sábado, 7 de octubre de 2017

Neuro-belleza

- Hay algo que no entiendo - le dije a mi compañera, casi sin venir a cuento, cortando, como suelo hacer, una conversación y cambiando de tema de manera radical. Cosas de que mi cabeza vaya a la velocidad que va.
- ¿El qué? - me preguntó ella abriendo de manera expresiva los ojos, obviando el corte de tema.

- No se, tengo unos ojos bonitos, unos labios bonitos, una nariz bonita... pero no soy el prototipo de diríamos "guapo" - le dije con la misma sinceridad con la que un niño de 5 años hablaría en el patio de un colegio, sin pensar en si lo que decía era ofensivo o no para uno mismo. Ella se quedó pensativa. Seguí dándole vueltas al tema.

- No se, es como si, aunque todas las partes fueran bonitas, la suma no lo fuera... como que algo falla - Y ella rompió a reír. Era evidente que siempre se hablaba de esa idea de que "el todo, es más que la suma de sus partes" y yo acababa de decir justamente lo contrario. Sumando las partes, teníamos menos.

 Tras varias bromas haciendo referencia a como uno podía colocar elementos preciosos en un Mr. Potato y ese siempre sería feo... me quedó una cuestión que durante tiempo me ha dado vueltas a la cabeza. ¿Qué hace que algo sea bello?. Claro, siendo este blog, ya anticiparéis que voy a tratar de responder más bien a esta pregunta ¿Qué le parece bello al cerebro? y sobretodo ¿Por qué le parece bello?.

Pues si, boca perfecta, orejas simétricas, ojos bonitos... pero nada, lo pones y de ahí no sale belleza. O no la que evolutivamente creemos que debe ser. 

Lo que no sabía que me iba a gustar

Supongo que a todos nos pasa. De repente, una persona aparece y nos gusta. No queda muy claro el motivo, ni porque esa persona es especial o diferente a las demás, pero pasa. El mito del que se habla es que esa atracción aparece tras pocas décimas de segundo al conocer a esa persona. No es novedad que hable de nuevo de toda la maquinaria inconsciente que hay debajo de esa "decisión" de que alguien o algo nos gusta. La idea es que estamos expuestos a una gran cantidad de informaciones que captan nuestros sentidos, pero no todas se hacen conscientes. Aportan su granito de arena a la "decisión", pero a duras penas podemos saber cuanto y de que manera lo aportan. Simplemente, se decide, o se siente, o lo que sea.

Amor a primera vista. Esa idea de que hay gente que te atrae en casi décimas de segundo porque reúne una serie de características predefinidas que a veces uno no es capaz de verbalizar o ser consciente de que son esas y no otras.

En este sentido, similar a como decía en el caso anterior a la hora de como el cerebro jugaba una partida inconsciente para definir la propia personalidad, esto mismo parece ocurrir a la hora decidir eso que llamamos belleza. Y hay muchos ejemplos interesantes que podemos leer. De manera implícita, tendemos a considerarnos buenos, y por extensión, las cosas que se parecen a nosotros, nos gustan. Es lo que David Eaglemann define como "egocentrismo implícito" y que ilustra con una estadística curiosa: De manera que no puede explicarse por azar, ya que ocurre con mucha frecuencia, las personas que se casan suelen tener la misma inicial en sus nombres (Ana y Antonio, Maria y Manuel...). 

Al margen de esto, que no puede ser una curiosidad, hay otros detalles de ese procesamiento implicito de la belleza que nos pueden parecer curiosos. Se realizó un estudio en su día presentando fotos de mujeres a diferentes hombres para que las calificaran en función de su belleza. Lo que no sabían los sujetos es que la mitad de las fotos eran de mujeres con las pupilas dilatadas  y la otra mitad con ellas en un estado normal. Curiosamente, se tendía a puntuar como más bellas a las de pupilas dilatadas. Tal vez por ese detalle de que en el éxtasis sexual hay una dilatación de las pupilas. Pero de nuevo, un dato estadístico. O el famoso ejemplo de las bailarinas de un show que, casualmente, recibían más dinero de media de los clientes los días que estaban ovulando (en su periodo fértil) que los días que no. Otra estadística... o una percepción inconsciente que guía la conducta, quien sabe..

Tal vez sean detalles como los que comenta Ramachandran cuando dice que las mujeres rubias y de piel blanca, atraen más que las morenas y de piel oscura, porque al margen de su fertilidad, resulta más fácil detectar que una persona está enferma cuando tiene la piel clara que cuando la tiene oscura. Es evidente que alguien enfermo puede tener menos tiempo de vida y por tanto, menos tiempo para reproducirse. Todo parece indicar, de nuevo como dice Eaglemman, que la conciencia "no está invitada la fiesta", incluso que a veces estorba. Los que jugamos a videojuegos lo sabemos también cuando nos ponemos a pensar en otra cosa mientras jugamos  y de manera automática hacemos una partida perfecta hasta que volvemos y decimos "joder, que bien voy" y justo en ese momento, todo se tuerce.

Hay mucho de procesamiento implícito en decidir cuando alguien nos gusta. Y se dice que eso responde a patrones culturales. Basta con ver a las Tres Gracias de Rubens y a las modelos de Victoria Secret. Nada que ver unas con otras, ideales de belleza en su momento... Pero ¿seguro que es cultural nada más?.

Está clara la diferencia que hay de unas época a otras en lo que se considera como bello o estereotipo de belleza (que no todos tenemos que coincidir). Pero la pregunta va más allá, ¿Hay algo  más que la cutlura en como atribuimos esa belleza?.  (PD: también es una excusa para meter carne en el post, concretamente en la foto de la izquierda, que en la derecha hay poca).


Una inquietante, y simétrica, cara preciosa.

No se trata ya de decir que es algo inconsciente, sino de pensar más bien que cosas captamos inconscientemente que nos hacen sentirnos atraídos. Al margen de las copas que uno pueda llevar encima una noche cualquiera, que relajan bastante los criterios de decisión (dicho en el argot común "le entras a todo lo que se mueve"). Lo cierto es que resulta interesante pararse a pensar que criterios son los que hacen que alguien sea bello para nuestro cerebro.

Y para ello, puede resultar interesante hacer algo de ingeniería inversa, es decir, más que fijarnos en lo que nos gusta ahora mismo y analizar, fijarnos en como eso ha llegado a ser lo que nos gusta. Anjan Chatterjee en una interesante charla TED nos comenta tres posibles rasgos por los cuales alguien puede resultar bello. Y aquí hay que hablar de algunos personajes interesantes.

El primero de esos personajes es Sir Francis Galton. Galton era primo ni más ni menos que de Charles Darwin (me hubiera encantado de ir a una cena de navidad de su familia), y una de esas personas que se podían calificar como polímatas. Era bastante amante de la estadística y fundó un laboratorio antropométrico en el que tomo muchas medidas de muchas personas para establecer los parámetros del ser humano, no en vano, fue uno de los pioneros en utilizar los términos "media" y "correlación" que tanto odian los alumnos de TFM. Y entre sus ideas, pasó la de encontrar el rostro prototípico del asesino (mucho más adelante se habló de la trisomía XXY. Siempre nuestro cerebro querrá establecer patrones). Pero cuando empezó a superponer caras de asesinos convictos, el resultado fue inquietante. Salió un rostro muy bello (no se si tanto como el de Dorian Gray). Y eso Anjan Chatterjee lo interpreta como uno de los primeros detalles que hacen a alguien bello: La tendencia a la media. La idea de que esos rasgos medios son los que se han seleccionado durante la evolución como bellos, más se han podido reproducir y por tanto, perpetuar en la especie. Por tanto, la tendencia a la media, es belleza.

Ejemplo de rostros que Galton superponía, y que resultaba ser mucho más bello (o menos feo) que los originales por separado (Extraído de aquí)


El segundo de esos personajes es Maksymilian Faktorowicz. ¿ No os suena?. Estoy seguro de que si en cuanto terminéis este párrafo. Este empresario e inventor Polaco nacido a finales del sigo XIX inventó un maravilloso casco para medir la simetría del rostro. Con este casco, detectaba diferentes asimetrías en las caras y vendía remedios para solucionarlas. ¿Por qué motivo?. Pues porque la asimetría era considerada como un defecto, como algo no bello. Y esa es la idea, de hecho, muchas enfermedades son fácilmente detectables por generar una asimetria en el rostro u otras partes del cuerpo. Y, como os decía este señor os suena, porque sus remedios para reducir la asimetría desembocaron en una marca bien conocida: Max(imilian) Factor(owicz), de maquillaje. Por tanto, la simetría sería belleza.

Y ahí tenéis el casco con el que Max Factor empezó a detectar las necesidades de corrección de un rosto para hacerlo más bonito. Es decir, si en esa época hubiera habido Corte Inglés, las maquilladoras os huiberan puesto un casco así y os hubieran dicho "échate este colorete" o un "te hace falta una sombra de ojos".


El tercer punto que nos comenta Anjan es el tema hormonal y físico. Por ejemplo, en el caso de las mujeres, tener rasgos de juventud (fertilidad), pero no demasiada para ya poder concebir, resultan atractivos a los hombres. Es decir, una cara con ojos grandes y labios carnosos (juventud) pero con pómulos marcados (adultez) resulta muy atractiva. Por otro lado, la testosterona provoca rasgos masculinos atractivos, como una mandíbula prominente y cuadrara (a lo que añado, que "animalmente" una mandíbula así sería signo de un mordisco más potente). Más testosterona y progesterona, más belleza. Pero como decía, estamos analizando todo desde una perspectiva de la ingeniería inversa. No se trata solo de que inconscientemente ciertos atributos planteen ventajas, sino que también adaptativos para la especie.

"Yo estaba enamorada de ella, pero ella prefirió a un Norteño con la mandíbula cuadrada". Lo siento meñique, no se puede luchar contra la percepción inconsciente de la belleza.

Un Pavo real, un homo erectus y unos ganglios basales

El Pavo Real es un bicho bastante raro, o al menos, eso le pareció a Darwin. Esa cola, que tan magníficamente luce y que sirve para atraer a las hembras, no es precisamente de lo más adaptativa. Y es un ejemplo que se cita de manera frecuente cuando se quiere hacer ver que no todo es selección natural (tengo una característica que me facilita la supervivencia), sino también que hay una selección sexual. 

Cuando un atributo facilita la reproducción, este tiende a perpetuarse y, conforme pasan generaciones, termina por convertirse en la media y no en algo atípico, y como decíamos, la tendencia a la media puede ser considerada como belleza. Así que en cierto modo, lo que hoy se considera como bello, no es tanto lo que nosotros queremos que sea, sino más bien, algo que decidieron nuestros antepasados cuando actuaban buscando la perpetuación de la especie. Sino, podemos verlo de esta forma:

"la experiencia de la belleza es una de las formas que la evolución tiene para despertar y sostener el interés y la fascinación con el fin de alentarnos a tomar decisiones más adaptadas a la supervivencia"

Así, al menos lo define el filósofo Dennis Dutton. Y este tipo de ideas llevan a pensar que tal vez el que alguien o algo sea bello, no es solo un detalle curioso, sino una potente herramienta que ha llevado a nuestra especie a ser como es. Y en realidad, podemos pararnos a pensar un poco qué ocurre exactamente dentro del cerebro cuando vemos algo bello.

La cola del pavo real llama la atención de las hembras... pero también de los predadores, y hasta de la guardia civil si se despista. Es decir, no es precisamente que le permita evitar a los enemigos, pero es una característica que promueve que se reproduzca más, de ahí que se mantenga.


En este sentido, nuevamente Anjan Chatterjee nos comenta algunas estructuras cerebrales que participan en la decisión de lo que es bello o no, pero concretamente nos habla de como las áreas visuales se conectan con los centros del placer, para que estos se activen en cuando algo que se percibe como bello o atractivo los active. Incluso cuando no se está pendiente de ello, o analizando eso, simplemente de manera automática, ocurre, lo que es bello, nos da automáticamente placer, o más bien, nuestro cerebro nos indica que su cercanía y visión son placenteros. 


O sea que detrás de un "moza!, qué rica" emitido por un obrero, hay ciertos de años de evolución a nivel cerebral que le han indicado al señor en cuestión que esa hembra resulta adecuada para reproducirse y perpetuar la especie.

.Pero claro, aquí viene el problema. El mundo ha cambiado mucho y no tenemos esa presión por reproducirnos como especie, ya que hemos controlado el entorno, por lo que estos mecanismos ya no están tan adaptados al entorno como deberían y provocan reacciones que no son necesarias o no terminan de encajar. La primera, y que tal vez todos estamos hartos de oír, es lo bien que le va la vida a los guapos. Claro, si alguien atractivo se me pasa por el camino, activa mis centro del placer sin que yo me de cuenta, y eso se asocia automáticamente a que es algo bueno. Algo que hay que tratar bien. Y de ahí esa idea de que los guapos, son más simpáticos, más graciosos, más todo. Nuestro cerebro los mira sin escuchar lo que están diciendo, solo pensando "Tócame los ganglios basales otra vez, Sam". 

Por contra, precisamente, lo opuesto es precisamente esos rostros asimétricos, poco proporcionados, que se desvían de la media... como pasa con todos y cada uno de los villanos que salen en la mayoría de las películas. Una pequeña injusticia actual, que tenía su valor reproductivo, y que llevamos impreso en nuestro funcionamiento cerebral. Al final, si uno rebusca, parece encontrar explicación al por qué de las cosas. Pero me asalta otra duda. ¿Esto ocurre solo a nivel de la búsqueda de pareja o va más allá?

Hay muchas formas de representar a los malos en el cine, pero en la mayoría de los casos, las asimetrías y rostros desfigurados ayudan bastante a añadir sensación de maldad. Están asociados.


La bella cultura

El filósofo antes nombrado, Dennis Dutton también en una charla TED, planteaba la idea de que existen ciertas cosas (cuadros, libros... ) que gustan de manera generalizada a casi todos los seres humanos. Los ejemplos que pone son la noche estrellada de Van Gogh, Hamlet... con esa idea de que esas obras recogen ciertos atributos que se pueden considerar como bellos.

Volvemos a esa idea de que el concepto belleza, es un mecanismo para provocar un placer (vía estructuras cerebrales) que nos va a orientar hacia algo que resulta evolutivamente adecuado (hembra, en mi caso, fértil). ¿Cómo ha evolucionado eso hasta el punto de relacionarse con obras de arte u otros objetos culturales?. Ahí es donde Dutton da una vuelta interesante a este asunto.

En el primer caso, nos plantea el típico caso de un paisaje que nos pueda parecer bello. Y nos describe uno que coincide con el típico cuadro que todos los abuelos tienen en casa. Ese paisaje con un rio, un ciervo, varios arboles, como el que veis aquí abajo



En este caso. nos señala la idea de que el paisaje prototípico de los cuadros, que nos gusta, es uno donde hay ciertas ventajas adaptativas para la especie implicitas. Agua, necesaria, vegetación, que indica que hay vida y que puede por tanto encontrarse comida. Árboles, en especial los más curvados, que podrían treparse en caso de que predador nos atacara. Detalles, que según indica, hacen casi universal la preferencia por ese tipo de paisaje, casi se sea del país que se sea. Estas percepciones las llevamos grabadas en nosotros mismos como especie, aunque hoy en día no sea necesario trepar a árboles para huir de predadores.

Sin embargo, eso sigue sin explicar porque se llega a extender esa idea de belleza al arte o a los objetos, en tanto en cuanto no tengan una relación directa con la supervivencia. En ese punto, Dutton nos habla de algunas de las primeras herramientas empleadas por la humanidad en sus inicios, como son las puntas de las hachas realizadas con la técnica de lascas. Dutton considera estas herramientas como las primeras reales obras de arte, en especial por un detalle, las que estaban mejor hechas, más simétricas o con una forma adecuada, mostraban una mayor habilidad por parte del que las había realizado, una mayor inteligencia. Y algo así podría desprenderse también de las pinturas en las cuevas. Una forma indirecta de mostrar que ese espécimen era más flexible para adaptarse, y que sus crías así lo serían. Ahora lo juntamos todo.

Lo bello puede no ser lo mejor

Uniendo toda esta información se puede hacer una última reflexión. En principio, si nos atenemos a esa idea de que hay cosas y personas que hacen saltar nuestros mecanismos cerebrales del placer casi de forma automática, porque estamos predispuestos a detectar ciertas características que van a facilitar nuestra supervivencia como especie, parece que la decisión de lo que nos atrae no es tan "nuestra" como debería. Pero también hay que ser consciente (y nunca mejor dicho) de que esos mecanismos ancestrales pierden utilidad cuando el medio en el que vivimos ya no es tan azaroso y amenazante como antes. Por eso mismo, aunque uno pueda sentirse atraído por una habilidad procedimental (pongamos, la de bailar por ejemplo), o por unas características físicas (mandíbulas, cuerpo definido, juventud), lo cierto es que esas habilidades tal vez no sean las que nuestra realidad demanda, sino la que nosotros como seres primitivos seguimos considerando útiles. 


Supongo que esté sería un paradigma de los atributos masculinos que tocan los ganglios basales de las mujeres. Además del tema físico, resulta tener una habilidad en el baile tremenda. ¿Por qué no se han roto todos los matrimonios de este mundo por culpa de que existan hombres así contra lo que no se puede competir?...


En este sentido, mientras que gracias a este mecanismo hemos desarrollado la capacidad de emocionarnos o sentir placer observando una obra de arte, lo cual podría provenir de forma indirecta de ese "algo bien hecho, está hecho por alguien hábil, sintamos placer para atarnos a esa persona", por otro lado, hemos creado una serie de estereotipos y atribuciones totalmente alejadas de lo que nuestra realidad demanda, y siguiendo esa máxima que muchas veces se prefiere ignorar, de que el cerebro decide por nosotros en base a mecanismos de procesamiento inconsciente. Pero, no debe tomarse esto como excusa para justificar cualquier conducta, ya que lo cierto es que tenemos ciertos mecanismos más nuevos evolutivamente para adaptar esas "tendencias de instinto" a otra realidad importante: La vida en sociedad y la vida cultural. Es decir, que, aunque hay una base de predefininción evolutiva en lo que nos atrae o no, aún podemos decir que tenemos control sobre si vamos a por ello o no apelando al lóbulo frontal. Si a uno le apetece usarlo.

Pero tampoco os preocupéis si llegáis a esa situación donde los inconscientes mecanismos os dominan. Vuestro cerebro y la maravillosa disonancia cognitiva os contaran la historia de manera que parecerá que todo era una decisión sin otra salida, eliminando lo que os contradice, y maximizando lo que os dan la razón, haciendo la vida más "bella".


PD: Que podamos ponerle palabras a nuestros actos, no significa que realmente seamos conscientes de como hemos llegado a la decisión de hacerlo.

PD2: La vida está llena de cosas bellas, pero curiosamente y citando El principito, las más bellas son invisibles a los ojos o... a nuestro foco de conciencia diría yo, porque se detectan de manera inconsciente.

PD3: Y todo empezó porque algo no cuadraba en mi cara....

jueves, 21 de septiembre de 2017

¿Y si me liberas de mi? (Yo, yo mismo y mi cerebro)

Julian Baggini, Filosofo y doctor por la Universidad de Londres, ha estudiado durante muchos años la personalidad. Casi todos los que hemos estudiado psicología de la personalidad, conocemos la teoría de los Big Five. Esas 5 grades dimensiones para tratar de encuadrar nuestra personalidad. ¿Recordáis cuando comentaba que el cerebro trata de crear patrones para poder clasificar el mundo?. Es una forma de facilitar (y automatizar) la toma de decisiones. Si puedo prever lo que va a ocurrir, me será más fácil actuar (prejuicios, supongo). Y también se hace eso con nosotros mismos. Tratamos de poder definirnos, con un cierto grado de estabilidad. Y aún así, dudamos de como somos. 

Pero Julian Baggini, estudioso de este tema, plantea una pregunta, cuanto menos inquietante. ¿Soy realmente yo?. Hay muchos indicios que hacen pensar que realmente el uno "mismo", es una construcción, bastante resistente a la información de exterior. Hay muchos indicios que indican que cuando tomamos una decisión, realmente le damos un sentido a una decisión que ya está tomada de antemano. No por un ser externo, evidentemente, sino por nuestro propio cerebro. Hay unos cuantos datos que habría que tratar de tener en cuenta cuando pensamos en nuestra toma de decisiones. Y nuestras decisiones son en cierto modo lo que configura nuestra personalidad, y lo que pensamos de nosotros mismos. Y es raro que queramos pensar mal de nosotros mismos. Bien, vamos a analizar quienes somos.

Soy realmente yo... 

Nunca podremos cruzar dos veces el mismo río. Pues ni el río ni el hombre que lo cruzan serán iguales. Como burda traducción, esto es lo que planteaba Heráclito en la antigua Grecia. Pese a eso, el río sigue siendo un río, y el hombre sigue siendo un hombre. 

Karl Konread Koreander, librero que le da la "historia interminable" a Bastían, en la obra de Michael Ende, dice cuando le entrega la segunda vez esta obra, ante la atónita mirada del protagonista una frase curiosa "¿Nunca has probado a leer dos veces el mismo libro? Los libros cambian". Lejos de ser una frase para hilar una segunda película, lo cierto es que cuando yo leí el error de descartes de Antonio Damasio el libro no era exactamente igual que cuando lo leí varios años después por segunda vez. ¿Había cambiado le libro o había cambiado yo?.

La historia interminable. Aunque podría ser el título de un libro sobre  la acreditación en neuropsicología (este chiste puede valer pa 30 años, por eso lo pongo), la verdad que nuestro cerebro no está muy preparado para entender cosas que no tienen un principio y un fin.

Lo cierto es que tratamos de darle una estabilidad a nuestro yo. Buscamos una esencia, y de hecho, queremos definirla y comprobar que es así (¿Cuantos test hemos hecho por Facebook para ver cómo somos? ¿Necesitamos que nos lo digan?). Pero realmente, esa estabilidad es un poco una ilusión. Y no nos gusta desmontarla. El cerebro no es muy amante de las cosas que le contradicen algo que ya está asentado. De hecho, le suelen provocar pánico. Y un poco eso es lo que comenta Baggini en está charla TED. Su idea es que pensamos que tenemos una esencia inamovible, y que de hecho, somos como somos y es lo que hay. Sin embargo, de forma relativamente inspiradora termina su charla diciendo que tal vez no tengamos que descubrir nuestro propio yo, sino crearlo. Pero para eso hay que mirar, claro está. Si el yo (llamadme miope corticoncentrista) está en el cerebro... ¿el cerebro no cambia con cada experiencia que tenemos?. (os dejo el silogismo a vosotros...). Vale, vamos a criticar esa supuesta esencia que tenemos todos.

Yo soy yo... y mi circunstancia

Citando al gran Ortega y Gasset, realmente la personalidad no depende solo de uno mismo. Brian Little, otro estudioso de la personalidad, comenta que existe la teoría de los rasgos (y rasgo suena muy Hard, muy estructural), pero que tal vez no solo seamos eso.

Podemos ser tal vez personas introvertidas, con comportamientos introvertidos y cumpliendo todos esos baremos, pero la situación puede hacer que en ocasiones seamos justamente lo contrario. En su teoría del rasgo libre, y enfocándolo en su persona, el Dr. Little nos indica que a veces, la motivación puede hacer que salgamos de ese redil estructural que consideramos personalidad para ser diferentes. Él, extremadamente introvertido, se vuelve extrovertido cuando tiene que enseñar a sus alumnos, porque es así como logra su objetivo. Pensad en ese típico extrovertido que de repente se enamora locamente y se queda sin palabras y se vuelve totalmente tímido ante esa persona que le atrae...Buscar esencia y cimientos en una estructura dinámica como el cerebro puede ser más una ilusión de paz para uno mismo que una realidad. Pero por favor, no le digamos a nuestro cerebro que no hay nada estable. Se volvería loco buscando estabilidad o... eliminaría lo que la amenaza, ¿no?.

Aspiro a dar algún día un seminario como la charla TED de este hombre. Científico, pero desternillante. Y no, que nadie me proponga hacer monólogos de ciencia, que yo no tengo gracia alguna (es mi cerebro).

Desde dos hemisferios.

Gazzaniga es posiblemente uno de los mayores expertos en estudiar las diferencias entre los dos hemisferios. Dos hemisferios que tienen cierta especialización a la hora de procesar ciertas informaciones (eso lo obtenemos principalmente de los diferentes daños que puedan afectar a uno o a otro). Pero conectados y acompasados. Sincronizados. 

Si bien, la expresión cuerpo calloso se ha empleado en discotecas por alumnos de primero de psicología para referirse a personas que no destacan por su atractivo físico, su importancia en el funcionamiento del cerebro es fundamental al integrar la información de ambos hemisferios. (le dice el hemisferio derecho al hemisferio izquierdo "tío, no me cuentes historias...").

Pero lo realmente curioso de los estudios de Gazzaniga es como llega a la conclusión de que cada hemisferio tiene una personalidad diferente. Como se comunica con cada uno de ellos en una serie de experimentos, e incluso llega a esa idea de que pueden coexistir pensamientos muy diferentes dentro de cada uno, pero el tirano hemisferio izquierdo, el contador de historia (el del lenguaje) decide como va a explicar todo y que es lo que si y lo que va a tener en cuenta. Pero, si tenemos una esencia...¿cómo puede ser que tengamos dos personalidades diferentes (hemisféricamente hablando) dentro del cerebro?... Eso contradice la idea de una esencia irreducitble en cada uno de nosotros. Bueno, pues hay quien dice que hay hasta más opiniones dentro de nosotros.

La lucha de contrarios

No puedo poner autor a esta frase, así que si alguien me lo puede decir en los comentarios, se lo agradezco. Reza así: Darwin nos liberó de Dios (teoría de la evolución) y Freud de nosotros mismos. Freud no es santo de mi devoción, pero si es verdad que habló del concepto inconsciente como causa de la mayoría de nuestras frustraciones. 

Y es cierto que gran parte del procesamiento de información que hacemos es inconsciente, fuera de nuestro foco atencional. Podría poner cientos de ejemplos documentados de como de manera inconsciente se nos "cuelan" informaciones que luego van a tener su peso en nuestras decisiones conscientes (con explicadas desde la consciencia). Como mucha gente que lee esto estuvo en el módulo de Javier Tirapu del máster de Itaca Formación, voy a tratar de no repetir sus ejemplos. ¿Sabéis que es más probable que se emparejen personas cuyo nombre empieza por la misma letra?. John Jones encontró que estadísticamente es más probable que sea así. ¿Sabéis como trabajan los sexadores de pollos y como diferencian un sexo de otro en apenas segundos?. Ni ellos parecen poder contarlo, de una forma totalmente procedimental logran captar la diferencia, pero no son capaces de enseñarlo. Se aprende con un entrenamiento extremadamente largo al lado de otra persona que ya es experta. No, no me he vuelto loco, son los ejemplos que pone David Eaglemann en el libro "incognito: las vidas secretas del cerebro" para definir lo que llama "cosquilleo del cerebro bajo la superficie de la conciencia". 

¿Qué os digo de Oliver Sacks?. Ah si, 10 años más de su obra, hubieran sido miles de personas más estimuladas para querer conocer como funciona el cerebro. Uno de sus libros se llamaba "despertares". No tiene nada que ver con como ha despertado el deseo de conocer el cerebro de tantas generaciones. Pero podría.

Concretamente, Oliver Sack, en el libro "El hombre que confundió a su mujer con un sombrero", nos habla de un caso de hiperosmia. Una persona que tras un ictus, comienza a percibir una cantidad exagerada de olores, casi uno para cada persona, para cada objeto de manera directa. En realidad, lo he escrito mal, no es percibir, es ser consciente de lo que percibe, pues nuestro olfato puede percibir un billón de olores. Supongo que cuando Javier Tirapu dijo que el olfato no pasaba por el tálamo podría estarse refiriendo a algo así. Percibimos mucho más que otros sentidos. Pero somos conscientes de mucho menos. ¿Alguien cree que estas percepciones inconscientes no tienen su pequeño peso en nuestras decisiones?.

Como decía Eaglemann en su libro, nuestra decisión final, la que consideramos nuestra, es la que proviene de muchos sistemas que, aportando diferentes informaciones, muchas de ellas inconscientes, se enfrentan entre ellos. Una pugna que finalmente gana uno de esos sistemas (o varios, a tanto no llega el autor) y que, nuestra parte más consciente y racional nos explica y nos hace como nuestra. ¿Nunca habéis conocido a alguien y al segundo habéis pensado que no os iba a caer bien?. Mmmm... entonces... ¿no decido yo?... o ¿todo eso soy yo?.

La fabulación (o la ley de cierre cognitiva...¿no?)

Dame una figura sin acabar, y mi cerebro le dará forma. Dadme una historia sin acabar... (os dejo de nuevo este silogismo para vosotros). El cerebro cuenta historias. Y el yo se puede ver como una historia, entiendo. Y cuando esa historia no cuadra, se modifica para que cuadre. Otra tanda de ejemplos.

La ley de cierre nos muestra que elementos independientes sueltos colocados de la forma adecuada se perciben como un todo por parte de nuestro cerebro dando formas que realmente no existen. En este caso podéis percibir perfectamente a Brad Pitt, pese a haber cortado la imagen magistralmente con photoshop. (¿Qué os esperabais? ¿La imagen del triangulito que pone todo dios?).

En concreto en el síndrome de Korsakoff, en el cual encontramos un problema importante de amnesia anterógrada, es decir, no que no podemos introducir nuevos recuerdos en nuestra historia, encontramos pacientes que tratan de darle forma a la realidad que viven sin ellos. Y para ello buscan explicaciones que hagan que les cuadren. No es intencional. No se lo quieren inventar, solo necesitan que cuadre. De nuevo vuelvo a Oliver Sacks y algunos ejemplos que pone en su amplia literatura (culpable de que mi cerebro sea como es, también), en la que este tipo de pacientes, inventan historias (se narran a si mismos) para que todo encaje. 

En el caso de los pacientes con alzheimer, cuando encontramos que un paciente con esta dificultad para añadir nueva información (o que ha perdido los últimos 20 años), vemos situaciones un tanto extrañas, como el hecho de que se confunda a una hija con una hermana. Mi idea, simplemente, si no han pasado esos 20 años (para mi cerebro), y no he tenido hijos en mis recuerdos, pero aparece una persona que despierta ciertas sensaciones hacia mi de familiaridad (recordemos que las estructuras emocionales son mucho más resistentes a la degeneración), la única explicación posible es que esa persona sea alguien de mi familia de hace 20 años, es decir, mi hermana. El cerebro, (nos) cuenta historias, y lo hace con la información que tenemos (hayamos perdido o no).

Estas ideas, sobre la falta de una esencia estructural de personalidad real (Baginni), la existencia de rasgos libres (Little), la cantidad de información inconsciente que participa en la toma de decisiones (Eaglemann) y la necesidad de darle forma a aquello con lo que contamos (Sacks), me lleva a una pequeña y curiosa conclusión: Somos libres de nosotros mismos. Pero no somos libres de nuestro cerebro. Y lo más interesante de esto: Nuestro cerebro puede modificarse (ojo, no es fácil). A lo mejor esto habría que decírselo a más de un paciente que, por daño cerebral, ha perdido el control sobre ciertas acciones y es consciente de ello. Le liberaría del mantra de "soy mala persona y tengo la culpa de todo" y le daría un camino diferente que sería "mi cerebro actúa de esta forma y tengo que enseñarle que esa no es la forma correcta". En un camino no hay nada que hacer, y en el otro, un yo completo que construir...

PD: Los que trabajamos con daño cerebral debemos transmitir al paciente y a la familia que en muchos casos no hay una intencionalidad manifiesta en sus conductas ("no se centra porque no quiere", "no habla porque no quiere"). Pero explicar que a veces no somos dueños de nosotros mismos es difícil, claro está.

PD2: Un ejercicio mental. El universo empezó con el Big Bang. Antes de eso, había un vacio eterno. Pensad en ese vacío eterno. ¿Que sentís?. Es imposible de concebir, ¿verdad?. Nuestro cerebro vive con parámetros de tiempo, todo tiene un inicio y un final. En mi humilde opinión hay muchas cosas que no podemos concebir. Como tal vez, no ser dueños de nosotros mismos a veces.

PD3: Eaglemann utiliza toda esta idea para plantear una polémica idea. Más que un encarcelamiento de 20 años, con una liberación posterior, pensando que el castigo vale para modificar la conducta, la idea sería calibrar esos sistemas que toman decisiones, para que sean los adecuados los que llevan la conducta de la persona que ha cometido un delito. Es decir, rehabilitarle cognitivamente. Es su idea, no mía.

PD4: He evitado la idea de la disonancia cognitiva. Pero ya sabemos que, cuando se trata de borrar cosas que se cargan nuestra historia, el cerebro es bastante bueno. No hay que ser frontal para ello (aunque lo hagan con absolutamente todo lo que les lleve la contraria). Solo basta con ser humano.

PD5: Si os dais cuenta, he basado la conclusión de cuatro o cinco informadores. Dentro de X años leeré esto y me diré  "¿cómo pudiste escribir semejante sandez?". El texto seguirá siendo el mismo, pero yo (mi cerebro) será diferente. Espero que con más información, claro está, que añadir para desmontar esto o afianzarlo. 

PD6: ¿Alguien realmente ha visto a Brad Pitt?. Eso pasa de fabulación a sugestión nivel dios.



martes, 19 de septiembre de 2017

Y seguimos intentando entender el cerebro

"Gracias por la modificación sináptica mutua". Así despedía una entrevista que había realizado al ponente del primer módulo del máster de Neuropsicología Básica y Aplicada que organizaba Ítaca Formación en Córdoba. Era más fácil decir "gracias por la magistral clase", o decir "gracias por ayudarnos a aprender", pero  Javier Tirapu llevaba 15 horas tratándonos de mostrar como funcionaba el cerebro, y parecía una buena opción terminar diciendo que había supuesto para nuestros cerebros ese seminario. Cambio. Porque el cerebro, siempre está cambiando. Y algunas personas nos lo cambian de forma más que duradera, como es el caso.

Lo difícil en estos casos es poder encajar lo que oímos a otros profesionales, que saben más que nosotros sobre estos temas, con nuestro modelo y concepción de lo que es el cerebro. Ese cambio en la forma de pensar, posiblemente también tenga su reflejo en nuestro propio cerebro, y nos obliga a actualizar algunas de las ideas que tenemos. Por ello, tras este módulo me veo obligado a cargarme algunas de las ideas que tenía, a actualizar otras y construir unas nuevas. ¿Qué por qué me interesa conocer el cerebro?. Porque hay una lección que se saca después de este módulo: Si conoces el cerebro y como funciona, sabrás como rehabilitarlo. Es difícil arreglar una radio si no entiendes que ese objeto, tenía como función reproducir música (por poner un ejemplo).

La tendencia al agrupamiento

Ya lo dije hace varios post. Tenemos una pulsión básica, sobrevivir, para podernos reproducir. Las emociones en su momento fueron una gran ayuda para esta supervivencia, y la cognición "superior" que se desarrolló después, otro gran paso para ello. Había otro detalle detrás de todo este proceso evolutivo que me llamaba la atención: La tendencia a agruparse. Pero tal como diría Darwin, esa idea mia tiene algunos vacíos. El primero: ¿cuando empezó está tendencia?.

Sin embargo, escuchando a Javier Tirapu conocí la historia de Lynn Margulis y su teoría, la endosimbiosis seriada. Lo que es lo mismo, de que manera se agruparon varias células procariotas para formar una célula eucariota, o sea, con núcleo. ¿Por qué lo hacían? Por motivos de supervivencia. Es más fácil sobrevivir si eres más complejo.

Lynn Margulis, otro nombre más que repetir hasta la saciedad solo por el reconocimiento que merece su teoría, y que fue, como suele pasar con las mujeres, enterrado por motivos sexistas.

Pero no esperemos que las células nos cuenten su historia y sus motivos. No tienen una memoria autobiográfica que empañe su conducta. Nosotros si. Y seguramente, por eso, tendemos a formar grupos, desde el primer día, por ejemplo cuando empezamos un máster. Si lo observamos, es fácil. Nos agrupamos. Prácticamente nadie se vuelve solo tras el primer día. Y en grupo, es más fácil sobrevivir a los módulos... por decirlo de alguna manera...

Dicho esto, la tendencia de las células es a agruparse y especializarse. Y casi como si fuéramos un calco, la de los seres humanos es igual. ¿Acaso no nos especializamos y hablamos idiomas diferentes según esa especialidad (que hable un neuropsicólogo con un ingeniero agrónomo usando tecnicismo...)?¿No tenemos, como pasa en el cuerpo, la tendencia a agruparnos en órganos de mayor complejidad (iba a decir colegios profesionales... pero no se si considerarlos útiles...)?. El concepto de memoria traslacional (necesito confirmar que sea exactamente este el término), explicado por Javier Tirapu, sirve para rellenar otro de los huecos de mis ideas. Cuando nos agrupamos, nos repartimos inconscientemente las cosas a memorizar para no perder recursos de esa nueva alianza ventajosa en que dos recuerden lo mismo, por ejemplo. 

Y evolucionamos igual que lo hizo el cuerpo.  De forma gradual como diría Darwin, pero con momentos de crisis, como plantearía S.Jay Gould con su equilibrio puntuado. Pero discrepo en que las crisis deban ser accidentes naturales, las crisis pueden ser también cambios drásticos como la aparición de ciertos descubrimientos, por ejemplo internet, que ha elevado la conectividad y su velocidad entre los seres humanos, como lo hace la mielina entre las neuronas. Internet sería algo así como la mielina de la comunicación entre los seres humanos, pero... no me debo de ir por aquí ahora. Ahora vamos a criticar a la propia evolución.

Apuntamos a S. Jay Gould como una persona a la que leer después de este módulo. Criticón con todo lo que salía escrito, pero parecer ser que con dotes para criticarlo de manera acertada.

¿Cuál es la mejor forma de adaptarme al medio?

Somos máquinas de adaptarnos al medio. Esa es la idea que siempre se desprende de nosotros. De hecho, insertamos hasta en nuestro código genético (instrucciones de desarrollo), información que nos ayuda a adaptarnos mejor al medio (epigenéticamente). Pero la mejor forma de adaptarse al medio no es modificarse uno mismo. La mejor forma de adaptarse al medio, puede ser modificar el propio medio.

Somos hijos de la tierra, o así decía Francisco Mora, y sus características nos han moldeado (ciclos de sueño calcados al ciclo de día y noche, por poner un ejemplo). Pero también somos hijos de como funciona nuestro cerebro (ahora que alguien se quede pensando si el cerebro no funciona así por la tierra en la que está...). Lo intento enforcar desde varios puntos (niveles) de vista (análisis).

Es casi de lógica, si el cerebro es una máquina de adaptarse, las características de la tierra serán las que lo pulan. Y esas características terminan por definir cosas tan arraigadas en nosotros como los ritmos circadianos, que cuestan bastante de modificar.


En un primer punto, la mejor forma de sobrevivir es prever. Si puedes adelantarte a un acontecimiento que va a tener lugar y que va a poner en peligro tu vida, tienes una ventaja tremenda. Y para prever es bueno tener una gran memoria. Y de hecho, es casi mejor, tenerla ahí en un segundo plano (pongamos inconsciente) mientras dedico todos mis recursos a otra cosa (buscar comida), a la espera de que una señal (por ejemplo un olor, una huella), llame mi atención, me avise de que cada vez que veo esa señal, aparece algún ser que me puede matar, olvidando eso de buscar comida y escapando por si las pulgas. 

Pero prever un entorno cambiante es muy difícil. ¿Y si el entorno cambiara menos?. Y eso es exactamente lo que terminó por hacer nuestro cerebro, amante de las normas y de las cosas estables para poder dedicarse a otra cosa. Crear entornos estables, ciudades, con sucesos predecibles (a costa de leyes que castigan al que se sale de ellos) y permitiendo que podamos estar en otra cosa para garantizar nuestra supervivencia. Esa es nuestra vida, ver algo que nos sabemos, machacarlo hasta automatizarlo,  y vuelta a empezar (dicen que cada hemisferio hace una cosa, pero para mi es el lóbulo frontal el que afronta la novedad y trabaja para automatizarla con el apoyo del resto del cerebro). De nuevo, por la supervivencia, solo que ahora la supervivencia es otra cosa. No nos morimos por cosas básicas (comer, por ejemplo), morimos de otra manera y de forma diferente. Morimos cuando dejamos de estar conectados. Explico esta otra idea. 

La soledad de una neurona, varias o de un sistema.

Volviendo a lo del primer punto, hay una pulsión por estar conectados. Desde los primeras células, que forma órganos hasta las personas, que forman sociedades y que ya veremos que forman en un futuro... simplemente, nos agrupamos para facilitarlo todo y además, lo necesitamos.

Cuando una neurona no recibe estimulación muere. Es decir, sinapsis que no se refueza, sinapsis que cada vez tiene menos poder, sinapsis que desaparece. Subimos de escala. Persona que no tiene círculo social. Persona que no recibe estimulación, persona que poco a poco va saliendo del tejido social. Persona que tiene más papeletas para morir rápido. ¿por qué?. Porque no hay mayor estimulación que pertenecer a un grupo (red) de personas (neuronal), y cuando no conectamos (sinapsis) con otras personas (neuronas) no recibimos información de ningún tipo (eléctrica o química) y cada vez resulta más difícil que recibamos esta estimulación, y nos sentimos poco útiles (depresión a largo plazo), y terminamos reduciendo nuestra actividad y somos más débiles ante cualquier daño cerebral. Es decir, lo mismo que le pasa a una persona en sociedad, tiende a pasarle a una neurona dentro del cerebro. ¿Somos acaso grandes neuronas?. 


No parece tan raro equiparar tejido neuronal con tejido social. Al menos, existen similitudes sobre el papel que tiene la estimulación que se recibe de otros componentes de esos tejidos, y la idea de que si no se recibe, es novio para uno mismo.


En realidad, la idea es fácil de entender. Estamos formados por células que tienen pulsión por unirse y especializarse. Normal que seamos iguales en nuestro preceptos, pero de manera cualitativamente diferente y con aspectos diferentes. Contamos con una memoria autobiográfica y con una concepción del yo, que en principio no poseen las neuronas. Un gran logro...¿o no?.

El problema de ser como somos... donde somos

Por desgracia, existen varios problemas, algunos señalados hábilmente por Tirapu durante el módulo. "Nuestro cerebro ancestral no está preparado para el mundo actual". Sin duda, algunos de los que ahora llamamos trastornos mentales, podrían perfectamente haber sido de actualidad en ese mundo cambiante en el que el cerebro debía desarrollarse (como decía, Javier Tirapu lo explica genial en cualquiera de sus ponencias), pero no en el mundo actual. La curiosidad de un TDAH, la hipervigilancia de un esquizofrénico, algunas obsesiones de los TOC, podrían servir para el grupo, pero una vez se han eliminado ciertos peligros al domesticar el medio (seguro que no aparece un león en medio de la Gran Vía...) no son útiles, y chocan con algunas normas establecidas para tener un medio más predecible... más esperable y que deje a nuestro cerebro, de nuevo, centrarse en otras cosas, como especializarse y cumplir su rol.

No es el único caso. Nada más hay que ver la dificultad que se tiene para perder peso, porque nuestro organismos sigue guardando reservas por si acaso al día siguiente no comemos. Y cuando no comemos un día, guarda más, por si acaso... Choca totalmente con lo que a veces nos demanda la sociedad (no estoy de acuerdo con ello, pero me hace gracia) y a nuestro organismo le da igual. Tiene sus normas.

Otro ejemplo, mas duro, es el de la memoria prospectiva y ciertos instintos básicos. Lo explica David Geary en el origen de la mente con bastante facilidad. Mientras que tenemos un instinto básico de supervivencia, y tenemos miedo (pánico, terror) de cualquier cosa que nos pueda matar, la memoria prospectiva, que surgió para evitar más fácilmente peligros, nos permite recordar una cosa continuamente: vamos a morir. Y no podemos escapar de eso. Es, bajo mi punto de vista, un choque de dos sistemas, orientados a lo mismo, que provoca una autentica tormenta en nuestro cerebro y que, en cierto modo, es el origen de muchos trastornos (por las emociones que suscita y la ansiedad que viene como respuesta, orden que me ha quedado claro tras el módulo). 


Interesantes las ideas que aporta este libro

Como diría, David Linden en el cerebro accidental, sería de cachondeo pensar que la evolución está guiada por una mano externa (creacionismo) cuando hay tantas cosillas que se mantienen pese  a ser poco útiles. Y todo esto viene porque hemos adaptado tanto el medio a nosotros y lo que queremos, que nuestro cerebro y cuerpo no ha sido capaz de seguir el ritmo que han llevado las cosas. Vivimos autenticas crisis (según el equilibrio puntuado) que modifican todo de un día para otros en cuestión de menos de un siglo. Y todo parece orientado a lo mismo. A mejorar nuestra conexión entre nosotros, a aprovechar mejor el tiempo que tenemos (que eso es la vida, nuestro tiempo). Si eso es como funciona el cerebro, como "piensa" esa máquina de pensar, no debemos olvidarlo. Ese esfuerzo también lo hizo Javier Tirapu al intentar relacionar sus ideas del funcionamiento del cerebro al tratamiento, o también Ramanchandran para llegar a la idea del espejo para tratar el miembro fantasma.

Y eso solo me hace pensar que, uno de los primeros objetivos que debe tener cualquier rehabilitación es enganchar al paciente a un tejido social que le estimule, que le haga sentirse útil. Y, estando en una sociedad que tiende a expulsar al que es diferente o al que está debilitado, es aún más difícil. Pero si ya parece costar rehabilitar un daño cerebral, no va a resultar nada fácil si por el camino se le está invitando a salir del mundo. No me cabe duda de que la plasticidad neuronal es cambiante según situaciones, edades y otros detalles. Y si, la rehabilitación se basa en está plasticidad, puede ser más útil en algunos momentos irse a un museo en compañía de gente que sumar una quinta sesión de rehabilitación esa semana. No lo olvidemos, no solo se pierde función cognitiva con el daño cerebral, sino también sin participación social. La participación social nos da la vida. De hecho, parece el origen de la vida tal y como la conocemos... ¿no?.

PD: Es un poco ladrillo este post. Pero después de escuchar 15 horas las reflexiones que una persona ha hecho sobre el cerebro y ha compartido con nosotros, es casi obligatorio reflexionar sobre ello y tratar de seguir sumando ideas.

PD2: conoce lo que reparas, joder!, a ver si vas a estar tratando de que una lavadora ande...

PD3: Brian Little lo decía: No somos extrovertidos o introvertidos. La motivación puede hacernos ser totalmente diferente a como somos. ¿Somos entonces como somos?. Esa duda siempre nos va a quedar ahí (preludio del siguiente post). 




sábado, 24 de junio de 2017

Quiero entender el cerebro (y solo el cerebro)

Estamos en el siglo del cerebro. Eso dicen. Y para corroborarlo, la cantidad de dinero que se ha ido poniendo sobre la mesa para poder investigar el mismo. El proyecto Brain de la administración Obama (que imagino que Trump suspenderá, visto que estudia algo que él no tiene) o el Human Brain Proyect en Europa son ejemplos de que hemos empezado una carrera tremenda para entender el cerebro. Como decía un antiguo profesor mio, "una carrera que terminará cuando podamos crear un cerebro". Sólo una vez replicado, podemos decir que lo entendemos.

En serio Barack. Te echo de menos. Le has puesto mucho cerebro al asunto en tu mandato (el chiste es malo, pero peor es el de la postdata, aviso).

Un físico muy relevante, Michio Kaku (El futuro de nuestra muente, 2014) comparó lo que el telescopio supuso para la astronomía con lo que la neuroimagen ha supuesto para el cerebro. Con el telescopio pudimos ver las estrellas, y empezamos a entender el espacio y ver muy, muy lejos. Con la neuroimagen hemos podido ver el cerebro funcionando (aunque queda mucho para interpretarlo todo)  y ha dejado de ser una caja negra. Y el mundo ha empezado a cerebralizarse. Muchas explicaciones que se daban antes sin el cerebro (me refiero en la explicación, no sin cerebro en la persona que explica), ahora se están re-explicando atendiendo a conocimientos del cerebro. Muchos diagnósticos se están neuropsicologizando, al ser tan poco específicos. Es lo que tiene la ciencia. Avanza para ser más explicativa (esa es la idea, ¿no?).

Ojo, que avanzar en ciertas carreteras no es precisamente ir en línea recta...

Y ese es el objetivo que algunos perseguimos. Entender el cerebro. Y en muchos casos el cerebro en la normalidad (no pocas veces he dicho que lo poco que se sobre neuropsicología infantil lo aprendí valorando niños sanos precisamente). Pero sin embargo, querer entender solamente el cerebro es el  primer error que cometemos. ¿Quieres entender el cerebro sin entender...

... como ha llegado el cerebro a ser cómo es?
Es casi como una búsqueda detectivesca. Ir mirando las huellas que no ha podido borrar el tiempo. Ir midiendo cráneos de diferentes especies para comprobar como el cerebro fue cambiando a lo largo de la evolución. Si el cerebro es como es hoy en día, es por su historia evolutiva. Algunos como David Linden (el cerebro accidental, 2010) dicen claramente que precisamente por eso el cerebro es una chapuza. Una chapuza porque tiene sistemas repetidos, como si dijéramos. Tres supuestos tipos de cerebro (reptiliano, emocional y el neocortex) que corresponden a la suma evolutiva del mismo, donde se han ido superponiendo cualidades. Tal vez por eso podemos decir algunas ideas como que nuestro cerebro toma decisiones antes de que seamos conscientes de ellas. Y que además tengamos esa manía de decir que "claramente la hemos tomado nosotros". Es difícil tratar de entender el cerebro sin entender su historia.




Y por eso Linden lo considera como una bola de helados. Superpuesto. Y en cierto modo chapucero. Funcionando muy bien para las cositas tan malas que arrastra de esta duplicación de sistemas.

Y se buscan causas del potencial que el cerebro humano ha tenido en comparación con otras especies. Motivos por los cuales ha podido alcanzar el desarrollo que tiene en nuestra especie. Por ejemplo, Susana Herculano (Charla TED) señala como algo tan poco intuitivo como la habilidad de cocinar puede haber hecho que tengamos el cerebro que tengamos. Esto es, cuando el ser humano empezó a cocinar, logro una serie de alimentos más fácilmente digeribles, dejando una energía sobrante que pudo aprovechar el cerebro para desarrollarse. No es vano, mientras que otras especies (como el chimpance) están masticando casi el 60% del día y deben comer cantidades increíbles de hojas y hierbas (creo recordar que casi cinco kilos diarios), nosotros nos alimentamos de forma más eficiente y rápida.  Claro que pare cocinar, se debían usar herramientas y para ello tener una cognición superior que también consumía más energía... ¿que fue antes? (literalmente extraído de una conversación de barra de bar).

Incluso puede ser relevante esa idea de porque tenemos cerebro. Que según indica Rodolfo Llinás (El cerebro y el mito del yo, 2003) se relaciona directamente con la movilidad. Dado que nos movemos, necesitamos un cerebro que organice ese movimiento (sino, podemos decírselo a la ascidiacea (tunicado) que tiene un protosistema nervioso central durante la primera parte de su vida donde se mueve, y que autodigiere cuando en la segunda parte de su vida, se ancla y deja de moverse). O podemos decir que tenemos un cerebro porque tenemos un cuerpo, como indica Damasio. Y su representación, para su control, es lo que hace necesario un sistema central que represente todo el cuerpo, y de ahí una teoría, la del marcador somático... que viene en otro punto

Os digo la verdad, nunca he visto una ascidiacea, pero se ve que en su periodo larvario tiene un tubo neural, se mueve y buscar su rinconcito. Cuando es adulto no lo tiene y no se mueve. Es el argumento que indica Llinás.

Es difícil saber toda la historia de cómo llegamos a tener un cerebro. Nuestra evolución esta plagada de posibles opciones que lo llevaron hasta lo que es hoy en día. Pero no bastaría solo con conocer eso. ¿Cómo vamos a entender el cerebro sin entender que...

...el cerebro cayó dentro de un mundo?
Y es que realmente nuestro cerebro depende del entorno. Cuando un bebe nace es, literalmente, pura potencialidad. Es decir, no está acabado. Es algo evidente. ¿qué necesita para estar "acabado"?. Un entorno que pula la gran cantidad de conexiones sinápticas que trae de serie. Lo que se conoce como poda sinaptica. Y quien lo pule es el mundo que le rodea, reforzando o eliminando aquellas conexiones que se usan o no. Pongamos ejemplos.

Supongo que la idea es esta. Se forma todo el entramado, excesivamente amplio, y luego lo pule el entorno para que eso maximice la posibilidad de una adaptación correcta al entorno.

Por ejemplo, en la comprensión auditiva de lenguaje, Patricia Kulh (charla TED) nos habla del motivo por el cual nos cuesta tanto entender otro idioma cuando somos mayores (la pronunciación), y es que el área de Wernicke, sobre los 8 meses empieza a seleccionar que amplitudes de onda son habituales y cuales no, se va amoldando a lo que oye, y eliminando lo que no. Si en ese momento, estas en un entorno con dos idiomas (pongamos chino y sueco), sus entonaciones y pronunciaciones formaran parte de tu cerebro. Al menos de manera diferente a si tienes que aprender el sueco con 30 años.

Caes dentro de un mundo con cultura, y esa cultura modifica el cerebro. Ojo, no estructuralemente (no se trata de que en una cultura haya o no lóbulo frontal, o lóbulo temporal), sino que lo que se modifica es el cableado. Es como cuando uno es taxista y resulta que tiene el hipocampo más grande (como dice Maguire) porque este se dedica moverse por la ciudad día a tras dia buscando rutas, y el hipocampo juega un papel en la memoria especial.

Pero no es solo la cultura, que es nuestra forma en cierto modo de transmitir lo que hemos aprendido (o del cerebro para no perder lo que el resto de generaciones aprendieron, quien sabe). Sino que dependemos del propio mundo. Francisco Mora habla en su libro "¿cómo funciona el cerebro?" (2005) de algo que puede pasar por una simple curiosidad: ¿Que pasaría con nuestro ciclo vigilia sueño si en vez en la tierra (24 horas en total) hubiéramos nacido neptuno (16,1 hora en total)?. Pues parece ser que sería diferente, nos habríamos adaptado a él. Eso se puede desprender precisamente de la rigidez que tenemos para cambiar ese ritmo (aunque nos metan en una cueva y traten de crear las condiciones de ese ciclo), ni en cuanto al sueño ni en cuanto a la temperatura propia (que suele ser más alta durante el día. Como decía Francisco Mora en el mismo libro "Somos hijos de la tierra y de su historia biológica". Nosotros y nuestro cerebro (si es podemos separar esos dos conceptos).

Bueno, toca dormir en la estación espacial internacional... ¿pero cuando? ¿pasará como en gran hermano que terminan más tiempo despiertos que de día?. En este contexto se intenta adaptar en el entorno a los ritmos circadianos terrestres.


El mundo social y físico dan forma a nuestro cerebro. Como decía, tal vez no a nivel estructural grande, pero si a nivel de conectividad y de funcionamiento. Pero tampoco es lo único. ¿Cómo puede querer entender el cerebro sin entender que...

...el cerebro esta dentro de un cuerpo?
Y es así, nuestro cuerpo es a quien representa ese cerebro en diferentes zonas, a quien vigila y cuyas funciones rige el mismo, en la mayor parte de los casos de forma inconsciente. Sin esos sistemas sensoriales que son los que mandan la información del exterior al propio cerebro, y que pueden enviar muchas informaciones diferentes (pregúntale a un daltónico) del mismo (supuesto) estímulo. 

pero sobretodo, no podemos entender el cerebro si nos quedamos solo con el mismo y su proceso de toma de decisiones. Al menos, eso es lo que indica Damasio cuando habla del marcador somático. Como nuestro cerebro se desarrolla junto con el cuerpo, y que sus sensaciones marcan las decisiones que son más adecuadas o no. Es difícil entender por tanto, un cerebro fuera de su cuerpo, pues sin el (al menos cuando la información no fluye) tiende a tomar decisiones muy desajustadas con el medio. 


Se habla mucho de que el trasplante de cabeza ya está aquí. Bien, si el cerebro es uno con el cuerpo y es como es con el cuerpo... ¿cómo le sentará que le pongan en otro cuerpo?. ¿Al carajo la función ejecutiva "hot"?. Si esto llega a ser posible algún día (que lo dudo bastante, sinceramente), será la primera pregunta que me haga.

Tal vez está sea una de esas bazas que obligan a considerar que es imposible considerar la mente como algo diferente del cuerpo (así lo indicaba en el error de descartes). Sino que es algo único. Unido al cuerpo. Unido al mundo en el que se desarrollo ese cuerpo. Y unido a su vez, a la historia que guió (de forma accidental) a ese cuerpo (y cerebro) hacía donde ha llegado a "ser".

Tal vez por eso será un tremendo error el título de este post. Porque para entender el cerebro. necesitamos entender muchas cosas más que el propio cerebro. No podemos reproducir el cerebro en una caja. Hay muchas más cosas. Y aquí que cada uno añada todas aquellas cosas que le parecen relevantes, pues hay muchas más de las que he escrito en este post. Por eso es tan difícil.


PD: Lo dicho, para entender el cerebro, y por extensión, la mente, necesitamos muchas disciplinas que avanzan a día de hoy por caminos paralelos.

PD2: ¿Qué hace una abeja en el gimnasio?.... Zumba. (así a bote pronto, por salir del tema, para que cuando volvamos a él, nos salgan solas las respuestas).