, que reducen su papel para dedicarse a nuevas automatizaciones. Esto explicaría esas disociaciones, de como a veces por un daño cerebral no perdemos completamente la función y quedan restos (habla automática como decía antes), plagados de errores como las parafasias o lexicalizaciones. Esto explicaría que haya gente que pueda repetir movimientos pero no producirlos.

De hecho, hay una frase que siempre me ha llamado la atención de muchos pacientes con Afasia que se han ido recuperando, algo asi como un "al principio intentaba hablar como siempre y no podia, pero poco a poco fui viendo que tenía que hacerlo de otra manera, que haciéndolo como siempre, me equivocaba mucho". ¿No suena a un nuerofeedback para recuperar la sincronia?. 

PD: es evidente que podría encajar con el movimiento el metodo Bapne, que me ha parecido muy curioso, pero se me hace tarde y necesito dormir mis 8 horas de rigor... (8 a la semana...)

PD2: como no me he traido el ordenador a Bilbao, lo he escrito con el móvil. Perdonad errores de formato, erratas y falta de imagenes... que tengo un nokia 3210

PD3: creo, al igual que stephen Hawking hablaba de una teoría del todo sobre el universo, tiene que haber una teoría del todo sobre el cerebro. Y nos parecerá muy simple el dia que la sepamos, aunque será muy contraintuitiva, por eso aún no la tenemos.









jueves, 18 de enero de 2018

La dama enclaustrada

Cuando trabajas con personas que tienen Afasia, comienzas a acostumbrarse a trabajar con personas que, aunque tienen un increíble mundo interior, no te lo logran comunicar forma verbal. Comienzas a apreciar cada gesto, cada guiño, cada momento de conexión como si fueran únicos. Sin lenguaje. Sin palabras. Hechos a emplear el lenguaje, como estamos hechos a emplear la visión, cuando estos faltan, comenzamos a apreciar el lenguaje no verbal y otros sentidos como forma de poder llegar a otros. Como forma de que otros lleguen a nosotros. Este es el caso que voy a narrar en este post.

La dama enclaustrada

Un día llegó a nuestro centro una Familia (con mayúsculas), que nos traía a uno de sus componentes, en su caso, a la madre de Familia. Un ictus, de tipo hemorrágico por ruptura de un aneurisma en la comunicante anterior, había provocado que esa persona, para mi una completa desconocida ese primer día, no pudiera hablar. Pero no era el caso típico de Afasia. Se veía desde el primer momento en el que uno se comunicaba con ella.

Encerrada en si misma, presentaba una tetraparesia espástica. No podía mover ninguno de sus miembros. No podía hablar. No podía hacer prácticamente nada. Pero su familia, sus dos hijos y marido, con todo el cariño del mundo, se encargaban de que siempre estuviera atendida para todo lo que necesitara. No es algo fácil de hacer, si logramos ponernos en su lugar. 

En una cárcel. Encerrada en si misma, a la espera de encontrar la forma de salir de ella (no de la cárcel, sino de si misma).

Fui el encargado de su valoración. Me senté con ella, en una mesa redonda, rodeado de esa Familia, y usé el mismo protocolo de valoración que siempre usamos cuando alguien no habla. Un protocolo que me duró 10 minutos. Esas pruebas no iban a decirme nada. Daba igual si era denominación, si era repetición, si era una prueba de expresión. Ella no hablaba y no se movía. Solo me clavaba los ojos de una manera que quedaba más que claro que, ahí, había una persona, y que era ella la que me estaba evaluando a mi, no al revés. Pero eso las pruebas no lo miden.

Durante la valoración, descubrí algo que solo era posible si su marido e hijos estaban delante: que sonreía. Cuando yo hacía una broma, de las que suelo hacer para ver si alguien comprende, no había casi ningún gesto por su parte. Algo normal. Un desconocido con una bata blanca no tenía el derecho de arrancar una sonrisa a una persona que, cada gesto hacia el exterior, implicaba un esfuerzo sobrehumano. Pero su Familia si lo lograba. Concrétamente, su marido, lograba hacerla reir. Lograba que girara su cuello y se orientara hacia él. Ella estaba ahí. Era solo cuestión de fijarse.

Confío en vosotros

De manera casi imperceptible, ella era capaz de hacer un gesto de asentimiento. Pero no un gesto de negación. Esa era su única comunicación con el mundo. Al menos la única clara, pues su gesto, su mirada indicaba claramente que estaba entendiendo todo. Tal era su nivel de entender el mundo que, su anterior terapeuta, había sido rechazada por ella misma. Cuando el anterior terapeuta intento emplear pictogramas para trabajar con ella, ella misma cerraba los ojos, como forma para negar ese tratamiento. No le parecía adecuado. Ella confiaba más en si misma de lo que el mundo confiaba en ella.

Cuando acabé la valoración, hablé con la familia. ¿Qué podíamos hacer?. Ya había pasado un año de la hemorragia y algunos profesionales habían dictaminado que ya no había nada que hacer. Ella nunca podría hacer absolutamente nada. Pero sin embargo, un neurocirujano, al que no conozco y alabo enormemente, dijo: ahora, justo ahora, es el momento de empezar a trabajar. Muchos se habrían rendido, pero la Famlia (de nuevo, con mayúsculas), decidió intentarlo. Y entonces nos los encontramos (el equipo de la asociación ARPA), con un mar de dudas. 

Bien, el cerebro es un puzle al que le faltan piezas. Por eso, quienes le ponen límites caen en un pequeño error. Ponen límites a algo qué aun no sabemos como funciona.

¿Qué podíamos hacer?, repito. Y todos, sentamos en un enorme sofá que coronaba la sala de estar de la asociación dijimos una cosa: INTENTARLO. Ella estaba ahí, mirándonos. Y ella asintió. Y así, hace dos años, comenzamos a intentarlo.

Todos a una

Depositada la confianza en nosotros, se comenzó a trabajar. Se encontró un fisioterapeuta externo. Se encontró una terapeuta ocupacional con un corazón de oro. Y se contó con nosotros. Recuerdo una frase en los inicios de esta historia, de ese marido que decía "vamos a hacer lo que vosotros nos digais que tenemos que hacer". Tal era la responsabilidad. Y, entre unos y otros empezamos trabajar.

Incluso, se contó con otra gran neuropsicóloga que desde fuera de nuestra asociación nos aconsejo qué podíamos hacer. Y, me queda claro, si hubiera hecho falta comunicarse con Luria por Ouija, se hubiera hecho. Todos, muchas gente, decidimos que ella, no iba a quedarse como estaba. Contradiciendo a todo el mundo

El equipo lo es todo para el daño cerebral. Sin equipo, nunca se puede llegar al máximo. Y el equipo no son solo profesionales, son todos los que forman parte de esta historia. 

Empezaron las semanas de trabajo. Sesiones tratando de arrancar una palabra, un gesto, un movimiento. Se reía con nuestra ocurrencias, nos miraba con cariño, pero seguía sin poder hablar ni moverse. Horas largas. Duras para todos. Pero la Familia siempre estaba ahí a su hora.

Ver como esa Familia, abría el maletero, sacaba su silla de ruedas. Como ese hijo cogía a su madre en brazos y la ponía en la silla. Como esa hija la empujaba hasta la puerta de la asociación. Primero cuando aún era de día. Luego cuando ya era de noche. Pasaban las estaciones y ahí estaban ellos. Y ahí estábamos nosotros. Y pasó un año.

Plasticidad o cabezonería, ¿Qué más da?

Los avances fueron pocos. Las sesiones seguían siendo largas, pero su mirada seguía siendo la misma. Momentos en los que parecía que estaba a punto de escupirnos cualquier palabra. Durante horas y horas, hablábamos con ella, como una persona a la que ya habíamos cogido cariño. Una persona más. Daba igual si no contestaba, con su mirada lo decía todo. Se reía. Lloraba. Se esforzaba. Se dormía. Pero siempre asentía cuando se le preguntaba "¿quieres volver mañana?". 

Paso otro medio año. Y paso otro más. Dos años en total. Y nadie se rendía. Sara, Laura  y yo seguíamos. Las alumnas de prácticas, también. Todos seguíamos. La Familia seguía, sin faltar a una cita. Y yo le dije en su día: "venga, acaba esta frase... todo el mundo me lo dice... Aarón es muy.... tonto...". Así estuve tres meses, diciéndole que si me decía "tonto", me la llevaría al bar de en vez de hacer la sesión.

Semanas después, un familiar nos preguntó. ¿Cómo va el tema del habla?¿ Veis progresos?. Y no se veían. No como habla. Pero si como una mirada de determinación de "dadme tiempo, estoy a punto de hablar". Y es que a veces, los mensajes no necesitan llevar palabras. Y entonces, de repente, un día habló.

Y eso parece una persona sola contra el daño cerebral. Una persona contra una losa enorme. Por suerte, no están solas.

Dos años después, ella tosió. Algo normal cuando se está en invierno y se puede acatarrar uno. Pero entonces, se le dijo "tose". Y volvió a toser. Entonces se le dijo "¿Puedes decir "A"?, y tosiendo, dijo un casi imperceptible "A". Pero la letra daba igual, lo que importaba era que acaba de hacer una conducta intencional. Lo siguiente fue, en una tos, un "A, E, I". 

Mi cara, la de mis compañera, la de la Familia no eran nada. Nada comparados con la cara que puso ella. Esa que indica un "acabo de hacerlo".

De vocales a frases

Desde ese instante, algo cambio. Siempre le dije "estoy deseando oir tu voz, aunque sea para que me llames tonto", pero me bastaba con que hiciera un sonido a petición. Una conducta "intencional". Entonces, la Familia, nos mandó un vídeo. En su casa, en su cama, en la que llevaba postrada ya casi tres años, ella había dicho con claridad las 5 vocales. ¿es poco?. Cuando todo el equipo vio su boca, al hacer la "o", ese movimiento de curvar la boca, en un pequeño suspiro, todos supimos que algo había cambiado.

Entonces llegó el día de hoy, hace tan solo unas horas. Ella, sacada del coche en brazos por su hijo, de nuevo empujada por su hija en la silla de ruedas, llegó con una sonrisa tan radiante que pareció iluminar todo nuestro entorno. Y, en un hilo de voz, nos dijo "hola". Entró en terapia, por enésima vez tras dos años. Y leyó palabras en su hilo de voz. Y dijo frases, con mucha ayuda, en su hilo de voz.

Como dije, hay miradas que lo comunican todos. Esclavos de la tiranía de las palabras, se nos olvida que hay muchas formas de transmitir las cosas. La protagonista de nuestra historia nos ha hablado desde antes de hablar, pero había gente que no sabía escuchar.

Y, por supuesto, no se olvidó. Cuando le dije "¿Qué es Aarón?", sacando una voz que en los últimos años nadie la había oído contesto: "es tonto". Creo que pocas personas han sido tan felices como lo he sido yo esta tarde cuando alguien le ha llamado tonto. Nuestra dama había dejado de estar enclaustrada, y, claramente recordaba todas las cosas que le hemos contado estos últimos dos años (algo que nos demostraba con una que otra palabra). Había estado ahí todo el tiempo, esperando a que todo se colocara como debía para poder empezar a decírnoslo.  

Y lo curioso es que, después de tres años, esto parece que acaba de empezar. Mientras que el saber general nos dice que ya debía haber acabado hace tiempo, su mirada, y su Familia, nos dijeron que nuestra dama aun tenía un camino muy largo que recorrer, y que la última parte del trayecto, lo iba a hacer hablándonos. Solo puedo darles las gracias por esta lección. Ningún máster puede explicar esto.

PD: Conste en acta que cada caso es un mundo, y que hay veces que no logramos llegar tan lejos, pero no podemos evitar decir que este caso hubiera caído en el olvido si hubiéramos pensado que nadie puede lograr avanzar siguiendo un simple parámetro temporal (un año)

PD2: ¿Ha sido la terapia?¿Ha sido su tesón?¿Ha sido un milagro?. Yo no creo en los milagros, creo que han sido todos los protagonistas de esta historia, y el primero, ella. Yo ya no le veo límites

PD3: Forget it. 

PD4: ¿Acaso pensáis que no tengo una hipótesis sobre que ha pasado?. Claro que sí. Pero la desarrollaré en otro post XD. 

PD5: Añado después de este post que yo no soy una persona muy humana hablando, sino que soy frío y racional. ¿No os lo parece?. 

PD6: Ojalá no existieran las enfermedades neurodegenerativas. No es justo.

jueves, 28 de diciembre de 2017

Un pájaro Dodo que lo justifica todo

Fueron dos o tres las ocasiones en las que oí a Javier Tirapu comentar la historia del veredicto del pájaro Dodo. Y muchas de ellas las que me planteo su importancia en la práctica diaria de la neuropsicología, precisamente por lo poco reglada que está a veces está disciplina. Os cuento:

En el cuento de Alicia en el País de las Maravillas, Alicia se encuentra con un pájaro Dodo que está organizando una carrera. Cuando da comienzo esta, los participantes comienzan a correr cada uno por su lado, sin rumbo y sin sentido alguno, hasta que el pájaro decide dar por finaliza la carrera. Alicia, sorprendida por lo extraño de la carrera preguntó al pájaro quien había ganado la carrera, a lo que el Dodo contesto con un triunfal "todos lo han hecho bien, así que todos han ganado, habrá que darles su premio". 

El pájaro Dodo se extinguió en el siglo XVII. La próxima vez espero que el ser humano, antes de extinguir a otro animal, extinga primero la homeopatía.


En el terreno de las psicoterapias Saul Rosenzweig en 1936 que ocurría parecido como en el veredicto del pájaro Dodo. Todas las psicoterapias mostraban ser útiles, pero ninguna lograba mostrar ser superior a otra. Desde entonces ha llovido bastante, y se ha escrito mucho sobre los diferentes componentes de la terapia con autores que han considerado que gran parte del efecto de la terapia se obtiene a partir de una mezcla de placebo y alianza terapeutica, más que por la propia terapia, y otros que han logrado mostrar efectos de unas técnicas sobre otras. 


Pero como decía, a veces me encuentro con situaciones en el campo de la neuropsicología que me recuerdan a esta paradoja. Esa idea de que todo lo que hagamos funcionará. Casi independientemente de como se hace. Pero ¿es eso cierto? ¿Quedan justificadas todas las formas de trabajar por el hecho de que siempre funcionan?, ¿Siempre funcionan?. Voy a analizar algunas cosas que me parecen curiosas y bastante cuestionables.

Estimular por estimular

El proceso para trabajar en neuropsicología clínica suele ser este: 




No parece un proceso hecho aleatoriamente, sino que tiene su sentido. En este sentido el proceso de valoración cobra una vital importancia, dado que es la base de todo lo que vamos a realizar, la base de un programa y unos objetivos, y por supuesto, el espejo en el que vamos a confirmar posteriormente si hemos avanzado o no. Es la guía de toda nuestra acción terapéutica. De hecho, para mi, la persona que no sabe realizar una valoración neuropsicológica, no es un neuropsicólogo. 

Pero siguiendo esa idea del pájaro Dodo, podemos considerar que comenzar a hacer terapia directamente con un paciente sin una valoración previa y sin fijar objetivos o periodos de revisión va a dar igual, porque "siempre" va a dar resultado. En parte, es cierto, comenzar a trabajar con un paciente, solo por trabajar, puede dar la impresión de que implica una mejora. Motivación, alianza terapéutica, placebo, reducción del nerviosismo... hay mil factores, pero no implican que mejore lo que estamos haciendo, y mucho menos que tenga su impacto fuera de consulta. Que un paciente este contento con el trato, no quiere decir que lo estemos haciendo bien a nivel terapeútico. Son dos cosas muy diferentes.

No hay que olvidar que el mero entrenamiento funciona. Pero de ahí a pensar que alguien ha mejorado, y que sobretodo, en su día a día está mejor... hay un trecho. Actitud crítica, por favor.

Uno se puede considerar tan curtido en terapia que crea que puede prescindir de una valoración para empezar a trabajar. Uno puede tener cientos de fichas y otros materiales para trabajar, pero lo que no sabrá sin una valoración, es aplicarlos como realmente debe para maximizar su eficacia. Se convierte en un estimular por estimular. Con el tiempo se podrá llegar a entender a ese paciente, y ajustar los ejercicios, pero actuaremos a ciegas en todo momento, porque la valoración es un punto de referencia. Y sobretodo, tardaremos más tiempo en llegar a los objetivos (si es que se tienen, porque el "mejorar" no es un objetivo si no va seguido de un "en algo"). 

Mandar por mandar

Se tiende a confundir además el efecto de la estimulación cognitiva con la cantidad de trabajo, y por ello mandar deberes puede ser una manera de seguir trabajando fuera de consulta. Pero claro, no se trata solo de mandar ejercicios por mandar, porque de nuevo importa el objetivo que se persigue con esos ejercicios, no el que estén hechos.

Por ese motivo, enviar pilas de ejercicios entre una sesión y otra sin explicárselos al paciente carece de sentido. De hecho, en muchos casos, no se trata solo del paciente, sino que se necesita a una tercera persona que reporte el feedback de que el ejercicio está bien hecho y de que se hace como debe, es decir: necesitamos formar a esa persona con un mínimo.

Ala, ahí lo llevas!, con esta pila de ejercicios, te recuperarás antes. El cómo lo hagas... bueno, no es importante, tu hazlos (Estimúlese usted mismo).

Si hacer ejercicios por hacer fuera suficiente, en internet hay suficientes ejercicios. Si nos conformamos con que esos ejercicios nos lleguen bien hechos, volvemos a olvidarnos del "cómo" se hace para quedarnos con un "que bien que lo ha hecho todo". En este caso, un buen conocimiento de los objetivos a lograr, de lo que queremos generalizar es la clave para organizar algo tan difícil como una tarea en la que no hay un profesional delante para guiar y corregir la realización. Es más puede ser contraproducente, puesto que sin objetivos definidos, el trabajo en casa puede ir en la dirección opuesta a la terapia.

Pero siguiendo la idea que inicia este post, más tarea puede ser buena. Lo que me cuestiono es si es lo mejor, que es lo que uno debería buscar para sus pacientes.


Sumar por sumar

Otro punto que me parece curioso es el peligro que se tiene cuando el paciente trabaja con varios profesionales de manera simultanea. En muchos casos, nos encontramos con pacientes que, a parte de nuestra terapia, la reciben de otros profesionales. El trabajar con varios profesionales de manera complementaria es algo a priori positivo. Pero solo si hay comunicación entre ellos.

En el caso de que no haya comunicación, podría estar ocurriendo que, mientras que uno le está pidiendo por ejemplo a un paciente que restrinja su comunicación no verbal, otro profesional este precisamente trabajando en maximizarla. Un pequeño lío para el paciente, y una ruptura completa del objetivo terapeutico.

Lo de la transdisciplinariedad no es solo una cosa que se deba mostrar desde fuera, sino que debe haber real coordinación entre los objetivos de unos y otros. Un profesional que no comunica dentro de un equipo puede ser más contraproducente a veces que no contar con él.

Si eso ya es difícil de controlar entre profesionales del mismo "área", imaginemos cuando alguien se introduce en otras "áreas" que no son afines. Uno, neuropsicólogo,  podría estar trabajando la escritura en un paciente hemipléjico agarrando un lápiz por las mañanas, mientras el fisioterapeuta está trabajando por las tardes precisamente el movimiento contrario para lograr abrir la mano. Pero claro, si uno no se comunica, no es consciente de estos problemas. 

Pero, como todo funciona, como el paciente siempre sale contento de terapia, podemos seguir en nuestro "país de las maravillas".

Agrupar por agrupar

Intentando pensar en que los criterios no son económicos (juntar varios pacientes con un terapeuta, lo que reduce el coste para el centro), también hay que analizar realmente esa idea de trabajar en grupo. Se tiende a pensar que sentar a alguien con dificultades parecidas, o presentar a otro paciente con alteraciones similares puede ser beneficioso.

En muchos casos, así resulta, pero en muchos otros, puede ser muy contraproducente por la comparativa que surge, y por los estilos de atribución de cada uno. Es decir, de nuevo hay que valorar el estado de cada paciente, la forma de ser, el momento en el que se encuentra, y no lanzarse a lo loco.

No es una asignatura de ningún máster. Ni ningún capítulo de ningún  manual. Pero ser empático con la situación del paciente, ponerte en su lugar y saber que impacto emocional tendrán ciertas acciones tiene tanto peso como saberse todas las teorías y modelos. Eso, no lo tiene todo el mundo.


Pero como decía, analizado esto (ya le vale al que no lo haga), el siguiente punto es tener claro que objetivo común persiguen ambos pacientes y organizarse para ello y saber si podremos con esa demanda. En el extremo tenemos esas macrosesiones de estimulación con 30 abuelos, dos terapeutas y una foca robótica que, siguiendo a nuestro pájaro Dodo, merecen su premio, porque algo es mejor que nada. La cuestión es si ese algo se diferencia realmente de ser nada.

En conclusión, si seguimos esa idea del pájaro Dodo, todo abordaje neuropsicológico que hagamos puede ser útil. Y será fácil creernos eso, porque siempre veremos cosas positivas al entrenar a un paciente. Pero la cuestión no es ver cosas positivas, la cuestión es hacerlo lo mejor posible. Hay la suficiente diferencia entre esas dos cosas como para no caer en el error de trabajar por hábito. O en el error de creer que lo sabemos todo. O en el error de decir "bueno, ya es que no había nada que hacer". Cualquiera de las tres cosas me parece lamentable en un "profesional" de la neuropsicología. 

PD: Hay mil y una formas de trabajar, pero hay cosas que creo que son imprescidibles para considerar que una forma de trabajar es buena.

PD2: "Este paciente me recuerda a..." y con eso ya tenemos arreglado el comernos el tarro haciendo pruebas y haciendo ejercicios, porque lo podemos tratar exactamente igual (modo ironía on).

PD3: Pocas veces soy categórico, pero creo que sin una falta de motivación por aprender de manera continua,  en esto de la neuropsicología no se llega muy lejos.

PD4: Entre ser complaciente y crítico con el trabajo que uno realiza... creo que se nota donde me quedo.

lunes, 25 de diciembre de 2017

La ciencia también es de ellas

Universidad de Sevilla. Aula de grados. Justo un año antes, en ese mismo aula yo había presentado mi tesis doctoral. Recuerdo que yo la presenté de pie, eligiendo mentalmente 4 baldosas como límite para moverme, y evitar así acabar paseándome por toda la sala como si se tratara de un concierto. Pero la doctoranda que defendía la tesis ese día lo hacía sentada. Con la calma de quien domina absolutamente el tema que presenta.

El tribunal estaba compuesto por tres mujeres y dos hombres. De las tres mujeres, a dos de ellas las conocía, y me constaba que son grandes investigadoras. Curiosamente, también conocía a los dos hombres que formaban parte del tribunal, uno de ellos, el gran Gabriel Ruíz, del que ya he hablado en este blog, profesor de historia de la psicología. Todos ellos miraban absortos el discurso de la doctoranda, regio, sintético. Una historia hilvanada de muchos años de investigación, en los que yo por suerte había estado presente (aún puedo oler el aroma a almendra que usamos para condicionar a nuestras ratas). No en vano, en algunas de las investigaciones que componían esa tesis, yo había participado. Fue una delicia. Pero más delicioso fue el momento en el que se levantaron los directores de la tesis doctoral para hablar de la doctoranda.

- Creo, y ella lo sabe - dijo uno de los directores, Juan Carlos López, que había desatado las risas del gran grupo de asistentes, cuando se le cayó al suelo el móvil tras levantarse - que después de esto sabe que está lista para dirigir su propio laboratorio -. No se si la doctoranda tuvo algún acceso de lágrimas, yo estuve a punto de soltarlas. El segundo directores de la tesis era otro grande, Gonzalo de la Casa, al que yo siempre defino como "el hombre que me permitió hacer ciencia". 

- Recuerdo que ella me preguntó en un congreso "¿Cómo logras juntar tantas ideas que parecen dispersas?" - decía Gonzalo, mientras parecía perder la vista en el horizonte, recordando alguno de los primeros congresos de la SEPC a los que asistimos - Bueno... ya lo sabes, lo acabas de hacer con esta tesis - terminó de decir. Se notó el impacto en la doctoranda de ese comentario, incluso me atrevería a decir que de todos los asistentes, pues yo estaba en primera fila y no podía verles. Era ese momento en el que los directores dicen las virtudes del doctorando. Yo no tuve esa suerte en mi día, pero si sentí esto como un pequeño logro, pues está doctoranda había crecido junto a mi.

Es 2017. No tiene más trascendencia. Pero, entonces, recordé una clase de historia de la psicología impartida por otra gran profesora de historia, Natividad Sánchez. Recordé como un día nos expuso lo difícil que fue para las mujeres el llegar a ser reconocidas en el mundo científico, a que se las permitiera participar, a que se les reconociera el mérito. Era impensable una mujer haciendo un doctorado. Supongo que, nos abrió los ojos a una realidad que se olvida. Lo difícil que era (y aún a veces es) ser mujer en la ciencia, y más concretamente, en la psicología.

Si investiga, tiene que ser un hombre

Hay un sesgo muy curioso en ciencia. Cuando cogemos un articulo científico, siempre tenemos los apellidos de los autores. Y casi siempre damos por hecho que son hombres. Suele ser frecuente oir la frase de "Anda, no sabía que era una mujer". Un sesgo como digo, pero que dice mucho de como se percibe a la mujer en la ciencia. Existen muchas grandes investigadoras, pero a veces se nos olvida.

Algo parecido le pasó a la primera protagonista de esta historia. Christine Ladd Franklin. Nacida en el año 1847, nuestra protagonista mostró un gran interés por estudiar. De hecho, comenzó a estudiar matemáticas, aunque por temas económicos, tuvo que dejar esos estudios. Eso no impidió que publicara en problemas matemáticos en una revista. Y por casualidad, fue descubierta por un gran matemático, James Joseph Sylberster. 

Crhistine Ladd, mujer pionera en la psicología.

Este matemático, aconsejó a la Ladd Franklin que solicitara el ingreso en la universidad Johns Hopkins. Y así lo hizo, firmando como C. Ladd, fue aceptada dado el currículum que tenía, sin embargo, nadie se esperaba que C. Ladd, fuera una mujer. Cuando se presentó, se denegó su acceso a la Universidad. Era impensable que una mujer fuera admitida por la Universidad. Aún asi, se le permitió asistir a las clases de Sylbester, aunque de oyente, y sin ningún papel oficial que lo atestiguara, por miedo a que otras mujeres pensaran que podían acceder a la universidad. Estoy hablando de poco mas de 100 años. 

Sylbester descubrió el potencial de Christine Ladd, y no dudó en animarla a seguir sus estudios, algo raro tal y como se consideraba a las mujeres en esa época.

Reunió todos los requisitos para obtener el doctorado por la Universidad J. Hopkins, pero este no se le dio hasta casi 40 años después. Durante ese tiempo conoció a Von Helmholtz, que también influyó sobre su carrera, llegando a desarrollar una teoría propia de la percepción del color. Experta en áreas como la matemática, lógica y psicología, fue de las primeras mujeres en lograr entrar en la APA. No es de extrañar que su futura hija fuera una de las pioneras en lograr el sufragio universal.


Una doctora sin doctorado

Si difícil parece la historia de Christine Ladd, más complicada es aun la de Mary Whiton Calkins (me hace gracia que cuando pienso en este nombre, siempre es con la voz de Natividad, la profesora que me habló de ella por primera vez). Nació el 1863, por lo que se enfrentó a todos los prejuicios que sobre las mujeres había a finales del siglo XIX. En esa época ya existían un College de mujeres, Wellesley, ya que las grandes universidades se negaban a contratar o dejar estudiar a mujeres. Fue en este College donde salió una plaza de profesora de psicología experimental en 1890, pero para ello necesitaba una formación en psicología que solo podía adquirir en Harvard o Clark , ya que tenían sus propios laboratorios de psicología experimental.

La señora Whiton Calkins, que sin duda era una inteligencia privilegiada de su época. Y su época no estaba preparada para ella.

Para esa época, también Harvard tenía una pequeña adaptación para responder a las peticiones de mujeres que querían estudiar, el anexo, dónde podían estudiar aunque sin recibir el reconocimiento oficial de tener estudios en Harvard, y no hablemos ya de tener las mismas oportunidades que un hombre. Sin embargo, entre el profesorado de la señora Whiton Calkins comenzó a surgir la petición de que ella fuera aceptada en un programa de doctorado como tal. Uno de sus valedores fue un tal William James. Pero Harvard lo más que aceptó fue que acudiera como oyente, similar a lo que le pasó a Ladd Franklin en Hopkins.

William James. Un adelantado a su tiempo también, y que como dijo cierto profesor de cierto módulo del máster en el que estoy "un tío que parece que todo lo que conocemos lo dijo antes". Por adelantarse, se adelantó hasta en el apoyo del acceso de una mujer al doctorado.

Ya con su laboratorio montado en Wellesley, la llegada de Hugo Münsterberg a Harvad la incitó de nuevo a volver a esta universidad, y de nuevo fue como oyente, nada oficial, al ser la mujer inferior. Lo curioso es que el propio Münsterberg solicitó que se le concediera la opción de optar al título de doctora, pero la universidad se lo denegó tajantemente. Era un absurdo que una mujer pudiera ser doctora en psicología.

Münsterberg, figura de la época. No se, supongo que a efecto prácticos, su llegada a Harvard debió ser como la llegada de Javier Tirapu al máster de Córdoba. Todos deseando ser alumnos suyos.

En secreto, un tribunal entre los que estaban Wiliam James o el propio Münsterberg evaluó su tesis doctoral y aprobó la misma. Aún así, pese a las peticiones reiteradas, ese título no le fue concedido. Whiton Calkins nunca sería doctora. Su carrera continuó, e incluso llegó a ser presidenta de la APA (1905), conforme avanzaba el reconocimiento de que una mujer podía perfectamente investigar y ser psicóloga. Hizo avances como una técnica experimental que a todos nos suena, la de pares asociados. Pero Harvard la dejó morir sin reconocer su doctorado. Fue, en 1963 cuando se le reconoció dicho título. Póstumo. Una vergüenza.

La falsa medida de la mujer

Habría que preguntarse por qué ocurrían estas cosas. Echando la vista hacia atrás, la mujer era considerada un ser inferior a nivel intelectual y era algo más que extendido y "científicamente" demostrado. Un ejemplo lo tenemos en una de las obras más importantes para la humanidad, como es el origen de las especies, de Charles Darwin: 

"La diferencia principal en la capacidad intelectual de los dos sexos queda demostrada en los logros que los hombres alcanzan en cualquier cosa que realicen, de mayor nivel de lo que puedan hacerlo las mujeres – da igual que se necesite un pensamiento profundo, la razón, o la imaginación, o simplemente el uso de los sentidos y las manos… el promedio de inteligencia en el hombre debe estar por encima del de la mujer…"


Es complicado de entender desde nuestro prisma actual. Hoy en día, las ideas sobre la mujer de Darwin sería tachadas de misóginas, sexistas y de poco lógicas. En su época, eran la idea imperante. Tal vez no se le pueda juzgar desde nuestro punto de vista actual, pero si decir con claridad, que en ese punto, se equivocaba.


Y ahí sale el término, inteligencia. Nuestro cerebro siempre busca clasificar y organizar el mundo de manera que la toma de decisiones siempre pueda ser lo más automática posible. Asistimos durante los últimos dos siglos a un importante interés por tratar de matematizar la realidad y matematizar a la persona, en cierto modo, para tener una clasificación que nos permitiera encontrar a personas más válidas o menos (los famosos test Alpha Beta del ejercito). Y en este contexto, el término inteligencia o el cociente intelectual, fue una de las maneras de hacerlo.

Por desgracia, este tipo de términos mal usados (y esa es la clave) pueden desembocar en este tipo de injusticias históricas. Whiton Calkins cuestionó claramente esa idea de inteligencia inferior de esas mujeres, no solo con sus actos ( y vida), sino considerando que el propio ambiente, la educación y otros factores culturales hacían casi imposible diferenciar una inteligencia inferior por parte de la mujer. Sin embargo, con un fundamento que se consideraba sólido, científico y ampliamente demostrado, la mujer se consideró inferior, y las instituciones negaron su acceso a estudios, a la investigación y a prácticamente toda la vida cultural, hasta hace bien poco. Y aún sigue habiendo restos de ese tipo de prejuicios. Aún también se siguen esgrimiendo ciertos conceptos de manera categórica y puramente cuantitativa para tomar ciertas decisiones. 

Baste con ver como en esa época, era normal y aceptada esta discriminación a las mujeres, como para pensarnos que tal vez cosas que consideramos normales y aceptadas científicamente a día de hoy, tal vez mañana no lo sean. Supongo que en neuropsicología, este tipo de cosas deberían tenerse muy presentes, por lo poco que sabemos del cerebro hoy en día. No está la cosa para ser categóricos. No está la cosa para pensar que sólo hay una forma de hacer las cosas.

PD: Y así, el doctorado de mi amiga cobra aún más relevancia, no solo por lo impresionante de su tesis, por el reconocimiento de sus directores y compañeros, sino también porque es muestra de un logro importante para las mujeres, que costó mucho conquistar. Es la heredera de Ladd Franklin, de Whiton Calkins y de otras muchas mujeres que lucharon por poder acceder al mundo científico. Solo queda darle la enhorabuena.

PD2: Creo que Natividad Sánchez contaría mejor esta historia, me he dejado a otras grandes mujeres como Margaret Floy Washburn, o la historia de María Skłodowska (Curie para el gran público). Creo que no debemos olvidar ese tipo de injusticias pasadas, ya que tal vez nos ayuden a ver las que están ocurriendo hoy en día.

PD3: Estoy liado con la "falsa medida del hombre" de Jay Gould, supongo que voy a atizarle unos cuantos días a eso de la inteligencia... o no...

PD4: Tómese también como pequeño homenaje al departamento de psicología experimental de la universidad de Sevilla, y de manera concreta al LAB&N de la facultad de psicología. Van de éxito en éxito. Aquí los tenéis:

Algunos de los personajes de esta historia, están en esta foto