jueves, 21 de septiembre de 2017

¿Y si me liberas de mi? (Yo, yo mismo y mi cerebro)

Julian Baggini, Filosofo y doctor por la Universidad de Londres, ha estudiado durante muchos años la personalidad. Casi todos los que hemos estudiado psicología de la personalidad, conocemos la teoría de los Big Five. Esas 5 grades dimensiones para tratar de encuadrar nuestra personalidad. ¿Recordáis cuando comentaba que el cerebro trata de crear patrones para poder clasificar el mundo?. Es una forma de facilitar (y automatizar) la toma de decisiones. Si puedo prever lo que va a ocurrir, me será más fácil actuar (prejuicios, supongo). Y también se hace eso con nosotros mismos. Tratamos de poder definirnos, con un cierto grado de estabilidad. Y aún así, dudamos de como somos. 

Pero Julian Baggini, estudioso de este tema, plantea una pregunta, cuanto menos inquietante. ¿Soy realmente yo?. Hay muchos indicios que hacen pensar que realmente el uno "mismo", es una construcción, bastante resistente a la información de exterior. Hay muchos indicios que indican que cuando tomamos una decisión, realmente le damos un sentido a una decisión que ya está tomada de antemano. No por un ser externo, evidentemente, sino por nuestro propio cerebro. Hay unos cuantos datos que habría que tratar de tener en cuenta cuando pensamos en nuestra toma de decisiones. Y nuestras decisiones son en cierto modo lo que configura nuestra personalidad, y lo que pensamos de nosotros mismos. Y es raro que queramos pensar mal de nosotros mismos. Bien, vamos a analizar quienes somos.

Soy realmente yo... 

Nunca podremos cruzar dos veces el mismo río. Pues ni el río ni el hombre que lo cruzan serán iguales. Como burda traducción, esto es lo que planteaba Heráclito en la antigua Grecia. Pese a eso, el río sigue siendo un río, y el hombre sigue siendo un hombre. 

Karl Konread Koreander, librero que le da la "historia interminable" a Bastían, en la obra de Michael Ende, dice cuando le entrega la segunda vez esta obra, ante la atónita mirada del protagonista una frase curiosa "¿Nunca has probado a leer dos veces el mismo libro? Los libros cambian". Lejos de ser una frase para hilar una segunda película, lo cierto es que cuando yo leí el error de descartes de Antonio Damasio el libro no era exactamente igual que cuando lo leí varios años después por segunda vez. ¿Había cambiado le libro o había cambiado yo?.

La historia interminable. Aunque podría ser el título de un libro sobre  la acreditación en neuropsicología (este chiste puede valer pa 30 años, por eso lo pongo), la verdad que nuestro cerebro no está muy preparado para entender cosas que no tienen un principio y un fin.

Lo cierto es que tratamos de darle una estabilidad a nuestro yo. Buscamos una esencia, y de hecho, queremos definirla y comprobar que es así (¿Cuantos test hemos hecho por Facebook para ver cómo somos? ¿Necesitamos que nos lo digan?). Pero realmente, esa estabilidad es un poco una ilusión. Y no nos gusta desmontarla. El cerebro no es muy amante de las cosas que le contradicen algo que ya está asentado. De hecho, le suelen provocar pánico. Y un poco eso es lo que comenta Baggini en está charla TED. Su idea es que pensamos que tenemos una esencia inamovible, y que de hecho, somos como somos y es lo que hay. Sin embargo, de forma relativamente inspiradora termina su charla diciendo que tal vez no tengamos que descubrir nuestro propio yo, sino crearlo. Pero para eso hay que mirar, claro está. Si el yo (llamadme miope corticoncentrista) está en el cerebro... ¿el cerebro no cambia con cada experiencia que tenemos?. (os dejo el silogismo a vosotros...). Vale, vamos a criticar esa supuesta esencia que tenemos todos.

Yo soy yo... y mi circunstancia

Citando al gran Ortega y Gasset, realmente la personalidad no depende solo de uno mismo. Brian Little, otro estudioso de la personalidad, comenta que existe la teoría de los rasgos (y rasgo suena muy Hard, muy estructural), pero que tal vez no solo seamos eso.

Podemos ser tal vez personas introvertidas, con comportamientos introvertidos y cumpliendo todos esos baremos, pero la situación puede hacer que en ocasiones seamos justamente lo contrario. En su teoría del rasgo libre, y enfocándolo en su persona, el Dr. Little nos indica que a veces, la motivación puede hacer que salgamos de ese redil estructural que consideramos personalidad para ser diferentes. Él, extremadamente introvertido, se vuelve extrovertido cuando tiene que enseñar a sus alumnos, porque es así como logra su objetivo. Pensad en ese típico extrovertido que de repente se enamora locamente y se queda sin palabras y se vuelve totalmente tímido ante esa persona que le atrae...Buscar esencia y cimientos en una estructura dinámica como el cerebro puede ser más una ilusión de paz para uno mismo que una realidad. Pero por favor, no le digamos a nuestro cerebro que no hay nada estable. Se volvería loco buscando estabilidad o... eliminaría lo que la amenaza, ¿no?.

Aspiro a dar algún día un seminario como la charla TED de este hombre. Científico, pero desternillante. Y no, que nadie me proponga hacer monólogos de ciencia, que yo no tengo gracia alguna (es mi cerebro).

Desde dos hemisferios.

Gazzaniga es posiblemente uno de los mayores expertos en estudiar las diferencias entre los dos hemisferios. Dos hemisferios que tienen cierta especialización a la hora de procesar ciertas informaciones (eso lo obtenemos principalmente de los diferentes daños que puedan afectar a uno o a otro). Pero conectados y acompasados. Sincronizados. 

Si bien, la expresión cuerpo calloso se ha empleado en discotecas por alumnos de primero de psicología para referirse a personas que no destacan por su atractivo físico, su importancia en el funcionamiento del cerebro es fundamental al integrar la información de ambos hemisferios. (le dice el hemisferio derecho al hemisferio izquierdo "tío, no me cuentes historias...").

Pero lo realmente curioso de los estudios de Gazzaniga es como llega a la conclusión de que cada hemisferio tiene una personalidad diferente. Como se comunica con cada uno de ellos en una serie de experimentos, e incluso llega a esa idea de que pueden coexistir pensamientos muy diferentes dentro de cada uno, pero el tirano hemisferio izquierdo, el contador de historia (el del lenguaje) decide como va a explicar todo y que es lo que si y lo que va a tener en cuenta. Pero, si tenemos una esencia...¿cómo puede ser que tengamos dos personalidades diferentes (hemisféricamente hablando) dentro del cerebro?... Eso contradice la idea de una esencia irreducitble en cada uno de nosotros. Bueno, pues hay quien dice que hay hasta más opiniones dentro de nosotros.

La lucha de contrarios

No puedo poner autor a esta frase, así que si alguien me lo puede decir en los comentarios, se lo agradezco. Reza así: Darwin nos liberó de Dios (teoría de la evolución) y Freud de nosotros mismos. Freud no es santo de mi devoción, pero si es verdad que habló del concepto inconsciente como causa de la mayoría de nuestras frustraciones. 

Y es cierto que gran parte del procesamiento de información que hacemos es inconsciente, fuera de nuestro foco atencional. Podría poner cientos de ejemplos documentados de como de manera inconsciente se nos "cuelan" informaciones que luego van a tener su peso en nuestras decisiones conscientes (con explicadas desde la consciencia). Como mucha gente que lee esto estuvo en el módulo de Javier Tirapu del máster de Itaca Formación, voy a tratar de no repetir sus ejemplos. ¿Sabéis que es más probable que se emparejen personas cuyo nombre empieza por la misma letra?. John Jones encontró que estadísticamente es más probable que sea así. ¿Sabéis como trabajan los sexadores de pollos y como diferencian un sexo de otro en apenas segundos?. Ni ellos parecen poder contarlo, de una forma totalmente procedimental logran captar la diferencia, pero no son capaces de enseñarlo. Se aprende con un entrenamiento extremadamente largo al lado de otra persona que ya es experta. No, no me he vuelto loco, son los ejemplos que pone David Eaglemann en el libro "incognito: las vidas secretas del cerebro" para definir lo que llama "cosquilleo del cerebro bajo la superficie de la conciencia". 

¿Qué os digo de Oliver Sacks?. Ah si, 10 años más de su obra, hubieran sido miles de personas más estimuladas para querer conocer como funciona el cerebro. Uno de sus libros se llamaba "despertares". No tiene nada que ver con como ha despertado el deseo de conocer el cerebro de tantas generaciones. Pero podría.

Concretamente, Oliver Sack, en el libro "El hombre que confundió a su mujer con un sombrero", nos habla de un caso de hiperosmia. Una persona que tras un ictus, comienza a percibir una cantidad exagerada de olores, casi uno para cada persona, para cada objeto de manera directa. En realidad, lo he escrito mal, no es percibir, es ser consciente de lo que percibe, pues nuestro olfato puede percibir un billón de olores. Supongo que cuando Javier Tirapu dijo que el olfato no pasaba por el tálamo podría estarse refiriendo a algo así. Percibimos mucho más que otros sentidos. Pero somos conscientes de mucho menos. ¿Alguien cree que estas percepciones inconscientes no tienen su pequeño peso en nuestras decisiones?.

Como decía Eaglemann en su libro, nuestra decisión final, la que consideramos nuestra, es la que proviene de muchos sistemas que, aportando diferentes informaciones, muchas de ellas inconscientes, se enfrentan entre ellos. Una pugna que finalmente gana uno de esos sistemas (o varios, a tanto no llega el autor) y que, nuestra parte más consciente y racional nos explica y nos hace como nuestra. ¿Nunca habéis conocido a alguien y al segundo habéis pensado que no os iba a caer bien?. Mmmm... entonces... ¿no decido yo?... o ¿todo eso soy yo?.

La fabulación (o la ley de cierre cognitiva...¿no?)

Dame una figura sin acabar, y mi cerebro le dará forma. Dadme una historia sin acabar... (os dejo de nuevo este silogismo para vosotros). El cerebro cuenta historias. Y el yo se puede ver como una historia, entiendo. Y cuando esa historia no cuadra, se modifica para que cuadre. Otra tanda de ejemplos.

La ley de cierre nos muestra que elementos independientes sueltos colocados de la forma adecuada se perciben como un todo por parte de nuestro cerebro dando formas que realmente no existen. En este caso podéis percibir perfectamente a Brad Pitt, pese a haber cortado la imagen magistralmente con photoshop. (¿Qué os esperabais? ¿La imagen del triangulito que pone todo dios?).

En concreto en el síndrome de Korsakoff, en el cual encontramos un problema importante de amnesia anterógrada, es decir, no que no podemos introducir nuevos recuerdos en nuestra historia, encontramos pacientes que tratan de darle forma a la realidad que viven sin ellos. Y para ello buscan explicaciones que hagan que les cuadren. No es intencional. No se lo quieren inventar, solo necesitan que cuadre. De nuevo vuelvo a Oliver Sacks y algunos ejemplos que pone en su amplia literatura (culpable de que mi cerebro sea como es, también), en la que este tipo de pacientes, inventan historias (se narran a si mismos) para que todo encaje. 

En el caso de los pacientes con alzheimer, cuando encontramos que un paciente con esta dificultad para añadir nueva información (o que ha perdido los últimos 20 años), vemos situaciones un tanto extrañas, como el hecho de que se confunda a una hija con una hermana. Mi idea, simplemente, si no han pasado esos 20 años (para mi cerebro), y no he tenido hijos en mis recuerdos, pero aparece una persona que despierta ciertas sensaciones hacia mi de familiaridad (recordemos que las estructuras emocionales son mucho más resistentes a la degeneración), la única explicación posible es que esa persona sea alguien de mi familia de hace 20 años, es decir, mi hermana. El cerebro, (nos) cuenta historias, y lo hace con la información que tenemos (hayamos perdido o no).

Estas ideas, sobre la falta de una esencia estructural de personalidad real (Baginni), la existencia de rasgos libres (Little), la cantidad de información inconsciente que participa en la toma de decisiones (Eaglemann) y la necesidad de darle forma a aquello con lo que contamos (Sacks), me lleva a una pequeña y curiosa conclusión: Somos libres de nosotros mismos. Pero no somos libres de nuestro cerebro. Y lo más interesante de esto: Nuestro cerebro puede modificarse (ojo, no es fácil). A lo mejor esto habría que decírselo a más de un paciente que, por daño cerebral, ha perdido el control sobre ciertas acciones y es consciente de ello. Le liberaría del mantra de "soy mala persona y tengo la culpa de todo" y le daría un camino diferente que sería "mi cerebro actúa de esta forma y tengo que enseñarle que esa no es la forma correcta". En un camino no hay nada que hacer, y en el otro, un yo completo que construir...

PD: Los que trabajamos con daño cerebral debemos transmitir al paciente y a la familia que en muchos casos no hay una intencionalidad manifiesta en sus conductas ("no se centra porque no quiere", "no habla porque no quiere"). Pero explicar que a veces no somos dueños de nosotros mismos es difícil, claro está.

PD2: Un ejercicio mental. El universo empezó con el Big Bang. Antes de eso, había un vacio eterno. Pensad en ese vacío eterno. ¿Que sentís?. Es imposible de concebir, ¿verdad?. Nuestro cerebro vive con parámetros de tiempo, todo tiene un inicio y un final. En mi humilde opinión hay muchas cosas que no podemos concebir. Como tal vez, no ser dueños de nosotros mismos a veces.

PD3: Eaglemann utiliza toda esta idea para plantear una polémica idea. Más que un encarcelamiento de 20 años, con una liberación posterior, pensando que el castigo vale para modificar la conducta, la idea sería calibrar esos sistemas que toman decisiones, para que sean los adecuados los que llevan la conducta de la persona que ha cometido un delito. Es decir, rehabilitarle cognitivamente. Es su idea, no mía.

PD4: He evitado la idea de la disonancia cognitiva. Pero ya sabemos que, cuando se trata de borrar cosas que se cargan nuestra historia, el cerebro es bastante bueno. No hay que ser frontal para ello (aunque lo hagan con absolutamente todo lo que les lleve la contraria). Solo basta con ser humano.

PD5: Si os dais cuenta, he basado la conclusión de cuatro o cinco informadores. Dentro de X años leeré esto y me diré  "¿cómo pudiste escribir semejante sandez?". El texto seguirá siendo el mismo, pero yo (mi cerebro) será diferente. Espero que con más información, claro está, que añadir para desmontar esto o afianzarlo. 

PD6: ¿Alguien realmente ha visto a Brad Pitt?. Eso pasa de fabulación a sugestión nivel dios.



martes, 19 de septiembre de 2017

Y seguimos intentando entender el cerebro

"Gracias por la modificación sináptica mutua". Así despedía una entrevista que había realizado al ponente del primer módulo del máster de Neuropsicología Básica y Aplicada que organizaba Ítaca Formación en Córdoba. Era más fácil decir "gracias por la magistral clase", o decir "gracias por ayudarnos a aprender", pero  Javier Tirapu llevaba 15 horas tratándonos de mostrar como funcionaba el cerebro, y parecía una buena opción terminar diciendo que había supuesto para nuestros cerebros ese seminario. Cambio. Porque el cerebro, siempre está cambiando. Y algunas personas nos lo cambian de forma más que duradera, como es el caso.

Lo difícil en estos casos es poder encajar lo que oímos a otros profesionales, que saben más que nosotros sobre estos temas, con nuestro modelo y concepción de lo que es el cerebro. Ese cambio en la forma de pensar, posiblemente también tenga su reflejo en nuestro propio cerebro, y nos obliga a actualizar algunas de las ideas que tenemos. Por ello, tras este módulo me veo obligado a cargarme algunas de las ideas que tenía, a actualizar otras y construir unas nuevas. ¿Qué por qué me interesa conocer el cerebro?. Porque hay una lección que se saca después de este módulo: Si conoces el cerebro y como funciona, sabrás como rehabilitarlo. Es difícil arreglar una radio si no entiendes que ese objeto, tenía como función reproducir música (por poner un ejemplo).

La tendencia al agrupamiento

Ya lo dije hace varios post. Tenemos una pulsión básica, sobrevivir, para podernos reproducir. Las emociones en su momento fueron una gran ayuda para esta supervivencia, y la cognición "superior" que se desarrolló después, otro gran paso para ello. Había otro detalle detrás de todo este proceso evolutivo que me llamaba la atención: La tendencia a agruparse. Pero tal como diría Darwin, esa idea mia tiene algunos vacíos. El primero: ¿cuando empezó está tendencia?.

Sin embargo, escuchando a Javier Tirapu conocí la historia de Lynn Margulis y su teoría, la endosimbiosis seriada. Lo que es lo mismo, de que manera se agruparon varias células procariotas para formar una célula eucariota, o sea, con núcleo. ¿Por qué lo hacían? Por motivos de supervivencia. Es más fácil sobrevivir si eres más complejo.

Lynn Margulis, otro nombre más que repetir hasta la saciedad solo por el reconocimiento que merece su teoría, y que fue, como suele pasar con las mujeres, enterrado por motivos sexistas.

Pero no esperemos que las células nos cuenten su historia y sus motivos. No tienen una memoria autobiográfica que empañe su conducta. Nosotros si. Y seguramente, por eso, tendemos a formar grupos, desde el primer día, por ejemplo cuando empezamos un máster. Si lo observamos, es fácil. Nos agrupamos. Prácticamente nadie se vuelve solo tras el primer día. Y en grupo, es más fácil sobrevivir a los módulos... por decirlo de alguna manera...

Dicho esto, la tendencia de las células es a agruparse y especializarse. Y casi como si fuéramos un calco, la de los seres humanos es igual. ¿Acaso no nos especializamos y hablamos idiomas diferentes según esa especialidad (que hable un neuropsicólogo con un ingeniero agrónomo usando tecnicismo...)?¿No tenemos, como pasa en el cuerpo, la tendencia a agruparnos en órganos de mayor complejidad (iba a decir colegios profesionales... pero no se si considerarlos útiles...)?. El concepto de memoria traslacional (necesito confirmar que sea exactamente este el término), explicado por Javier Tirapu, sirve para rellenar otro de los huecos de mis ideas. Cuando nos agrupamos, nos repartimos inconscientemente las cosas a memorizar para no perder recursos de esa nueva alianza ventajosa en que dos recuerden lo mismo, por ejemplo. 

Y evolucionamos igual que lo hizo el cuerpo.  De forma gradual como diría Darwin, pero con momentos de crisis, como plantearía S.Jay Gould con su equilibrio puntuado. Pero discrepo en que las crisis deban ser accidentes naturales, las crisis pueden ser también cambios drásticos como la aparición de ciertos descubrimientos, por ejemplo internet, que ha elevado la conectividad y su velocidad entre los seres humanos, como lo hace la mielina entre las neuronas. Internet sería algo así como la mielina de la comunicación entre los seres humanos, pero... no me debo de ir por aquí ahora. Ahora vamos a criticar a la propia evolución.

Apuntamos a S. Jay Gould como una persona a la que leer después de este módulo. Criticón con todo lo que salía escrito, pero parecer ser que con dotes para criticarlo de manera acertada.

¿Cuál es la mejor forma de adaptarme al medio?

Somos máquinas de adaptarnos al medio. Esa es la idea que siempre se desprende de nosotros. De hecho, insertamos hasta en nuestro código genético (instrucciones de desarrollo), información que nos ayuda a adaptarnos mejor al medio (epigenéticamente). Pero la mejor forma de adaptarse al medio no es modificarse uno mismo. La mejor forma de adaptarse al medio, puede ser modificar el propio medio.

Somos hijos de la tierra, o así decía Francisco Mora, y sus características nos han moldeado (ciclos de sueño calcados al ciclo de día y noche, por poner un ejemplo). Pero también somos hijos de como funciona nuestro cerebro (ahora que alguien se quede pensando si el cerebro no funciona así por la tierra en la que está...). Lo intento enforcar desde varios puntos (niveles) de vista (análisis).

Es casi de lógica, si el cerebro es una máquina de adaptarse, las características de la tierra serán las que lo pulan. Y esas características terminan por definir cosas tan arraigadas en nosotros como los ritmos circadianos, que cuestan bastante de modificar.


En un primer punto, la mejor forma de sobrevivir es prever. Si puedes adelantarte a un acontecimiento que va a tener lugar y que va a poner en peligro tu vida, tienes una ventaja tremenda. Y para prever es bueno tener una gran memoria. Y de hecho, es casi mejor, tenerla ahí en un segundo plano (pongamos inconsciente) mientras dedico todos mis recursos a otra cosa (buscar comida), a la espera de que una señal (por ejemplo un olor, una huella), llame mi atención, me avise de que cada vez que veo esa señal, aparece algún ser que me puede matar, olvidando eso de buscar comida y escapando por si las pulgas. 

Pero prever un entorno cambiante es muy difícil. ¿Y si el entorno cambiara menos?. Y eso es exactamente lo que terminó por hacer nuestro cerebro, amante de las normas y de las cosas estables para poder dedicarse a otra cosa. Crear entornos estables, ciudades, con sucesos predecibles (a costa de leyes que castigan al que se sale de ellos) y permitiendo que podamos estar en otra cosa para garantizar nuestra supervivencia. Esa es nuestra vida, ver algo que nos sabemos, machacarlo hasta automatizarlo,  y vuelta a empezar (dicen que cada hemisferio hace una cosa, pero para mi es el lóbulo frontal el que afronta la novedad y trabaja para automatizarla con el apoyo del resto del cerebro). De nuevo, por la supervivencia, solo que ahora la supervivencia es otra cosa. No nos morimos por cosas básicas (comer, por ejemplo), morimos de otra manera y de forma diferente. Morimos cuando dejamos de estar conectados. Explico esta otra idea. 

La soledad de una neurona, varias o de un sistema.

Volviendo a lo del primer punto, hay una pulsión por estar conectados. Desde los primeras células, que forma órganos hasta las personas, que forman sociedades y que ya veremos que forman en un futuro... simplemente, nos agrupamos para facilitarlo todo y además, lo necesitamos.

Cuando una neurona no recibe estimulación muere. Es decir, sinapsis que no se refueza, sinapsis que cada vez tiene menos poder, sinapsis que desaparece. Subimos de escala. Persona que no tiene círculo social. Persona que no recibe estimulación, persona que poco a poco va saliendo del tejido social. Persona que tiene más papeletas para morir rápido. ¿por qué?. Porque no hay mayor estimulación que pertenecer a un grupo (red) de personas (neuronal), y cuando no conectamos (sinapsis) con otras personas (neuronas) no recibimos información de ningún tipo (eléctrica o química) y cada vez resulta más difícil que recibamos esta estimulación, y nos sentimos poco útiles (depresión a largo plazo), y terminamos reduciendo nuestra actividad y somos más débiles ante cualquier daño cerebral. Es decir, lo mismo que le pasa a una persona en sociedad, tiende a pasarle a una neurona dentro del cerebro. ¿Somos acaso grandes neuronas?. 


No parece tan raro equiparar tejido neuronal con tejido social. Al menos, existen similitudes sobre el papel que tiene la estimulación que se recibe de otros componentes de esos tejidos, y la idea de que si no se recibe, es novio para uno mismo.


En realidad, la idea es fácil de entender. Estamos formados por células que tienen pulsión por unirse y especializarse. Normal que seamos iguales en nuestro preceptos, pero de manera cualitativamente diferente y con aspectos diferentes. Contamos con una memoria autobiográfica y con una concepción del yo, que en principio no poseen las neuronas. Un gran logro...¿o no?.

El problema de ser como somos... donde somos

Por desgracia, existen varios problemas, algunos señalados hábilmente por Tirapu durante el módulo. "Nuestro cerebro ancestral no está preparado para el mundo actual". Sin duda, algunos de los que ahora llamamos trastornos mentales, podrían perfectamente haber sido de actualidad en ese mundo cambiante en el que el cerebro debía desarrollarse (como decía, Javier Tirapu lo explica genial en cualquiera de sus ponencias), pero no en el mundo actual. La curiosidad de un TDAH, la hipervigilancia de un esquizofrénico, algunas obsesiones de los TOC, podrían servir para el grupo, pero una vez se han eliminado ciertos peligros al domesticar el medio (seguro que no aparece un león en medio de la Gran Vía...) no son útiles, y chocan con algunas normas establecidas para tener un medio más predecible... más esperable y que deje a nuestro cerebro, de nuevo, centrarse en otras cosas, como especializarse y cumplir su rol.

No es el único caso. Nada más hay que ver la dificultad que se tiene para perder peso, porque nuestro organismos sigue guardando reservas por si acaso al día siguiente no comemos. Y cuando no comemos un día, guarda más, por si acaso... Choca totalmente con lo que a veces nos demanda la sociedad (no estoy de acuerdo con ello, pero me hace gracia) y a nuestro organismo le da igual. Tiene sus normas.

Otro ejemplo, mas duro, es el de la memoria prospectiva y ciertos instintos básicos. Lo explica David Geary en el origen de la mente con bastante facilidad. Mientras que tenemos un instinto básico de supervivencia, y tenemos miedo (pánico, terror) de cualquier cosa que nos pueda matar, la memoria prospectiva, que surgió para evitar más fácilmente peligros, nos permite recordar una cosa continuamente: vamos a morir. Y no podemos escapar de eso. Es, bajo mi punto de vista, un choque de dos sistemas, orientados a lo mismo, que provoca una autentica tormenta en nuestro cerebro y que, en cierto modo, es el origen de muchos trastornos (por las emociones que suscita y la ansiedad que viene como respuesta, orden que me ha quedado claro tras el módulo). 


Interesantes las ideas que aporta este libro

Como diría, David Linden en el cerebro accidental, sería de cachondeo pensar que la evolución está guiada por una mano externa (creacionismo) cuando hay tantas cosillas que se mantienen pese  a ser poco útiles. Y todo esto viene porque hemos adaptado tanto el medio a nosotros y lo que queremos, que nuestro cerebro y cuerpo no ha sido capaz de seguir el ritmo que han llevado las cosas. Vivimos autenticas crisis (según el equilibrio puntuado) que modifican todo de un día para otros en cuestión de menos de un siglo. Y todo parece orientado a lo mismo. A mejorar nuestra conexión entre nosotros, a aprovechar mejor el tiempo que tenemos (que eso es la vida, nuestro tiempo). Si eso es como funciona el cerebro, como "piensa" esa máquina de pensar, no debemos olvidarlo. Ese esfuerzo también lo hizo Javier Tirapu al intentar relacionar sus ideas del funcionamiento del cerebro al tratamiento, o también Ramanchandran para llegar a la idea del espejo para tratar el miembro fantasma.

Y eso solo me hace pensar que, uno de los primeros objetivos que debe tener cualquier rehabilitación es enganchar al paciente a un tejido social que le estimule, que le haga sentirse útil. Y, estando en una sociedad que tiende a expulsar al que es diferente o al que está debilitado, es aún más difícil. Pero si ya parece costar rehabilitar un daño cerebral, no va a resultar nada fácil si por el camino se le está invitando a salir del mundo. No me cabe duda de que la plasticidad neuronal es cambiante según situaciones, edades y otros detalles. Y si, la rehabilitación se basa en está plasticidad, puede ser más útil en algunos momentos irse a un museo en compañía de gente que sumar una quinta sesión de rehabilitación esa semana. No lo olvidemos, no solo se pierde función cognitiva con el daño cerebral, sino también sin participación social. La participación social nos da la vida. De hecho, parece el origen de la vida tal y como la conocemos... ¿no?.

PD: Es un poco ladrillo este post. Pero después de escuchar 15 horas las reflexiones que una persona ha hecho sobre el cerebro y ha compartido con nosotros, es casi obligatorio reflexionar sobre ello y tratar de seguir sumando ideas.

PD2: conoce lo que reparas, joder!, a ver si vas a estar tratando de que una lavadora ande...

PD3: Brian Little lo decía: No somos extrovertidos o introvertidos. La motivación puede hacernos ser totalmente diferente a como somos. ¿Somos entonces como somos?. Esa duda siempre nos va a quedar ahí (preludio del siguiente post). 




sábado, 24 de junio de 2017

Quiero entender el cerebro (y solo el cerebro)

Estamos en el siglo del cerebro. Eso dicen. Y para corroborarlo, la cantidad de dinero que se ha ido poniendo sobre la mesa para poder investigar el mismo. El proyecto Brain de la administración Obama (que imagino que Trump suspenderá, visto que estudia algo que él no tiene) o el Human Brain Proyect en Europa son ejemplos de que hemos empezado una carrera tremenda para entender el cerebro. Como decía un antiguo profesor mio, "una carrera que terminará cuando podamos crear un cerebro". Sólo una vez replicado, podemos decir que lo entendemos.

En serio Barack. Te echo de menos. Le has puesto mucho cerebro al asunto en tu mandato (el chiste es malo, pero peor es el de la postdata, aviso).

Un físico muy relevante, Michio Kaku (El futuro de nuestra muente, 2014) comparó lo que el telescopio supuso para la astronomía con lo que la neuroimagen ha supuesto para el cerebro. Con el telescopio pudimos ver las estrellas, y empezamos a entender el espacio y ver muy, muy lejos. Con la neuroimagen hemos podido ver el cerebro funcionando (aunque queda mucho para interpretarlo todo)  y ha dejado de ser una caja negra. Y el mundo ha empezado a cerebralizarse. Muchas explicaciones que se daban antes sin el cerebro (me refiero en la explicación, no sin cerebro en la persona que explica), ahora se están re-explicando atendiendo a conocimientos del cerebro. Muchos diagnósticos se están neuropsicologizando, al ser tan poco específicos. Es lo que tiene la ciencia. Avanza para ser más explicativa (esa es la idea, ¿no?).

Ojo, que avanzar en ciertas carreteras no es precisamente ir en línea recta...

Y ese es el objetivo que algunos perseguimos. Entender el cerebro. Y en muchos casos el cerebro en la normalidad (no pocas veces he dicho que lo poco que se sobre neuropsicología infantil lo aprendí valorando niños sanos precisamente). Pero sin embargo, querer entender solamente el cerebro es el  primer error que cometemos. ¿Quieres entender el cerebro sin entender...

... como ha llegado el cerebro a ser cómo es?
Es casi como una búsqueda detectivesca. Ir mirando las huellas que no ha podido borrar el tiempo. Ir midiendo cráneos de diferentes especies para comprobar como el cerebro fue cambiando a lo largo de la evolución. Si el cerebro es como es hoy en día, es por su historia evolutiva. Algunos como David Linden (el cerebro accidental, 2010) dicen claramente que precisamente por eso el cerebro es una chapuza. Una chapuza porque tiene sistemas repetidos, como si dijéramos. Tres supuestos tipos de cerebro (reptiliano, emocional y el neocortex) que corresponden a la suma evolutiva del mismo, donde se han ido superponiendo cualidades. Tal vez por eso podemos decir algunas ideas como que nuestro cerebro toma decisiones antes de que seamos conscientes de ellas. Y que además tengamos esa manía de decir que "claramente la hemos tomado nosotros". Es difícil tratar de entender el cerebro sin entender su historia.




Y por eso Linden lo considera como una bola de helados. Superpuesto. Y en cierto modo chapucero. Funcionando muy bien para las cositas tan malas que arrastra de esta duplicación de sistemas.

Y se buscan causas del potencial que el cerebro humano ha tenido en comparación con otras especies. Motivos por los cuales ha podido alcanzar el desarrollo que tiene en nuestra especie. Por ejemplo, Susana Herculano (Charla TED) señala como algo tan poco intuitivo como la habilidad de cocinar puede haber hecho que tengamos el cerebro que tengamos. Esto es, cuando el ser humano empezó a cocinar, logro una serie de alimentos más fácilmente digeribles, dejando una energía sobrante que pudo aprovechar el cerebro para desarrollarse. No es vano, mientras que otras especies (como el chimpance) están masticando casi el 60% del día y deben comer cantidades increíbles de hojas y hierbas (creo recordar que casi cinco kilos diarios), nosotros nos alimentamos de forma más eficiente y rápida.  Claro que pare cocinar, se debían usar herramientas y para ello tener una cognición superior que también consumía más energía... ¿que fue antes? (literalmente extraído de una conversación de barra de bar).

Incluso puede ser relevante esa idea de porque tenemos cerebro. Que según indica Rodolfo Llinás (El cerebro y el mito del yo, 2003) se relaciona directamente con la movilidad. Dado que nos movemos, necesitamos un cerebro que organice ese movimiento (sino, podemos decírselo a la ascidiacea (tunicado) que tiene un protosistema nervioso central durante la primera parte de su vida donde se mueve, y que autodigiere cuando en la segunda parte de su vida, se ancla y deja de moverse). O podemos decir que tenemos un cerebro porque tenemos un cuerpo, como indica Damasio. Y su representación, para su control, es lo que hace necesario un sistema central que represente todo el cuerpo, y de ahí una teoría, la del marcador somático... que viene en otro punto

Os digo la verdad, nunca he visto una ascidiacea, pero se ve que en su periodo larvario tiene un tubo neural, se mueve y buscar su rinconcito. Cuando es adulto no lo tiene y no se mueve. Es el argumento que indica Llinás.

Es difícil saber toda la historia de cómo llegamos a tener un cerebro. Nuestra evolución esta plagada de posibles opciones que lo llevaron hasta lo que es hoy en día. Pero no bastaría solo con conocer eso. ¿Cómo vamos a entender el cerebro sin entender que...

...el cerebro cayó dentro de un mundo?
Y es que realmente nuestro cerebro depende del entorno. Cuando un bebe nace es, literalmente, pura potencialidad. Es decir, no está acabado. Es algo evidente. ¿qué necesita para estar "acabado"?. Un entorno que pula la gran cantidad de conexiones sinápticas que trae de serie. Lo que se conoce como poda sinaptica. Y quien lo pule es el mundo que le rodea, reforzando o eliminando aquellas conexiones que se usan o no. Pongamos ejemplos.

Supongo que la idea es esta. Se forma todo el entramado, excesivamente amplio, y luego lo pule el entorno para que eso maximice la posibilidad de una adaptación correcta al entorno.

Por ejemplo, en la comprensión auditiva de lenguaje, Patricia Kulh (charla TED) nos habla del motivo por el cual nos cuesta tanto entender otro idioma cuando somos mayores (la pronunciación), y es que el área de Wernicke, sobre los 8 meses empieza a seleccionar que amplitudes de onda son habituales y cuales no, se va amoldando a lo que oye, y eliminando lo que no. Si en ese momento, estas en un entorno con dos idiomas (pongamos chino y sueco), sus entonaciones y pronunciaciones formaran parte de tu cerebro. Al menos de manera diferente a si tienes que aprender el sueco con 30 años.

Caes dentro de un mundo con cultura, y esa cultura modifica el cerebro. Ojo, no estructuralemente (no se trata de que en una cultura haya o no lóbulo frontal, o lóbulo temporal), sino que lo que se modifica es el cableado. Es como cuando uno es taxista y resulta que tiene el hipocampo más grande (como dice Maguire) porque este se dedica moverse por la ciudad día a tras dia buscando rutas, y el hipocampo juega un papel en la memoria especial.

Pero no es solo la cultura, que es nuestra forma en cierto modo de transmitir lo que hemos aprendido (o del cerebro para no perder lo que el resto de generaciones aprendieron, quien sabe). Sino que dependemos del propio mundo. Francisco Mora habla en su libro "¿cómo funciona el cerebro?" (2005) de algo que puede pasar por una simple curiosidad: ¿Que pasaría con nuestro ciclo vigilia sueño si en vez en la tierra (24 horas en total) hubiéramos nacido neptuno (16,1 hora en total)?. Pues parece ser que sería diferente, nos habríamos adaptado a él. Eso se puede desprender precisamente de la rigidez que tenemos para cambiar ese ritmo (aunque nos metan en una cueva y traten de crear las condiciones de ese ciclo), ni en cuanto al sueño ni en cuanto a la temperatura propia (que suele ser más alta durante el día. Como decía Francisco Mora en el mismo libro "Somos hijos de la tierra y de su historia biológica". Nosotros y nuestro cerebro (si es podemos separar esos dos conceptos).

Bueno, toca dormir en la estación espacial internacional... ¿pero cuando? ¿pasará como en gran hermano que terminan más tiempo despiertos que de día?. En este contexto se intenta adaptar en el entorno a los ritmos circadianos terrestres.


El mundo social y físico dan forma a nuestro cerebro. Como decía, tal vez no a nivel estructural grande, pero si a nivel de conectividad y de funcionamiento. Pero tampoco es lo único. ¿Cómo puede querer entender el cerebro sin entender que...

...el cerebro esta dentro de un cuerpo?
Y es así, nuestro cuerpo es a quien representa ese cerebro en diferentes zonas, a quien vigila y cuyas funciones rige el mismo, en la mayor parte de los casos de forma inconsciente. Sin esos sistemas sensoriales que son los que mandan la información del exterior al propio cerebro, y que pueden enviar muchas informaciones diferentes (pregúntale a un daltónico) del mismo (supuesto) estímulo. 

pero sobretodo, no podemos entender el cerebro si nos quedamos solo con el mismo y su proceso de toma de decisiones. Al menos, eso es lo que indica Damasio cuando habla del marcador somático. Como nuestro cerebro se desarrolla junto con el cuerpo, y que sus sensaciones marcan las decisiones que son más adecuadas o no. Es difícil entender por tanto, un cerebro fuera de su cuerpo, pues sin el (al menos cuando la información no fluye) tiende a tomar decisiones muy desajustadas con el medio. 


Se habla mucho de que el trasplante de cabeza ya está aquí. Bien, si el cerebro es uno con el cuerpo y es como es con el cuerpo... ¿cómo le sentará que le pongan en otro cuerpo?. ¿Al carajo la función ejecutiva "hot"?. Si esto llega a ser posible algún día (que lo dudo bastante, sinceramente), será la primera pregunta que me haga.

Tal vez está sea una de esas bazas que obligan a considerar que es imposible considerar la mente como algo diferente del cuerpo (así lo indicaba en el error de descartes). Sino que es algo único. Unido al cuerpo. Unido al mundo en el que se desarrollo ese cuerpo. Y unido a su vez, a la historia que guió (de forma accidental) a ese cuerpo (y cerebro) hacía donde ha llegado a "ser".

Tal vez por eso será un tremendo error el título de este post. Porque para entender el cerebro. necesitamos entender muchas cosas más que el propio cerebro. No podemos reproducir el cerebro en una caja. Hay muchas más cosas. Y aquí que cada uno añada todas aquellas cosas que le parecen relevantes, pues hay muchas más de las que he escrito en este post. Por eso es tan difícil.


PD: Lo dicho, para entender el cerebro, y por extensión, la mente, necesitamos muchas disciplinas que avanzan a día de hoy por caminos paralelos.

PD2: ¿Qué hace una abeja en el gimnasio?.... Zumba. (así a bote pronto, por salir del tema, para que cuando volvamos a él, nos salgan solas las respuestas).

lunes, 19 de junio de 2017

El método arcaico

Curso de doctorado 2007-2008. Clase de historia de la neuropsicología, creo que era la segunda clase. Nos habían mandado unos textos muy largos, algunos en inglés de temas muy filosóficos sobre el cerebro. No es que no me pareciera interesante, pero no era "mi tema". Yo estaba orientado claramente la psicología cultura y bueno, el cerebro no era tan importante. Mi compañero de al lado fue tajante: "yo esto no me lo he leído... vamos a tener que marear un poco". Y claro, llegó el momento en que nuestro pobre profesor abrió el debate.

-¿ Qué os ha parecido el primer texto? - preguntó a toda la clase. Mi compañero se adelantó a cualquiera que pudiera hablar.

- Está bien, aunque a mi me gustan los postulados de Damasio sobre la unicidad mente y cuerpo... - y así tuvo una pequeña intervención de cerca de 10 minutos. Prácticamente yo no había entendido nada de lo que había dicho... ¿Quién narices era el tal Damasio ese?. "Cosas de neuropsicólogos" me dije. Y de nuevo el profesor trató de volver hacía los textos que nos había enviado.

- Si, la verdad que es interesante, pero que pensáis del segundo texto? - preguntó mirando a todos menos a mi compañero. Este volvió a la carga.

- La verdad que coincido en muchas cosas - empezó a decir - aunque mi perspectiva está más pareja a lo que Damasio llamó el "marcador somático"... - y logró sacar otros 10 minutos de conversación en torno a Damasio. Mis compañeros participaron activamente con reflexiones en torno a las teorías de ese tal Damasio, pero yo no sabía absolutamente nada de ese tema. En mi clase, el 90% eran personas orientadas a neuropsicología, y salvo una chica dedicada a metodología, todo giraba en torno al cerebro en el doctorado. Me sentí con tanto desconocimiento sobre el cerebro que me dije: "tengo que ponerme al nivel de mis compañeros". Y así, en esa misma asignatura, el profesor, Gabriel Ruíz (persona a la que admiro desde ese curso) abordó un tema que me despertó cierta chispa. La lobotomía.

Varios meses después, y después de pedirle bibliografía complementaria una y otra vez (hasta videos), terminé por orientarme a la Neuropsicología, justo donde estoy ahora. Y la historia de la lobotomía fue clave para mi.

El premio Nobel

La mayoría de las veces el primer hito sobre neuropsicología que se escucha es la historia de Phineas Gage,  relatada por el Dr. Harlow en 1849, que el fue el que describió los asombrosos cambios que presentó ese paciente cuando una barra de hierro atravesó su cráneo y afectó severamente a su lóbulo frontal. Era de las primeras evidencias científicas que relacionaron la personalidad con el cerebro, y concrétamente con el lóbulo frontal, a tenor de los cambios conductuales que sufrió Phineas tras el accidente. Era algo que analizando los dibujos de Miguel Ángel parece que ya se intuía (ver la imagen de abajo), pero hasta entonces no se tenían pruebas. Posteriormente Damasio estudió el caso de Gage a la luz de los nuevos conocimientos de la neurociencia.

¿Casualidad? ¿Intuición? ¿Una cara de Bélmez?. Ahí lo dejo.


El hito del caso de Phineas Gage fue mostrar que ese área cerebral que parecía silente o sin importancia como tal, tenía un papel tremendo sobre el comportamiento. Y no se tardó en experimentar con animales. C.F Jacobsen, inspirado un poco en las conclusiones de Harlow realizó varias lobotomías frontales en monos para ver su efecto (aquí). Pero el caso más "ilusionante" fue el de una chimpance llamda Becky, en un estudio posterior realizado por Jacobsen, Wolfe y Jackson (1935). Lo que encontraron es que la irritabilidad de los monos operados con lobotomía, Becky entre ellos, estaba totalmente disminuida. Eran menos violentos, más tranquilos. Estos resultados se presentaron en un simposio sobre el lóbulo frontal y entonces, alguien preguntó: ¿Por qué no se hace esto es pacientes pertubados también?. Esta pregunta la realizó un tal Egas Moniz.

Un hito para la neurociencia y el conocimiento del cerebro, pero una historia desconocida para la gran mayoría. Con ustedes, Phineas Gage.

Y así, Egas Moniz, un psiquiatra y neurocirujano portugués, aplicó esta técnica el humanos. Sólo con los resultados de un estudio en monos como referencia. Realizando una pequeña trepanación, introducía un artilugio que destruía las conexiones frontales con el resto del cerebro, con un porcentaje aceptable de fallecimientos (creo que era un 6%) y logrando ese efecto en pacientes psiquiátricos con grandes perturbaciones conductuales. Los curaba, porque los síntomas desaparecían. Eso le valió el nobel en 1945. Aunque seguiré llamándola lobotomía, por ser el término más conocido, el nombre real era leucotomía, al afectar principalmente a las conexiones del lóbulo frontal.

El lobotomobile

Los efectos positivos para los trastornos psiquiátricos eran claramente reconocidos. Por ese mismo motivo, y por la "facilidad" del método, un médico con gran prestigio, Walter Freeman, comenzó a utilizar esta técnica. Exactamente una lobotomía transorbital, utilizando un picahielo que introducía por el lacrimal destruyendo las conexiones del lóbulo frontal. Los efectos, nuevamente eran positivos en los pacientes con esquizofrenia, reducía la irritabilidad y los cambios de humor.

Egas Moniz, precursor de la lobotomía

Tal fue la confianza del Dr. Freeman que empezó a realizar lobotomías por todo EEUU a bordo de una furgoneta que llamó el "lobotomobile". Entendiendo ya la lobotomía como el método más adecuado para los desórdenes psiquiátricos se recorrió todo EEUU practicando lobotomías a toda aquella personas que tuviera estas alteraciones. El primer problema es que comenzó a realizarse a todo tipo de personas, no necesariamente con problemas psiquiátricos. Bastaba con tener una mirada amenazante. Incluso llegó a hacer una lobotomía a una integrante de la familia Kennedy.

(extraída de esta web, recomiendo visitarla para tener más detalles de todo lo relacionado con Freeman) Imagen de un musical sobre el lobotomobile.


Por el reconocimiento mundial a nivel científico y por su práctica habitual, parecía que estabamos ante un método definitivo y contrastado. Sin embargo, los efectos secundarios eran muy variados y terminaban por provocar desde una disminución de las capacidades mentales de la persona hasta una incapacidad de realizar una vida independiente. De hecho, empezó a entenderse esta lobotomia como una forma de anular la voluntad y conciencia, con los dilemas éticos que ello suponía.

La aparición de los antipsicóticos fue definitiva para enterrar esta técnica, pero para entonces se habían realizado perfectamente 45.000 lobotomías en todo el mundo. Y claro, mucha gente afectada que ha promovido que le fuera retirado el nobel a Egas Moniz. Lo que en esa época era una técnica novedosa hoy la vemos como una autentica barbaridad. Y eso me lleva a una cuestión. ¿Qué pensaran sobre cómo trabajamos ahora dentro de 50 años?.

Lo que hacemos hoy... tal vez mañana...

Cuesta con esto no quitarse de la cabeza la idea de que tal vez, los señores que en un futuro observen nuestra forma de abordar diferentes problemas (en este caso me centro en la esfera cognitiva), consideren que lo que estamos haciendo no es correcto o no es lo suficiente. Es evidente que ya tenemos una serie de controles con ciertas garantías que impiden que se repitan ciertas acciones que, aún dando resultados, resulten éticamente cuestionables.

Hoy encontramos métodos muy novedosos que permiten trabajar con el cerebro de manera directa, sea más invasivo (estimulación cerebral profunda, por ejemplo) o menos invasivo (estimulación magnética transcraneal), y que están abriendo un nuevo horizonte para las terapias. ¿Serán vistos en un futuro como algo arcaico?. ¿Serán la base de tratamientos mucho más efectivos?. No lo podemos saber a día de hoy, evidentemente. Pero dan sus resultados y mejoran la vida de muchas personas. Y sobretodo, pasan controles. Muchos controles.

Estimulación cerebral profunda. Algo que parecía ciencia ficción, y ahí está hoy en día.

Otro tema son otro tipo de terapias que se ven con cierto excepticismo, por el poco aval científico que tienen. Hoy en día hay demasiadas pseudoterapias que a veces parecen tener valor solo con un "a mi me vale". Tal vez esas técnicas (de las que no voy a nombrar ninguna en el día de hoy) sean las que en un futuro se vean como arcaicas o como la frenología del siglo XXI. Tal vez la clave, para mi, este en el nivel de critica que tengamos. Algunas técnicas, aunque empleen el "a mi me funciona", no se cuestionan de que manera logran ese resultado, y sobre todo si es generalizable. Otras técnicas, sin embargo, están sometidas a una continua revisión (no hay más que ver la literatura disponible) precisamente para evitar cometer ciertos errores del pasado.

Nada que añadir (si acaso azúcar).

La duda que queda, es cuanto se permitirá que ciertas terapias engañosas ande dando vueltas por ahí. Si hará falta un "homeopatomobile" para que se actúe con cierta contundencia, o si esperaremos a que dentro de 50 años, alguien eche la vista atrás y diga "¿Como se nos ocurrió permitir esto?.

PD: Es interesante cuestionarse todo, aunque tenga cientos de artículos a favor. Es la única forma de mejorar algo.

PD2: Precisamente, los tratamientos que no son científicos tienen ventaja para establecerse como válidos, pues no necesitan auto-cuestionarse, generalizarse ni replicarse. Solo creer en ellos. Y, dicho mal y pronto, la creencia, no es ciencia.

PD3: Me pregunto que opinará Cárdenas de la lobotomía... (sin ironías).


miércoles, 14 de junio de 2017

La Neuropsicología no existe

Es un chasco. Llevo ya más de 120 entradas en este blog dedicadas a la neurociencia y neuropsicología... y de repente me doy cuenta de que la neuropsicología realmente no existe. Al menos eso me hacen pensar otros psicólogos cuando hablan de neuropsicología como algo que no merece ser considerado más que un pequeño puntito dentro de la gran y todopoderosa psicología clínica. Al menos eso me hacen pensar otras disciplinas que consideran al neuropsicólogo un estorbo que ha venido a meterse en su trabajo. Un trabajo que se ha de considerar como "perfecto" si no necesitan ayudas. En todo caso, esas disciplinas pueden canalizar tranquilamente los avances en neurociencia, casi de un día para otro, sin necesitar una figura nueva que se especialice en entender como el cerebro se relaciona con la conducta. Términos como función ejecutiva, memoria de trabajo o atención se usan con total ligereza, o se ignoran, como se ha ignorado al cerebro durante décadas porque no podía explicarse. 

Ahora, que empieza a estar de moda eso del cerebro, todas las disciplinas se quieren poner delante el término "neuro", pero del neuropsicólogo no quieren oir hablar. Vaya a ser... 

Lo que el neuropsicólogo aportaría... si existiera.

Hablo en el hipotético caso de que existiera la neuropsicología. Que para sanidad, pues no existe. El Neuropsicólogo sería ese profesional que, cuando hemos empezado a asomarnos con una ventanita al cerebro (llamémoslo neuroimagen, que eso si existe), empieza a comprobar no hay una relación directa entre el daño cerebral y las secuelas del mismo. Sería un profesional que podría valorar el alcance real de un daño cerebral a partir de la valoración del funcionamiento cognitivo. ¿Y por qué haría eso? ¿es una especie de homeopatía cognitiva?. No. Lo hace porque su formación estaría orientada al funcionamiento cognitivo, a comprender esas funciones y a saber valorar si su estado es el correcto o no. 

Algunas de estos conceptos tendrían relación con esa disciplina utópica de la que hablo. 

Eso podría ser útil para tratar de detectar alteraciones cognitivas que aún no se ven en la neuroimagen (no es perfecta, lamento decirlo) o para ser más específico en cuanto a como está ese paciente cognitivamente. ¿Para qué? ¿Para robarle protagonismo a los neurólogos?. No. Para crear un programa de rehabilitación/estimulación más adaptado a lo que necesita la persona y que por tanto tendría mucho mejor resultado. El problema que tendría ese neuropsicólogo, si existiera, es que para ver su utilidad, primero tendría que contarse con él. Y claro, seguramente neuropediatras y neurólogos que tuvieran uno en su equipo, se darían cuenta de lo útil que puede ser para confirmar diagnósticos, afinarlos y abordarlos. Pero repito, hipotetizando que existiera. Porque, es verdad, el neuropsicólogo no existe, pero las funciones cognitivas si (aunque no se, últimamente he leído decir que los trastornos mentales están relacionados con el alma... así que lo mismo también tendría que justificar su existencia). Y como existen, hay gente encargadas de ellas. Venga, voy a buscarme amigos.

Las funciones cognitivas en manos de "otros" psicólogos.

Lo dicho, si no existe el neuropsicólogo, pero si las funciones cognitivas, alguien tendrá que trabajarlas. Y claro, la persona adecuada es el psicólogo clínico. Si, por ejemplo, un psicólogo clínico ve a un, pongamos "experto en Reiki" abordar una fobia, se tiraría de los pelos. Pero por suerte, el psicólogo clínico puede perfectamente trabajar el funcionamiento cognitivo, ya que el neuropsicólogo no existe. El único problema es que habría que estudiar de una manera muy profunda esas funciones cognitivas (En el máster de psicología general sanitaria tiene el lugar que se merece. Una optativa). Y ojo, tienen truco. No se pueden entender de forma aislada.

Por eso, cuando alguien no formado en ese área coge una prueba (neuro)psicológica, se ve en la obligación de aplicarla fielmente según el manual de turno. Y claramente dice eso de "tengo el Wais, si saca menos de 70, retraso mental" y listo. Claro, si existiera el neuropsicólogo, y la neuropsicología, muchas de esas pruebas se habría ido neuropsicologizando. Es decir, especificando. Me imagino que a lo mejor el Wais ya no sólo tendría una escala manipulativa y verbal, sino también diferentes sub-escalas como memoria de trabajo o velocidad de procesamiento. Pero bueno, la prueba la puedes administrar igual (o como decía yo en mi guerrillera juventud "la puede administrar hasta una cabra amaestrada"). 

El problema es que si no conoces las funciones cognitivas, y sobretodo como se relacionan se te pueden escapar "pequeños" detalles y así pasa lo que pasa. Todos los niños son TDAH, todos los abuelos son Alzheimer. ¿Os suena?. Es lo que tiene que el neuropsicólogo no exista en las escuelas, ni en los hospitales. Seguramente de existir, esos diagnósticos serían más certeros y estaríamos evitando poner etiquetas que luego no hay quien quite ni trate adecuadamente. 

Antes de que nadie se me altere. Con cabra amaestrada me refería en su tiempo, a que cualquiera puede pasar una prueba "neuropsicológica", pues solo hay que leerse las instrucciones. Pero muy poca gente está realmente preparada para usar esa prueba de manera correcta. Y las pruebas son peligrosas si se usan mal. Etiquetan a las personas y cambian toda su vida, futuro y esperanzas de una sola pasada. 

Por cerrar este punto sin dejarme a nadie sin ofender. Los neuropsicólogos somos ante todo psicólogos, pero no todos los psicólogos son neuropsicólogos. Ni aunque le pongan la palabra clínico delante. 

Las funciones cognitivas en otros profesionales

Si el neuropsicólogo existiera, se encontraría con una gran reticencia por parte de otras disciplinas (mujer, canosa, de 60 años dice: "he rehabilitado gente sin neuropsicología 20 años, no me vengáis a decir que tengo que hacer ahora". Entiendo que esa señora aún tiene tele en blanco y negro en casa). Decía, que me pierdo, que otras disciplinas verían invadido su trabajo. Movimiento, lenguaje, percepción... también tiene algo de cognitivo. Y se relacionan con otras funciones cognitivas. Por lo que una valoración neuropsicológica podría ayudar a abordar con más información esos problemas de movimiento o lenguaje. 

Pero no hay neuropsicología, por lo que otras disciplinas podrían trabajar la atención tranquilamente, o la memoria de trabajo u otras funciones, dado que no hay nadie experto en ellos y basta con leerse un libro. Eso sí, "ay del probre neuropsicólogo que osara trabajar el lenguaje" (por poner un ejemplo que no me toca de cerca ni un poco). Por suerte, como no existen, no hay ese problema. 

Por no dejar a nadie sin disparar. Veo que se conoce más el Reiki que la Neuropsicología. Es interesante que haya gente que te mande a hacer Reiki antes que a un Neuropsicólogo. Pero claro, el neuropsicólogo "compite" con algunas profesiones, pero el Reiki no, es compatible y nadie se siente amenazado...

Otras disciplinas podrían rehabilitar sin tener en cuenta la función ejecutiva, porque sin neuropsicología sería un término que hoy se entendería de otra forma (si es que se entiende del todo). Y ahí tendríamos rehabilitando y rehabilitando pacientes con daño frontal que, en vez de problemas de iniciación de la conducta tendrían un "no le da la gana de hacer ejercicios", o pacientes que en vez de problemas de control inhibitorio  tendrían un "está cabreado con la vida y lo paga conmigo"... 

Claro que,  si el neuropsicólogo existiera, debería de tener muy en cuenta que su trabajo no es algo solitario, y que necesitaría de todos esos profesionales para mejorar los resultados de su trabajo. Pero eso, como decía, no existe. Pero al no existir, lo de "neuro" se lo puede poner delante cualquiera que haya leído un libro... aunque sea Punset (otro que se va a tomar a mal este post). 

Pero ¿existe o no?

En sí, realmente se puede decir que existe (conozco unos pocos, se ocultan de la luz del día y hacen reuniones clandestinas), pero no en los colegios, ni en los hospitales (que es donde hacen falta, entre otras cosas). Pero claro, ahí tenemos psicólogos clínicos, vía diferentes oposiciones, y si ellos hacen neuropsicología, pues ya tenemos el parche cubierto. ¿Esas oposiciones o el máster en psicología general sanitaria aseguran un adecuado conocimiento de las funciones cognitivas, valoración y rehabilitación de las mismas?... Tengo mis dudas. ¿Con hacer un postgrado en neuropsicología basta?. Recomendaría ver los criterios de acreditación de neuropsicólogo clínico... ni siquiera los neuropsicólogos aceptamos solo un grado... ni siquiera los neuropsicólogos aceptamos sólo un postgrado...

Y por último, para terminar de hacer amigos. Metafóricamente, lo veo como cuando sale una muela. ¿Podemos comer sin ella? si. ¿Se masticaría mejor con ella?. También. Pero claro, a veces para salir, tiene que mover un poco a los demás. Y eso duele.

En mi opinión (todo este post es una opinión, criticable y polémica), "existe pero se resisten". Los psicólogos clínicos a entender que estamos ante una especialidad (¡no dios! he dicho especialidad... caiga un rayo sobre mi) muy pero que muy diferente de la psicología clínica sanitaria, que ha crecido conforme ha crecido la neurociencia, que ha crecido por sus resultados. El resto de profesionales de otras disciplinas (cada vez menos, pero que aún sigue habiéndolos) resistiéndose a entender que SUMAMOS, no quitamos trabajo. Y ojo, a quien le fastidia que la neuropsicología no exista no es a mi (al margen de pensar que llevo años haciendo algo que no existe). Es a la persona con daño cerebral. Es al niño mal diagnosticado con eso "retraso mental", es al abuelo que un día se despista y ya tiene Alzheimer. Es al paciente. 

PD: Parece que somos la única disciplina que, con claros resultados por delante, aun tenemos que debatir si existimos. Y no me meto en si somos ciencia o no, que ya con eso me cierran el blog.

PD2: Que digo yo... ¿no está mejor eso de tirar las piedras a los homeópatas?. Con el rollo de que los Neuropsicólogos no nos salgamos del redil de la psicología clínica... hay unos señores vendiendo agua con azúcar delante del COP y nadie dice nada... 

PD3; Llega un hombre con mucho pelo al médico, y le dice "Doztor, doztor, ¿que padezco?. Y el doctor le dice "parece usted un osito". (Por quitarle hierro al asunto).