martes, 5 de diciembre de 2017

Anomia (II) : El camino entre el ON y el OFF de la palabra

- De verdad Aarón, no se lo que es - me dijo a través de Skype la persona con la que estaba conectado en ese momento. En mi pantalla compartida, figuraba una hoja de word con la palabra Ingenuo. Estaba pasando lo mismo que pasaba en cuanto utilizaba palabras relativamente abstractas. Muchas palabras para este chico, no existían.

- A ver, ¿sabes lo que significa tonto? - le dije.

- Si, claro - me dijo el. Era una palabra fácil, muy observable en el día a día (tela), era fácil tener un ejemplo visible de persona tonta, o de un acto tonto.

- Pues es una persona que es muy tonta, que se cree todo lo que le dicen - le dije. Suponía que más o menos había logrado traducir esa palabra al lenguaje que aún conservaba.

- ¿Que es "cree"? - me dijo. Vuelta a empezar, nuevamente otro escollo en nuestra conversación. Me tocaba buscar una palabra menos abstracta para definir esa.

- Cree es, que todo lo que te dicen te parece verdad, aunque sea mentira - le dije. Su cara fue una mezcla de sorpresa (¿cómo una palabra tan vacía puede significar tanto?) y de cierta comprensión - vale, se lo que es eso - me dijo.

- Entonces, alguien ingenuo es, una persona que tonta, que todo lo que le dicen le parece verdad, aunque sea mentira, y aunque parezca evidente que no lo es - le dije, una brillante, en mi opinión, forma de definir el concepto ingenuo traducida al lenguaje que ese muchacho aun conservaba tras su daño cerebral.

- ¿Qué es evidente? - me dijo. Vuelta a empezar. Esto, aunque no lo parezca, también es una Anomia.

Demencia semántica

Vuelvo de nuevo a empezar por una de las esquinas, totalmente alejada del inicio del post. Como ya sabéis, siguiendo la clasificación actual, dentro de las demencias frontales-temporales (DFT) se puede hablar de una variante conductual (más frontal) y unas serie de variantes lingüísticas, que se conocen como Afasias progresivas primarias (frontales posteriores, temporales y parietales). Es decir, en este tipo de demencias, lo que encontramos es una perdida progresiva del lenguaje, expresada muchas veces en una pobre expresión lingüística, pero de orígenes diferentes. Destaca entre todas ellas, una de las variantes, la conocida como demencia semántica.

Aquí un pequeño esquema de cómo se clasificas este tipo de demencias.

En la demencia semántica encontramos un deterioro progresivo en estructuras temporales anteriores del hemisferio izquierdo. Clínicamente, encontramos problemas de comprensión y problemas de expresión, pero como decía, el origen de todos estos problemas radica en una anomia de tipo semántico. Un paso antes en el esquema que ya presentamos en el anterior post. Un paso justo donde se conecta la representación léxica con el significado. Es decir, las palabras para la persona están vacías.

Repito el esquema del anterior post. El problema, en la demencia semántica está en el primer punto. Y ojo, nada de desconocer el uso del objeto, es la conexión palabra significado.

El ejemplo clásico ocurre cuando vamos  a Inglaterra con un nivel medio de inglés. Mantenemos nuestra gramática, mantenemos nuestra articulación de sonidos (y eso que a veces nos cuesta hacernos a otro idioma en su pronunciación), pero hay muchas palabras que no conocemos, luego en cada frase que nos dicen tenemos problemas para entender algunas cosas, nos cuesta crear un lenguaje fluido porque nos faltan muchas palabras, y de igual manera, no podemos comprender todo lo que leemos. Sin embargo, toda nuestra red conceptual está bien, sabemos lo que son los objetos nada más verlos y guardamos información semántica sobre los objetos, no sobre las palabras.

Es importante saber diferenciar esta condiciones de otras en las cuales la red semántica sí está más alterada, y nos acercan a una patología más de tipo Alzheimer. Sea como sea, en esta demencia semántica el significado de las palabras se va perdiendo. Vamos pasando de un ON a un OFF. ¿Existe el camino contrario?. Si, claro.

Y se me fueron las palabras

A veces es buena idea tratar de ver que pasa desde un punto de vista inverso a como las solemos ver. Claro que depende de la suerte que tengamos en nuestra práctica clínica. En mi caso he visto dos o tres pacientes que han mostrado esta misma alteración en un daño cerebral adquirido. Es decir, tras un ictus o un tumor operado, comenzaron a mostrar una pérdida del significado de las palabras, como el caso del primer ejemplo que hemos puesto en este post.

Ahí tenéis el lóbulo temporal anterior, zona supuestamente implicada en la demencia semántica.

El resultado de sus pruebas de valoración de anomia puede ser parecido a nivel cuantitativo al de otros pacientes con anomia de acceso, pero uno de los detalles que marca la diferencia es el problema en aprovechar claves, ya sean fonéticas o semánticas, para recuperar la palabra. Es decir, la palabra no existe para la persona, y no la puede recuperar por tanto. Si pasa, como ocurre en el proceso de acceso, que aunque la palabra no exista, si tenemos alguna información sobre la misma, ya que resulta relativamente fácil que realicen bien pruebas que indican si ciertas palabras que se les presentan son reales o no reales.

Esto indicaría un ejemplo de ese ejercicio para diferenciar palabra real y no real, que en muchos casos los pacientes con anomia semántica adquirida pueden realizar sin problemas, pese a no saber el significado de las palabras reales en muchas ocasiones.

Claro, esta anomia adquirida, no siempre es igual para todo el mundo. Mientras que la familiaridad parecería tener un papel importante en los problemas de acceso al léxico, la imaginabilidad o grado de abstracción de las palabras, parece tenerlo en este tipo de alteraciones semánticas. En este sentido, su lenguaje puede ser fluido, pero empleando palabras poco abstractas y que a veces no encajan "Me levantado negativamente" o "esto es una animalito" (independientemente de que sea una largatija o un Tiranosaurio Rex").

"Pues es un animalito que va andando..." como veis la palabra animalito aquí no pega, sería mejor decir reptil o dinosaurio, pero los términos para las categorías a veces se ven afectadas en los trastornos de este tipo.

Pero en este caso, adquirido, sí se pueden aprender nuevas palabras, poco a poco. Es decir, estaríamos en el caso de como pasamos de OFF al ON. ¿Podría esto darnos algunas claves de como detectar el paso inverso (desaparición de las palabras) antes de que ocurra?. Vamos a verlo.

El camino de como construir conocimiento (o evitar que se destruya)

Como decía, cuando tenemos una anomia semántica adquirida, tenemos bastantes palabras y podemos tratar de aprender más relacionándolas. Es decir, ayuda bastante trabajar con sinónimos, e ir enseñando el significado de esas palabras. Si nos paramos a pensar en lo que pasa (y eso escasea más de lo que parece en la profesión), cuando fuimos pequeños, aprendimos muchas palabras que no resultan fáciles de explicar (generalmente abstractas), y la forma de aprenderlas fue, en primer lugar, relacionándolas con las que ya sabemos, y en segundo lugar, observándolas en contexto. A partir de ahí, comenzamos a usarlas, y a pulir su uso con el feedback del entorno. Esto diferencia mucho como trabajar una anomia de este tipo a como trabajar una anomia de acceso. El problema como ya decía, está en las palabras. 

El concepto Amor nos resulta a veces casi difícil de explicar cuando somos adultos, pero cuando fuimos pequeños lo aprendimos casi sin saber como, una mezcla de asociación, prueba y error (muchos a veces), y feedback del entorno. 

En el caso de un proceso degenerativo, como es la demencia semántica, el objetivo parece ser "refrescar" (¿Reactivar?) las palabras. Ocurre en muchos casos que encontramos una buena adquisición de palabras que trabajamos con frecuencia e intensidad, es decir, se aprenden, y lo que parece más importante, empiezan a formar parte del lenguaje de la persona nuevamente. Evidentemente, depende de muchos factores, de la propia palabra, y de la gravedad de la alteración que tenga la persona. Pero en ambos casos, adquiridos y degenerativos, observamos una cosa interesante: Las palabras se pueden aprender o "refrescar". ¿Podemos enlazar esto con cómo funciona el cerebro?. 

Entre el ON y el OFF

Intentaré ser esquemático en este punto para no alargarme mucho (no tengo fe...). Lo que he observado en pacientes que tienen anomia semántica adquirida, durante su recuperación es lo siguiente: En el momento inicial, las claves fonéticas no funcionaban para recuperar las palabras. Conforme se avanza en la "construcción de conocimiento" lo curioso es que no se accede directamente a la palabra, pero si empiezan a funcionar las claves fonéticas, aunque en este caso, no basta con una sílaba, sino que normalmente se necesita dos. Es decir, siguiendo lo comentado en el anterior post, se necesita más "guía" por nuestra parte para llegar a la palabra. Como si su activación aun fuera débil por estar empezándose a recuperarse.

Uno de los signos interesantes de este tipo de pacientes, es la "agnosia" de la forma de la palabra, es decir, no se reconoce la forma escrita de la misma. Esto nos ocurre en castellano con poca frecuencia, ya que tenemos una correspondencia entre sonido y letra casi completa, por lo que solo se observa con la "b" y "v", con la "h" o similares. Todos hemos aprendido que el Barco se escribe con "b", pero suena igual que con "v". Si la palabra no es desconocida, evidentemente, no sabremos como se escribe. Este signo, conforme se va aumentando el conocimiento, se va corrigiendo. Es decir, tenemos dos cosas interesantes en el proceso de adquirir las palabras tras un daño adquirido: "La recuperación de la forma de la palabra" y "El acceso a la palabra a partir de claves fonéticas más largas". Ahora lo vamos a ver desde otro punto de vista.

¿Cómo  sabes que Barcon es con "b"?. Pues porque así lo has aprendido. Pero no hay pista ni clave en el propio objeto que nos lo diga, es un conocimiento implícito. Parece que conforme se "borra" la palabra, o se reduce su activación, primero empiezan fallos ortográficos.

Sabemos que hay una anomia normal de la edad, que es muy similar a la anomia de acceso, como ya comentábamos en el anterior post. Pero claro, en sus inicios, una anomia de tipo patológico, puede quedar enmascarada dentro de lo que parece normal. Si partimos de la idea de que la anomia de acceso se debe a una dificultad de los mecanismos de selección-búsqueda la palabra, y que la anomia semántica se debe más bien a una desaparición de la misma palabra, podemos establecer ciertas disociaciones. Mientras que Cuetos establece que una forma de diferenciar la anomia más patológica de la normal, en base al criterio de "cuando se aprendió la palabra" (con toda la lógica del mundo), otros signos pueden ser indicativos. Y ya los hemos dicho con anterioridad.

Sólo basta con ver el camino inverso a la recuperación de estas lesiones. Aunque aún no esté del todo perdida la palabra, su representación escrita muy posiblemente comience a estar dañada (es decir, existirán faltas de ortografía), lo que ya nos indica una desaparición de información de la propia palabra. Por otro lado, el hecho de necesitar más información para recuperar la palabra (claves fonéticas de dos sílabas), nos muestra que para activar la misma de una manera adecuada para su recuperación, necesitamos más estimulo (o más guía), paso previo a que la palabra termine de desaparecer. En este sentido, es muy conocido el proceso que sigue la demencia semántica en general, primero el temporal anterior se muestra hipoactivo (por eso no se localiza fácilmente por resonancia funcional) y luego empieza a notarse el daño estructural. Primero me cuesta más llegar a la palabra, y finalmente desparece.

Pueden ser signos de que algo no va como debería, pero rara vez se tienen en cuenta porque las pruebas estándar solo se quedan con las puntuaciones, a veces obvian la naturaleza de los errores. No son sensibles al camino entre el ON y el OFF de la palabra.

PD: Otro detalle interesante estaría en la comprensión. En estadios avanzados de la demencia semántica, al no existir muchas palabras, no se entiende el discurso ajeno. Pero en los inicios, está falta de activación de la red semántica verbal podría devenir en problemas para comprender el discurso por sobrecarga para activar todas las palabras, aunque se termine reconociendo el significado...

PD2: Son post duros. Pero son para quien quiera pensar sobre porque pasa lo que pasa en las anomias. ¿Utilidad?. Lo que digo siempre, comprende cómo y por qué falla, y tal vez encuentres la forma de cómo tratarlo.

PD3: Podríamos entrar a hablar en el próximo post a hablar de la anomia de corte fonológico. No se, si a alguien le interesa, solo tiene que decirlo.

PD4: Sobrecarga, sobrecarga, sobrecarga... (resumen de este mes).

jueves, 30 de noviembre de 2017

Anomia (I): "sé lo que vas a decir"

- Venga, vamos con esta palabra - le dije a una paciente, de unos 80 años, con una importante anomia. No era lo único que había, pero si algo que sobresalía con diferencia. Señalé de la lámina un bote de champú. Habíamos trabajado esa lista cerca de tres semanas. Ella volvió a dudar.

- Es mmmm... es... - decía mientras mostraba un leve temblor en los labios. Cada segundo que pasaba se notaba que empezaba a ponerse nerviosa, ya antes de decir lo que iba a decir, se notaba que había tirado la toalla - No mmmm no me sale - terminó por decir. Comenzó entonces el variado grupo de frases que más de uno hemos oído "Si se lo que es" o "yo se como se usa"... y así hasta que dábamos una clave para ayudar a la persona.

- Mira, te lo voy a escribir - le dije mientras cogía un folio que tenía delante. Escribí la primera sílaba "Cham"- Lee en voz alta lo que pone aquí - le indique. Miró la letra en cuestión.

- Cham - dijo en voz alta. No pasó nada. No llegó a sacar la palabra. Volví a intentarlo, está vez dando la clave en voz alta.

- Es Cham... - le dije. Si hubiera una cara que pudiera decirse como de "hacer sinapsis" era justo la que puso en ese momento.

- ¡Champú! - dijo con un alivio tremendo - Champú, Champú, Champú - dijo como si quiera que la palabra se quedara grabada en su cabeza. Pero la palabra realmente estaba en su cabeza.

Estábamos ante un patrón ciertamente habitual. No se si a vosotros os pasa con pacientes con anomia, que realmente resulta más fácil que lleguen a la palabra cuando nosotros verbalizamos la clave que cuando se les escribe o ellos mismos la leen... ¿Por qué pasa eso? ¿Pasa siempre?. Bueno, vamos a analizar esto un poco en profundidad. Y vamos a empezar por un punto totalmente alejado de esta historia... por ahora.

Automática-mente

Lo tengo que contar rápido... modo tweet.

Forma vaga de empezar una argumentación, tirar de tweet XD.

Es decir, hay activaciones que ocurren casi a diario. El ejemplo lo tenemos en las famosas neuronas espejo, un descubrimiento interesante: La idea de que ver a otros haciendo algo, activa nuestras áreas premotoras, como si nosotros nos preparásemos para hacerlo. ¿Una explicación simple?. Si, a nivel adaptativo, si vemos a otro de nuestra especie correr... es posible que también tengamos que correr nosotros para salvar nuestra vida. Esos milisegundos que ganamos pueden ser la diferencia entre morir o no. También puede ser por aprendizaje, vemos algo y prácticamente, preparamos a nuestro cerebro para hacerlo.

Igual pasa con los objetos que vemos. Cuando los vemos, de manera inconsciente para nosotros, se activan áreas del movimiento, pero claro, nosotros tenemos el control para no realizar esos movimientos, para separar de todo lo que procesamos de lo que necesitamos en el momento actual. No en vano, a veces nos encontramos con algo en la mano y decimos "¿Para qué narices he cogido esto?". El extremo, tras un daño cerebral, es la dependencia del medio, es decir, el medio guía nuestra conducta (estimulo que vemos, estímulo que nos lleva) y de ahí vienen las conductas de utilización de muchos pacientes: Veo un objeto y lo tengo que coger y manipular.

Hasta aquí, no he dicho nada que no se sepa ya.

Sacando las palabras

Vamos a centrarnos en la Anomia. Ya lo sabéis, hay varios tipos, que Cuetos describe bien en este artículo (aquí referencia) y que tienen su base en los diferentes niveles de la producción oral que se describen, entre otros, en el libro de Neurociencia del lenguaje (aquí reseña). En este post, concretamente, nos vamos a centrar en lo que se denomina "anomia pura" o en un problema a nivel de acceso a la palabra. Es la más famosa de todas, porque es la que suele aparecer también de manera normal de la edad. La de la famosa sensación de tenerla en "la punta de la lengua". Dentro de esas fases o niveles de procesamiento, el problema está en el círculo morado de la siguiente imagen:

Extraído del taller de Evaluación Neuropsicológica en las Afasias de II congreso de daño cerebral de Almería. Una forma algo tosca de hablar de los niveles de producción oral, que desembocan en tres tipos diferentes de anomia.

Es decir, después de haber seleccionado las palabras que tienen el significado de aquello que queremos decir (semántica) y antes de construir la misma para poder articularla (fonología). La palabra no sale, pero con claves si. Pero hay una pequeña fluctuación en ese detalle. No siempre sale de la misma forma, ni siempre se cuenta con la misma información al respecto. Lo amplio.

El hecho es que sabemos que existen asimetrías entre categorías dentro de las anomias, es decir, hay categorías que resultan más o menos "afectadas" ante un daño cerebral. Un ejemplo que tengo constatado es la diferencia entre verbos y sustantivos cuando tenemos afasias de tipo más anterior en el cerebro que afasias de tipo más posterior, o lo que es lo mismo, más frontales y más paritotemporales. Los pacientes del primer caso, parecen presentar más problemas con los verbos por su relación con la acción (lóbulo frontal) y los del segundo, con los sustantivos (podría decirse que por su relación con el almacén semántico). Pero realmente, cuando hablamos de problemas de acceso como tal (la palabra no sale), podemos encontrarnos con cierta "estabilidad", ya que el problema no es en si de la palabra, sino del proceso de recuperación de la misma. Lo que parece claro, o al menos así lo afirma Cuetos es que la frecuencia de uso de una palabra es un buen indicador de si será o no más fácil de recuperar. Habría que preguntarse el por qué... (y ahí lo dejo por ahora).

Otro detalle interesante es la información con la que se cuenta. En muchos casos tenemos pacientes que no tienen la más remota idea de con que letra empieza, la palabra, otros que titubean o incluso que saben decir con casi toda seguridad la primera sílaba con la que empieza la palabra. Lo que parece claro es que hay una información de la palabra en cuestión, pero seguimos poder llegar a ella. En muchos casos los pacientes desarrollan autoclaves para acceder a la palabra (tenéis un post aquí con ejemplos), más o menos disfuncionales. Nuestro objetivo a veces es aprovechar estos detalles (diferentes para cada uno) para lograr el acceso.

Sea como sea, es más fácil acceder cuando nos dicen el inicio de la palabra que cuando nosotros mismos sabemos la letra de inicio. Vuelve a ser curioso.

Tiempos de reacción

Otro detalle curioso que sumamos a estas informaciones puede tenerse en cuenta en tareas de que presentan interferencia palabra dibujo, muy similares al paradigma Stroop. Se presentaría en este caso un dibujo que se debe denominar dentro del cuál habría una palabra que se debe ignorar. Pongamos el ejemplo de aquí abajo.

Este sería un ejemplo de un elemento de interferencia de palabra con imagen, en la cuál el objetivo es denominar el dibujo evitando la distracción que causa la palabra escrita.

Cuando tenemos que denominar el dibujo en cuestión, tenemos un pequeño retraso porque la palabra que aparece escrita, interfiere. Este hecho es atribuible a lo automatizada que está la lectura, simplemente, según vemos la palabra, la leemos y accedemos a su significado y otras cualidades de forma inmediata, reduciendo el tiempo de denominación. Eso sí, en milisegundos, nada que sea observable sin medir los tiempos. Pero lo curioso viene cuando hablamos de otras variables que afectan a estos tiempos de reacción.

Por ejemplo, si la palabra que presentamos por escrito es del mismo campo semántico que el dibujo (por ejemplo, cama y mesa), se da una importante interferencia. Esto es fruto de una palabra que cobra mucho interés cuando hablamos del cerebro. La competencia. Ambas palabras, la del dibujo y la escrita son tan parecidas, que la decisión es más complicada, porque ambas están "muy" activadas. Eso nos lleva a esa idea de que las palabras están organizadas por campos semánticos en nuestro cerebro. Eso nos explica bien las parafasias semánticas, ya que parece que hay dificultad para seleccionar entre palabras que se activan de manera correcta. Pero, hay otro detalle muy curioso.



En este ejemplo, aunque de forma imperceptible para nosotros nuestra respuesta es más lenta por la competencia que genera el hecho de que la palabra escrita y el dibujo sean de la misma categoría. Nuestro mecanismo de selección tarda un poco más en poder elegir por la cercanía.

Cuando la palabra que está escrita resulta ser similar a la que denomina el dibujo en su estructura, concrétamente en la primera sílaba de su inicio... ¿Qué creéis que puede ocurrir?. Siguiendo el hecho anterior, podríamos decir que compiten ambas palabras porque son muy parecidas en su estructura, pero resulta justo al revés, al ser parecidas en su estructura, se reduce enormemente el abanico de opciones, pues son menos las palabras que empiezan por esta sílaba. La palabra que leemos automáticamente, activa todo el abanico de palabras estructuralmente iguales en su inicio, y de eso se aprovecha nuestra denominación posterior. Parece tratarse de una activación doble, se reduce mucho el tiempo de respuesta (correcta), ya que la palabra en cuestión se activa más fácilmente. Es tal y como funciona Google. 

Esta es la idea de como funciona nuestra cabeza con las palabras. Una sílaba reduce el número de posibilidades y permite que haya menos opciones que compitan a la hora de seleccionar una palabra.


Sea como sea, todo esto nos lleva a un tema de activación de palabras y a una competencia para la selección final, mecanismos que explican un poco por qué las claves semánticas o fonéticas funcionan para recuperar palabras cuando tenemos una anomia pura. De todas formas, esto es algo relativamente conocido. Vamos a coger otra pequeña información analizando la anomia pura como tal.

¿Qué falla en la anomia pura?

Para llegar a algo interesante, necesitamos saber como funciona el cerebro durante la recuperación de información y, por otro lado, que falla cuando no la tenemos. Hasta ahora tenemos un poco de los primero. Pero ¿Por qué a veces no recuperamos la palabra si realmente está ahí?.

Bien, habría dos opciones: la que se plantea como teoría del déficit de transmisión (Burke, MacKay y colaboradores (1991)) y otra la problemas en la activación-Inhibición. En el primer caso, hay problemas para recuperar la palabra en cuestión porque hay un problema para transmitir la información, como si de una red de caminos entre las palabras se tratara. Por eso, cuando damos una clave, lo que estamos es dando una señal de "hacía donde" debe dirigirse la información o de donde debe rescatarse. En el segundo, si tenemos un problema de activación-inhibición, la competencia entre muchas palabras dificulta la selección de las mismas, por lo que de nuevo, una clave cualquiera nos ayudaría a llegar a la palabra objetivo pues "la activaría por encima de las demás".

Siguiendo está idea, tal vez no ta secuencial, las palabras (o letras) se van activando y accedemos a ella, pero claro, si se atenuara su luz... sería difícil saber que palabras (o letras) son las que queremos decir. Nos bloquearíamos o puede que dijéramos otra que nos pareciera que brilla (parafasia).

En sí, parece más aceptada la primera hipótesis, vistos los problemas de recuperación de información en general que tienen las personas mayores sanas y la lentitud de las mismas, fruto de alteraciones en la sustancia blanca (ver post anterior). Pero, si esto es así, ¿Cómo explicamos el suceso del principio? ¿Por qué cuando la clave es emitida por otra persona resulta más fácil llegar a la palabra que cuando la clave es leída por uno mismo o incluso si se conoce el inicio de la palabra?. Vale, ahora interesa pensar que ocurre cuando oímos hablar a otros y si es diferente a leer o pronunciar nosotros mismos una sílaba. 


¿Te infiero pero no me infiero?.

Cuando leemos lo hacemos de una forma automática generalmente,en especial cuanta más experiencia tenemos. De hecho, podemos leer frases (y comprenderlas) en décimas de segundo, no digamos palabras. Uno dato importante es la capacidad de leer una palabra aunque sus letras estén desorganizadas siempre y cuando el principio y el final sean los que corresponden, el ejemplo lo tenéis aquí:

Y es curioso que a los que trabajamos con daño cerebral y estudiamos el cerebro, estas cosas no nos parezcan increíbles, sino que fuera de nuestra sesgada lógica.

Es decir, con esos dos datos, podemos inferir la palabra. Pero ojo, necesitamos el final de la palabra también. También hay otro detalle, en especial en los idiomas donde la correspondencia sonido-letra no es regular (un ejemplo es el inglés a diferencia del castellano). A veces la lectura de la palabra se hace de forma global. Un ejemplo lo tengo en un paciente nativo inglés con una anomia pura muy severa. Curiosamente, cuando la palabra era escrita y se le presentaba, incluso al completo, tenía problemas para acceder a ella porque realmente no podía llegar a leerla. Sin embargo cuando se le facilitaba la clave fonética verbalizada por el interlocutor, llegaba a emitir la palabra sin problema. Esto tiene su lógica si entendemos que las palabras son aprendidas de una forma global en este idioma (de ahí que tenga mucho sentido los concursos de deletreo en estos idiomas más que en el nuestro).

Teniendo ya en cuenta esto, el segundo punto es plantearnos por qué cuando el paciente accede al primer sonido de la palabra por si mismo, no logra tampoco recuperarla. Esto es simple: Cuando yo quiero decir una palabra, primero la activo, y luego la convierto en fonemas (ver el esquema anterior). Al revés es un poco ir contra el proceso habitual, es pedir que un sonido que yo emito me active la palabra, es decir, mi cerebro no se dedica a utilizar mi propio sonido para decidir que decir, sino que lo emite después de decidirlo. Dicho de otra forma, no hace el esfuerzo por inferirme. Entonces ¿Qué hace tan especial el hecho de que otra persona diga el sonido el voz alta?. Llegado a este punto, es casi obvio.

El proceso de producción Oral va hacía un sentido (semántica-acceso-fonología-articulación), es difícil pedirle al cerebro que vaya en dirección contraria a la que lleva haciéndolo desde que empezamos a hablar. Casi como impedir que la escalera mecánica suba XD

Cuando escuchamos a otras personas, ocurre algo curioso, pero a la par esperable si seguimos un poco el hilo de este post. En una fracción de segundo, nuestro cerebro infiere y activa posibles opciones con solo tener en cuenta el inicio de la palabra (Word-onset) (ahora por favor, leeros de nuevo el tweet de más arriba y vedlo desde un punto lingüístico). En un estudio (reseña aquí), Kathleen Pirog Revill estudió la activación que producía el léxico parcial, o el escuchar una parte de la palabra, confirmando la conclusión de que cuando se comienza a oír una palabra de nuestro interlocutor, se activan varias opciones posibles de la misma. Es decir, de manera automática, una primera sílaba de un hablante, activa en nuestro cerebro opciones, activa palabras. Activa nuestro Google. Y eso, eso sí, facilita el acceso a la palabra, o al menos reduce el error. Por qué claro, hay errores y otras pequeñas cosas que matizar.

Fluctuando que es gerundio

Es evidente que alguien puede decir eso de "a veces mis pacientes si llegan a la palabra con autoclaves"o como decía anteriormente, con información residual que si se tiene de la palabra aunque no se acceda a ella. ¿Por qué a veces sí y a veces no?. Fácil, por qué hay palabras de uso más frecuente que otras (Cuetos me diría, "y que se han aprendido antes, muchacho"), es decir, que necesitan de menos información que otras para activarse, o están más activables (a la que salta). Un gran detalle es como palabras malsonantes como "puta", "coño" y demás resultan ser las que se nuestros pacientes con afasias más severas suelen emitir. Son, además de frecuentes, muy emocionales, casi automáticas. Sin embargo, casi todas las palabras, en las anomias puras, pueden ser elicitadas con que un interlocutor nos verbalice su primer sonido.

¿Pero qué he dicho? Yo no quería decir esa palabra. Un error común eso de las parafasias en la anomia, que más o menos se explica también por esas dificultades en la activación y la selección de la palabra, que al ser tan automática, a veces activa nuestra articulación en un suspiro. Lo decimos, y nos quedamos a cuadros.

Además, en muchos casos tenemos errores de muchos tipos, parafasias, fonéticas (se activa el camino, pero se eligen incorrectamente) o semánticas (se activan varias opciones del mismo campo y emitimos la que no es). Lo primero también ocurre con la lectura en voz alta, cuando pacientes con Afasia intentan leer y terminan autocompletando palabras solo con el inicio (por ejemplo, si hemos de leer "constreñir" nuestro paciente puede irse a un "construir" que resulta evidentemente, más habitual y frecuente).  Es decir, el hecho de que haya fluctuaciones y veces que se llega de diversas maneras, no invalida el razonamiento final del post: la clave fonética que le damos al paciente, se aprovecha de un mecanismo inconsciente de predicción del lenguaje del interlocutor, para señalar el camino hacia la palabra correcta. ¿No os parece bonito que cosas tan dispares confluyan de esta manera?.

Dicho esto, solo agregar que, si esta explicación es valida, el siguiente punto sería ver como podemos aprovecharnos de este mecanismo para que el paciente con anomia pura tenga la manera de sacar la palabra por si mismo. En muchas ocasiones, imaginar el objeto, tocar el objeto, imaginar el uso del objeto, imitar su uso, ayudan en cierta manera a llegar a la palabra (activan de forma indirecta, a la par que débil, la propia palabra). ¿Cómo podemos aprovecharos de está inferencia del interlocutor para que las personas con Anomia pura logren tener un acceso a esas palabras que aún están ahí?. Eso, lo tendremos que probar en consulta. Pero al menos, es una idea.

PD: Como dice el nombre, este es el primer post de anomia, en el segundo vamos a preguntarnos que pasa cuando la palabra realmente no está (no hay nada que activar) y si tal vez, podamos encontrar un pequeño indicio de enfermedad neurodegenerativa temprana en base a las cosas que vemos en consulta con pacientes que presentan una anomia de carácter más semántico.

PD2: Es un post denso, y específico, pero la Anomia puede ser uno de los signos más habituales que encontramos envejecimiento cognitivo normal y deterioro cognitivo leve... espero que os despierte alguna idea. Y que me la contéis.

PD3: En consulta a veces juego con la activación si veo que un paciente se me queda atascado y no quiero que se me venga abajo emocionalmente. Para ello, la madre de todas las pistas, una frase con clave fonética al final "La señora va a Ca...". En este caso, delimitamos por inicio de la palabra, por semántica del objeto y por encaje gramatical. Es decir, difícilmente la palabra "Catéter" se activaría.

PD4: No basta con decir que algo ha ocurrido, sino preguntarse cuál es el motivo. Creo que vale para ciencia y para la vida misma.












jueves, 23 de noviembre de 2017

Un cerebro a dos velocidades

No era lo que esperaba hacer esa tarde, pero pensé: "¡Qué narices!. Vamos a probar cosas". Acababa de entregar un informe bastante delicado a una paciente y su familia, con los resultados de una valoración neuropsicológica general. Pero no había habido manera de filiar todo lo que ocurría. Así que, decidí aprovechar la visita para hacer algunos ejercicios de estimulación, por probar (y comprobar) cosas. Me sorprendió tremendamente la entereza de esa mujer, que en los últimos meses había comenzado a experimentar un deterioro muy rápido de algunas funciones cognitivas, con todo el caos que suponía eso para su día a día. Nos sentamos ella, una alumna de prácticas y yo. Podríamos haber empezado directamente a hacer ejercicios en busca de ajustar el puntito de dificultad para que ni fueran demasiado fáciles, ni muy frustrantes. Pero, realmente, lo primero en estas situaciones, es lo primero: La persona que tienes delante.

- ¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes? - le pregunté, rompiendo el silencio que había en la sala tras sentarnos.

- Bien... -me contestó ella mientras miraba hacía otro lado... como pensando si debía o no decir algo. De golpe fijó su mirada en mi - Aarón, ¿Y sí todo esto es por mi culpa? ¿Y sí soy yo quién lo está provocando? - me dijo, mientras se iban humedeciendo sus ojos. Casi por asociación me acordé de las palabras que Marcos Ríos Lago nos había dicho este último módulo sobre como funcionamos: "somos casi autómatas". Es una realidad incomoda y difícil de concebir si te paras a pensarlo.

- ¿Tu puedes hacer que un riñón tuyo deje de funcionar ahora mismo? - le dije ante su sorpresa. Meditó unos segundos la pregunta, que parecía totalmente alejada del tema del que estábamos hablando - realmente el cerebro controla cosas de una manera automática, que nada tiene que ver con lo que nosotros queramos o no queramos. No creo que tu puedas tener la culpa de que haya cosas que tu cerebro no haga correctamente ahora mismo, pero si creo que podemos ayudar a tu cerebro a que las haga mejor - le dije tratando de evitar un sentimiento de culpa que, ni iba a ayudar a la terapia, ni iba a ayudar a esta persona. Asintió reconociendo esta idea, pero es difícil hacerse a la idea de que a veces no controlamos cosas que creíamos totalmente "nuestras". Empezamos a hacer ejercicios y vimos diferentes cosas. Poco después, me senté con mi alumna, que andaba sorprendida con todo lo que habíamos visto.

- Le veo una velocidad de procesamiento muy enlentencida - me dijo, tras haber realizado diferentes pruebas, tratando de formar su pequeña hipótesis de lo que estaba pasando.

- Bueno... si el problema fuera la velocidad de procesamiento, lo sería para todo, ¿no? - le dije, enumerando después diferentes ejemplos que habíamos tenido durante la prueba. Su velocidad era bastante buena ante tareas simples y con componentes visuales, pero no tanto ante tareas que tenían un componente verbal o mostraban cierta necesidad de funcionamiento ejecutivo. Había otra cosa detrás. - En realidad, está es la clave de nuestro trabajo - le dije - disociar tareas, la velocidad de procesamiento se enlentece ante ciertas tareas, pero no es el problema de base - terminé de comentar. 

- ¿Y eso no lo puede estar provocando ella misma? - me preguntó. Es evidente que ya había descartado que estuvieramos ante una simulación.

- Nuestro cerebro busca intención en todas las cosas - le dije - incluso le da intención a las que nosotros hacemos, cuando ya están hechas - dije. La respuesta no fue precisamente concluyente. Al revés. Dio para mucho rato de conversación después. 

Un cerebro a dos velocidades

Llama mucho la atención cuando tratamos de ver el proceso de toma de decisiones y vemos que muchas de las informaciones que usa nuestro cerebro para decidir no pasan por el foco de nuestra conciencia. Sin embargo, en muchos casos la decisión se considera como absolutamente nuestra. Si hay algo que domina nuestra forma de pensar es la de darle intencionalidad a todas las cosas (basta escuchar frases de nuestro día a día como "el maldito ordenador no quiere funcionar"...). Un ejemplo lo tenemos en un estudio que ya comenté anteriormente sobre como funciona el cerebro durante el juego del Shogi.

No me preguntéis como se juega esto. Supongo que el equivalente, si el estudio fuera español y no japonés, sería hacer una resonancia magnética mientras se juega al mus. No me imagino como se pondría la amígdala cuando uno le salieran cuatro reyes... (por muy republicano que se sea).

En este juego en general, tienes dos opciones: Atacar o defender. En el estudio del equipo del Dr. Tanaka (aqui) encontraron un circuito curioso. El cortex cingulado anterior se relacionaba el valor subjetivo que se le atribuía a una estrategia de defensa, y el cortex cingulado posterior, con el valor del ataque, siendo el cortex dorsolateral el que comparaba el valor emitido por ambas estructuras. Es decir, pareciera que el valor que se atribuye a cada opción, está un poco lejos del proceso consciente final de que acción tomamos. Mientras que lo primero parece una vía rápida de valoración de la situación, lo segundo parece una vía más lenta de toma de decisión. Sería interesante pensar que si, por ejemplo, atenuáramos la señal del cortex cingulado anterior (valor de la defensa), a la hora de "elegir", nuestro cortex dorsolateral se iría siempre hacía una estrategia de ataque. Todo esto, sin necesidad de que sea intencional o decisión realmente de la persona. No se si captais ya por donde voy.

Otro ejemplo interesante viene de la capacidad de personas con ceguera cortical para ser capaces esquivar objetos de su entorno. Sin ser consciente de la experiencia visual, hay informaciones que llegan y ayudan a la toma de decisión. La diferencia parece radicar en gran parte en una vía rápida y otra vía lenta. Una vía automática, que toma decisiones rápidas por su importancia para la supervivencia, y una vía más lenta, más consciente, más cortical, que evalúa con calma las alternativas para tomar una decisión ajustándose al efecto más a largo plazo de las mismas. Es decir,un cerebro a dos velocidades. 

Si nuestra reacción ante los sustos fuera controlada por el lóbulo frontal, uno jamás pondría esta cara. 

Concretamente, en mi humilde opinión, el lóbulo frontal jugaría un papel importante en hacer ese procesamiento consciente (baste con ver que ante tareas novedosas es el primero que tiene actuar) con el objetivo de organizar y automatizar el mismo. El ejemplo lo tenemos al aprender a conducir, cuando de primeras necesitamos todos nuestros recursos ejecutivos (nos puede doler la cabeza con una clase de conducir) y conforme automatizamos, podemos hacer otras cosas a la vez. De igual manera, no son los mismos los reflejos de una persona que lleva años conduciendo que los de una persona que acaba de pensar (el que lleva años no se pregunta "¿Qué hago?", sino que actúa). De nuevo, parece que hablamos de dos velocidades.

Lo que ocurre, es que esas dos velocidades coexisten, y son las diferentes situaciones las que nos permiten o indican el utilizar una u otra, siendo unas u otras, más accesibles a la propia conciencia. El problema viene cuando todo esto deja de funcionar de manera adecuada. Cuando hay un daño que, por ejemplo, afecta a nuestra...

...velocidad de procesamiento

Uno de los signos que parece más comunes en los traumatismos craneoencefálicos es la reducción de la velocidad de procesamiento de la persona, así como las dificultades atencionales. En si, la velocidad de procesamiento se ve reducida en gran medida por el daño axonal difuso, o dicho de manera mala y burda, cuando se rompe el cableado del cerebro por el movimiento que realiza el cerebro dentro del cráneo. Y esto debe tenerse en cuenta cuando realizamos una valoración de daños, porque, como decía antes, el sistema ha dejado de funcionar de manera adecuada, lo que no quiere decir que todo esté mal.

La DTI es relativamente nueva, pero nos ha permitido ver la sustancia blanca en el cerebro de una forma como nunca antes se había visto. Y nuevas técnicas que se van desarrollando comienzan a poner de manifiesto la importancia de la conectividad en como funciona el cerebro.

Uno de los ejemplos que puso Marcos Ríos Lago durante el módulo de atención y velocidad de procesamiento, que me parece fundamental, es el de diferenciar las tareas "paced" y "unpaced". El rendimiento de los pacientes con problemas en la velocidad de procesamiento puede decaer en tareas donde el ritmo lo marcamos nosotros (paced) o donde metemos un componente de tiempo, lo cuál conllevaría a pensar que casi todo lo que hemos evaluado parece estar deficitario. Es decir, la velocidad de procesamiento deficitaria puede perfectamente afectar a otro tipo de dominios perfectamente, solo porque la tarea que planeamos para medirlos implica velocidad... y claro, podemos terminar rehabilitando algo que no está mal de base. Un despropósito. Pero ojo, que también podemos verlo al revés.

En este sentido, las información con la que estemos trabajando puede afectar a la velocidad de procesamiento. ¿Cómo es esto posible?. Pues por ejemplo, si tenemos alteraciones en el procesamiento del lenguaje podemos encontrarnos con una reducción de tiempos en la realización de pruebas que tengan un componente verbal (sea lectura, sea recuerdo verbal...) que no vamos a encontrar cuando trabajamos con material visual. Es decir, en este caso la velocidad de procesamiento sería la que está afectada secundariamente. Algo similar podríamos decir de la atención, pero lo veremos en otro momento.

Pero... ¿mantenemos la misma velocidad de procesamiento a lo largo de nuestra vida?... ¿Cómo afecta esto a esas dos velocidades que decíamos al principio? Para ello es interesante ver...

... la velocidad en el envejecimiento

Conforme vamos envejeciendo el cerebro cambia, tanto de forma estructural, como de manera funcional. Y eso tiene su expresión a nivel de funcionamiento cognitivo, aunque es importante recordar que es muy posible que esté modulada por la reserva cognitiva (yo, in press... algún día de estos). Lo que parece claro es que las personas mayores rinden peor en las pruebas cognitivas que las personas jóvenes como expresión de estos cambios, algo que T.A. Salthouse justifica con su teoría de la velocidad de procesamiento. Es decir, las personas mayores, se vuelven más lentas con la edad.

Procesar más lento significa eso, más lento, pero no implica que no se pueda llegar a la meta. Otra cosa, es que todo este desincronizado.

Esta idea la podríamos sostener con observar al grueso de personas mayores de nuestro entorno, que parecen mostrarse más lentas o necesitar más tiempo para hacer lo mismo (poque esa es una de las claves, con más tiempo pueden rendir parecido a los jóvenes). De hecho, en algunos estudios, podemos ver que su velocidad de procesamiento es, como grupo, más reducida que hasta la de personas con traumatismo craneoencefálico... otra cosa es que a estos últimos les acompañen otra serie de signos más disruptivos, claro está.

Claro, el motivo de esta reducción parece relacionarse con una reducción de la sustancia blanca. Al menos con el envejecimiento parece que tenemos una reducción de esta sustancia blanca (aquí). Esto explicaría la clásica diferencia que siempre se atribuye entre tareas "fluidas" y "cristalizadas", o al menos, tareas que tienen un componente de tiempo o no lo tienen. El asfalto de las autopistas de información (sustancia blanca) se ha ido deteriorando por el paso de los años. Claro, esto seguramente tenga su repercusión en como funciona el cerebro, aunque rara vez se relacionan estas dos ideas, la idea de que...

...Cambiamos de "velocidad" cuando somos mayores

Al principio del post hablábamos de dos velocidades en el cerebro, o dos formas de procesar, una más rápida y automática y otra relativamente más consciente y lenta. Y además, conectábamos la primera con la sustancia blanca. Y la sustancia blanca, decae cuando nos vamos haciendo mayores. ¿Cómo reacciona el cerebro?. Tal vez ( y sólo tal vez) cambiando su patrón de activación.

En este sentido, y resumiendo por no entrar en otros temas teóricos, la activación cerebral de las personas mayores se frontaliza. Tanto porque se bilateraliza frontalmente (modelo Harold) como por el cambio del gradiente antero-posterior (modelo PASA). Podríamos darle muchas explicaciones a esto. Una podría ser que, como cuesta más automatizar (por tener una menor velocidad de procesamiento), se activa más el lóbulo frontal. Podría ser también, que para compensar esa menor velocidad, se usa un mayor procesamiento consciente...

"cuchame" - le decía el lóbulo frontal izquierdo al lóbulo frontal derecho - "que ahí abajo (las extensas tierras subcorticales) está la cosa rígida de narices, vamos a tener que tirar nosotros del carro" -. 

De hecho, la activación de áreas frontales en personas mayores no garantiza una mejor ejecución en las tareas. No siempre más activación significa mejor. Por ejemplo, en pacientes crónicos con Afasia, una mayor activación de áreas contralaterales derechas de la lesión puede ser signo de peor pronóstico al entrar en fase crónica (y achacable a un problema de inhibición interhemisférica). 

Pero lo que me parece importante es que la forma de funcionar cambia mucho con la edad. La forma de funcionar después de una lesión (o un deterior progresivo), también varía mucho, y no responde a lo que nosotros queremos, ni a una "intención", sino a como el cerebro se reorganiza para (creo) tratar de seguir funcionando lo más "efectivamente posible". En resumen, nuestro cerebro cambia de manera normal sin que nosotros queramos, y sin decirnos que lo hace, pero como pasa con casi todo cambio progresivo y lento, uno (y su cerebro) se va habituando y logra funcionar más o menos de forma normal, aunque tenga que pasar de sus dos velocidades a una sola. Pero cuando el cambio es rápido (y no digamos brusco), todo se descoloca. 

Por si queda duda.

Y ante esto, no vamos a dejar de seguir haciendo lo que hacemos desde que somos pequeños, que es buscar intencionalidad en estos cambios, y a veces culparnos de ellos. Pero lo que parece claro es que cuando el cerebro se reorganiza no lo hace "preguntándonos" a nosotros como nos gustaría que fuera. Lo hace siguiendo unas normas que aún a día de hoy, se escapan a nuestro conocimiento. 

PD: Los modelos que tratan de poner una función sobre otra son geniales, pero yo sigo pensando que al final, todo está tan interrelacionado que la función que falla, se puede llevar a las demás por delante, y viceversa.

PD2: Yo también quiero que te cures. Ojalá pueda contarlo aquí dentro de unos meses.

PD3: Si hay varias formas de hacer lo mismo... tal vez a veces baste con enseñar una forma diferente de llegar a hacerlo.

PD4: Puede haber cerebros lentos o cerebros rápidos, si lo queremos decir así, pero para mi una de las claves está en la sincronización entre procesos. Se sea lo rápido que se sea, si se está sincronizado se funciona. El problema es que un daño cerebral a veces afecta a esta sincronización. ¿Podemos llegar a recuperarla?...

PD5: Todo es relativo. La velocidad de procesamiento a veces depende de lo que estemos procesando. El cómo pasa el tiempo, a veces depende de con quien estemos al lado.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

¿Para qué una tesis doctoral?

Días antes de presentar mi tesis doctoral, yo estaba emocionado. No estaba nervioso, porque tenía claro el objeto de las tesis doctorales. Para que sirven y por qué se hacen. Y sabía que ya hacía tiempo que había cumplido el objetivo. La defensa era solo un trámite. "La fiesta de la investigación", me dijeron que era. Pasada la "gran fiesta", vi un tweet que me llamó mucho la atención:

- Nadie debería hacer ni presentar una tesis doctoral antes, al menos, de los 45 años. ¿Qué tendrá que contar antes que sea relevante?. Nada...-

Al analizarlo fríamente, de primeras me dije: "pues es cierto". Pero luego me acordé de John Forbes Nash (se doctoró a los 21 años), o de Burrhus Frederic Skinner (se doctoró sobre los 28 años, con una frase mítica a su tribunal: "ustedes no están capacitados para juzgar mi trabajo"), personas que aportaron bastante a su disciplina. Eran jóvenes, pero aportaban. mucho. Sin embargo, las personas que he citado, se doctoraron hace cerca de 70 años. Eran otros tiempos. Era otra forma de hacer tesis

En 2008 se publicaron en españa 7830 tesis doctorales. En 2015 se presentaron 14694, y la cosa sigue subiendo. Un aumento considerable que puede hacer cuestionar la idoneidad de las mismas. ¿Nos hemos vuelto investigadores impresionantemente eficientes en los últimos años?¿O cualquiera puede ser hoy en día doctor con un poco de esfuerzo?. Y realmente, ahí está la base de este post. ¿Que se persigue con una tesis doctoral?. Y seguramente, esto terminará desvariando hacia otro tema.

Construir conocimiento

Podemos caer en la simpleza de pensar que una tesis doctoral tiene que suponer un giro copernicano. Es decir, debe provocar un cambio rotundo de paradigma. Pero es evidente que no. Una tesis doctoral, lo que hace es, a groso modo, lo mismo que un artículo (o lo que un artículo debería de hacer, que eso ya es otro cantar) de una revista científica: aportar algo en su campo de investigación.

Para mi, el sistema actual de ciencia es un diálogo entre investigadores (o grupos de investigación). Pero no es el mismo diálogo que podemos tener en una barra de un bar, donde uno puede dar su opinión y sostenerla hasta el infinito le digan lo que le digan. Es un diálogo donde se debe seguir un sistema equivalente para que lo que se diga, se considere como válido. Es evidente que tiene fallos, es evidente que depende de editores (más de lo que debería) y de revisores que pueden preferir imponer su punto de vista antes que admitir que un resultado lo contradice. Pero es un dialogo. Un diálogo en el cual cada frase esta medida.

Una tesis doctoral, forma parte de este dialogo, sobre un tema. Tal vez la importancia de está radica en que se trata de "la primera frase" que uno le dice a la comunidad científica, y por tanto requiere una revisión especial. Similar a esta imagen que para mi ilustra mucho cual el objetivo de investigar.

En el primer círculo vas adquiriendo conocimientos sobre un área dentro del conocimiento humano. Tu tesis doctoral es ese pequeño puntito, ese granito de arena, que añades al conocimiento sobre una materia. Tan poco y tanto a la vez.


La diferencia entre un artículo y una tesis, para mi de nuevo, es que mientras que el artículo debe ser sintético, la tesis doctoral debe demostrar que la persona que la presenta, puede y debe investigar. Desde esta perspectiva, no tendría mucho sentido que las tesis debieran presentarse pasada cierta edad. Con ese tipo de perspectiva, no se trata de "tu cumbre", sino del "inicio de la escalada". ¿Pero es esto lo que se evalúa? ¿Qué es realmente lo que se evalúa realmente?. Desde mi punto de vista, lo que se tiene que tener en cuenta para valorar está recogido casi en cada uno de los apartados, que para eso están. Vamos a verlo (Como ya dije, la cosa se va a torcer).


Introducción teórica


La introducción teórica se ve siempre como un castigo. ¿Tanto tengo que leer para investigar?. Ahora me piden que actualice la bibliografía, será posible... pero realmente tiene un propósito, aunque muchas veces cuando se es alumno de doctorado no se sepa.

Leer y leer cientos de artículos, o en otras disciplinas, meterse en bibliotecas antiguas a buscar las fuentes. Suena a apasionante, pero es necesario, o podemos estar haciendo una tesis que no sirva de mucho.

Una introducción teórica es un "State of the art", es un resumen de como está la situación en cierta área. Y es importante porque es el punto de partida. Uno podría hoy coger una manzana y formular tranquilamente las leyes de la gravedad, como en su día hizo Newton, pero el problema es que eso ya se sabe. No aporta nada. Por tanto, para poder aportar, hay que saber cual es el límite de ese círculo de conocimiento. Podríamos perder tiempo en demostrar cosas que están demostradas simplemente porque nosotros no las conocemos

En la investigación, en los artículos comunes, no se piden 400 folios como introducción, sino algo breve, porque se espera capacidad de síntesis, se considera un conocimiento implícito. Pero el aspirante a doctor debe demostrar que lo sabe todo. Que conoce el tema completamente. Y eso solo lo puede hacer alguien que tenga realmente cierto interés por el tema (Cuando te interesa un tema lo quieres saber todo de él. Cuando te interesa una persona, también). Alguien que ame lo que estudia. Por eso, ver quejarse a un doctorando de todo lo que tiene que leer me hace pensar que su objetivo es el título, no el conocimiento. No es difícil ver el símil con nuestra metáfora del diálogo: Cuando alguien entra en un diálogo sin tener toda la información, suele equivocarse. Ahora lo llaman diálogos de cuñados, creo.


Tal vez este sea el primer problema: Una tesis no es un trabajito en el que basta con rellenar hojas de teorías y teorías. Hay que rastrear todo lo que se sabe, estar actualizado por si algo puede aportar o contradecir nuestro punto de vista, y leer mucho. Pero se tiende a confundir "peso" con "calidad". A veces una buena síntesis e hilo argumental trenzado demuestra el real conocimiento del tema. Lograr contar una historia.

En este punto, lo que demuestra un doctorado es que domina la materia en la que quiere investigar. Y que sabe cómo obtener la información necesaria para investigar cualquier tema y generar una pregunta relevante a la que responder. Ese sería el final de ese "cuello de botella" que es la introducción, llegar al punto de "¿Nadie tiene respuesta para esto? ¿la respuesta que hay contradictoria?. Pues voy a deciros lo que yo he encontrado".

Hipótesis

¿Por qué una hipótesis?. Siempre todo parece llegar al punto en el que uno debe plantearse una suposición que va a querer comprobar, y es una suposición que viene directamente dada de la introducción teórica. Es decir, tiene que estar hilado. Se comete el error a veces de empezar a meter apartados dentro de una introducción y luego carecen de importancia. Se comete el error a veces de generar hipótesis que nada de sustento tienen en la introducción.

El objetivo a fin de cuentas de generar está hipótesis es delimitar que quiero comprobar, porque resulta muy fácil perderse entre tantos artículos, tantas informaciones y que teniendo claro que quiero estudiar ("quiero estudiar la reserva cognitiva"), no termine de quedar claro qué quiero aportar ("quiero confirmar que las actividades cognitivas estimulantes ayudan a una mejor cognición en mayores"). Creo que de nuevo es otra demostración importante de conocimiento, si sabes del tema lo que tienes que saber, sabes que hipótesis debes plantear.

Se dice que los niños pequeños son pequeños científicos que van planteado hipótesis en su día a día... y tratando de comprobarlas sin pensar las consecuencias. Supongo que también eso pasa con los doctorandos, las quieren plantear y resolver y  no piensan que la consecuencia es hacer una tesis...

Pero a veces cuando ves a alguien haciendo una tesis, ves que tiene un ejército de hipótesis a confirmar, pareciendo un poco que pierde realmente el hilo de lo que está haciendo. Eso sin contar la idea de las hipótesis generadas "ad hoc", es decir, no iba a estudiar cierta cosa, pero me sale y añado una hipótesis al estudio. Sin embargo, si esa hipótesis cuadra con la introducción... ¿qué problema hay?. Supongo que esa concepción romántica de que las investigaciones tienen unos pasos secuenciales que se deben dar en un orden y ya está. Pero para mi, hasta cierto punto, las hipótesis y los análisis posteriores se retroalimentan, y explicar el proceso sería más interesante que limitarnos a poner hipótesis "ad hoc".

En resumen, comprobar esa hipótesis será nuestra pequeña aportación al diálogo que mantiene la comunidad científica, pero para ello, debemos comprobarla. Y eso implica una de las partes que menos gusta a los doctorandos con los que me he cruzado. Números.


Metodología y análisis

Para poder dialogar, también necesitamos el mismo idioma. No es lo mismo decir que hemos visto un resultado en una muestra de hombres que de mujeres, o en una muestra de 50 que de 80 personas. La metodología es la base de la fortaleza de nuestro diálogo, pues si no contamos con un método adecuado, aquello que decimos no será fácilmente sostenido en un debate. Podríamos meternos aquí a hablar de los estudios de caso único, los estudios con muestras enormes y demás, pero no me voy a ir por ahí ahora mismo.

Pero tal vez uno de los escollos más grandes es el análisis de datos. Nuestra forma de concebir la ciencia, sabiendo que todos tenemos un pensamiento subjetivo, que implica interpretar de manera diferente un "mismo" fenómeno obliga a buscar un punto de objetividad. Y por eso se cuantifican las cosas. Por eso se matematizan. Tal vez el problema sea que operativizar al ser humano es un poquito (solo un poquito...) complicado, pero tampoco me voy a ir por ahí ahora mismo

La pesadilla de muchos estudiantes de doctorado. Los números y los datos. En realidad, si se tuvieran nociones adecuadas sobre como funciona el análisis estadístico, la comprensión de lo que realmente e ha hecho en una tesis sería infinitamente mayor, y además, eso debería de notarse durante una defensa de tesis, claro está.

Los análisis de datos como herramienta se desconocen casi tanto como se desdeñan. La mayoría de las personas que quieren ser doctores lo hacen sin tener absoluta idea de análisis de datos, con la excusa del "no es mi tema". Una analogía simpática sería decir que dado que mi tesis no va de ortografía, puedo cometer faltas y ya si eso que me las corrija otro. El problema es que a veces el método encaja con la hipótesis, pero no se tiene en cuenta como analizar los datos, y claro, eso puede dar lugar a que comprobar lo que tu querías tuviera que hacerse de otra forma.

A fin de cuentas, lo que debe demostrar un doctorando en este punto es que sabe como diseñar una investigación y sabe, como operativizar todo para que el diálogo se haga en los mismos términos. El alumno que no sabe de estadística, que no sabe como se analizan los datos, se convierte un poco en aquel que trata de explicar que un coche anda, sin abrir el capó. Esa persona, como tal, no sería un investigador... digamoslo así, independiente. ¿Por que?. Por qué solo sabe algo referente a un <.05, pero no sabe lo que significa eso. Este es un punto complicado, porque parece que obtener un <.05 objetiva cualquier idea por absurda que sea.

En este punto discrepo con mucha gente, pero quien no sabe analizar unos datos, o entiende como hacerlo al menos, no me parece una persona que se pueda llamar investigador como tal. Ni en los tribunales se valora lo suficiente, ni se intenta confirmar que el alumno entiende esos análisis o si quiera, si los ha hecho el mismo. A mi precisamente me parece un criterio muy importante, porque como decía antes, la metodología es el filtro que nos permite considerar que hablamos con el mismo nivel de "veracidad". Supongo que en esto si me voy a meter, en el último punto del post.

La Discusión

El último punto que debe demostrar una persona que quiere ser doctor en un tema, es que puede añadir ese punto de conocimiento que aporta su trabajo al discurso general que mantiene la comunidad científica. Es decir, sabe del tema (introducción), sabe lo que quiere demostrar (hipótesis) y sabe cómo (metodología y análisis). Y aquí, debe confrontar la información que aporta sus tesis con las informaciones que existen y explicar los motivos por los que sus resultados son unos y no otros dejando entreabiertas futuras lineas de investigación.

No se trata de soltar de nuevo todo el rollo, sino de ir diciendo con quien nuestro estudio está de acuerdo y con quien no, y no dedicarme a bombardear a los que obtienen resultados diferentes a los mios, sino más bien, entender por qué ocurre eso y buscar puntos de compatibilidad. No hemos de olvidar que estudiamos "la realidad" y por muy diferente que sea el punto de vista, nadie puede estar tan errado como para no tener un puntito de unión con otros puntos de vista. O al menos eso creo.

Y bueno, llego yo a la discusión de este post. Si bien el motivo inicial era explicar para qué sirve una tesis doctoral, inevitablemente eso me lleva a un punto que levanta muchas ampollas cuando se saca: La valoración de la propia tesis. ¿Qué se valora y quien lo valora?.

Una espiral endogámica

En primer lugar, nosotros tenemos un director de tesis. Persona que ya es doctor y que por extensión, se considera que está preparado para dirigir una tesis por el hecho de serlo. Primer punto en el que discrepo (y me preparo para el aluvión egocéntrico de críticas). El hecho de que uno tenga el título de doctor no asegura que esa persona sepa dirigir correctamente a un alumno en la realización de su tesis, ya que ello requiere cualidades que no son valoradas para la consecución de ese título. De hecho, es curioso también que el título de doctor sea una de las llaves de entrada a las plazas universitarias cuando realmente para su consecución no se necesitan unas cualidades específicas de docencia. Es decir, se sobreentiende un conocimiento importante por el hecho de ser doctor pero no necesariamente que se sepa transmitir (en un artículo sí, pero hay más cosas...). Por tanto, se puede decir que hay casi tantas formas de dirigir una tesis como doctores existen. Una curiosa forma de abordar la consecución de una titulación que, se supone, certifica que la persona está cualificada para entrar en un mundo con una reglas muy definidas (nada más que hay que mirar las normas de redacción de manuscritos), con una dirección totalmente anárquica en cuanto a formas, es como poco raro. Un cursillo que preparara a doctores para la dirección de tesis lo mismo ahorraba muchos problemas que vemos con frecuencia en los doctorandos.

Ya se sabe que hay un camino largo y duro para llegar al título de doctor, eso es lo que lo hace grande. Si la valoración del resultado es solo el hecho de haber sobrevivido al camino, algo se está haciendo mal.

Al margen de este detalle que me va a granjear el cariño de todo doctor que lean este post, el siguiente es el tribunal. No voy a entrar a valorar la configuración del mismo, pero si el detalle de que nuevamente, ser doctor con cierta experiencia en investigación es la base para formar parte de dicho tribunal. En este caso puede tener bastante más sentido, ya que a fin de cuenta lo que se valora es una investigación. Pero el problema que tenemos aquí es la unidad de criterios. Es decir, ¿todos se van a fijar en lo mismo para decidir que una tesis es válida o debe recibir una nota concreta? (aquí más de uno empieza a descojonarse porque ya anticipa el "total, todas son Cum Laude al final").

En este punto tenemos un problema, y es que tal vez no todos consideren que un doctor debe tener las mismas características, algunos se fijaran más en la viabilidad del trabajo que en la propia persona, otros en las cualidades de la persona que muestren que es alguien con capacidad investigadora, otros en todo. Es decir, una de las cosas que provoca la incertidumbre de todo doctorando en su defensa: No tiene ni idea de que van a mirar. O sea, que es cuestión de tener suerte. Está genial que a estos niveles de evaluación y de importancia, el factor suerte juegue un papel tan importante.

Pero esto ni siquiera es la punta del problema. La falta de criterios, o que los criterios sean también totalmente variables de uno doctor a otro conlleva un problemilla interesante y unos datos avergozantes: La Barra libre de cum Laude.


La barra libre de cum laude

El tema es cuestionable por dos motivos: El primero de ellos, al observar que más o menos un 90% de las tesis doctorales son Cum Laude, la máxima nota posible. El hecho de que todo el mundo obtenga la nota máxima es una clara devaluación de la misma. Y se puede achacar un poco a esa falta de criterio de la que hablaba anteriormente. También se dice, en cierto modo, que sería una ofensa para el propio director de la tesis que no fuera de otra manera. En resumen, pese a que el voto es secreto y se necesitan los 5 votos de los miembros del tribunal, lo cierto es que hay tendencia a poner Cum Laude a todas las tesis. Pareciera casi que ser investigador científico es fácil, por lo que también se devaluaría en cierto modo nuestra propia disciplina.

El segundo problema viene para los que no son Cum Laude. El agravio que supone el verse con un 90% de las notas por encima es equivalente a sentirse suspendido. Y sobretodo, vistos estos criterios, a sentirse suspendido sin saber el motivo que hay detrás. Además, a poder observar como tesis de clara calidad inferior a la suya si obtienen esa máxima nota con total tranquilidad. Curioso es pues, que un título que certifica que alguien puede ser investigador con garantías, empleando el método científico, se salte el mismo a la torera a la hora de evaluar, ya que eso de la replicabilidad (va a depender de si te toca un tribunal puñetero o no, o si tiene el día) está más que eliminado con este sistema. Sería necesario para esto definir realmente las cualidades a valorar tanto de la tesis como del doctorando, así como entender el contexto de la propia investigación (que no va a ser igual para un FPI que para uno que carece de beca, y que con todos mis respetos, también se debería tener en cuenta).

Esta foto es más o menos un resumen de lo que soñé yo la noche antes de presentar mi tesis. Realmente no estaba nervioso, lo tenía todo dominado, lo entendía todo tan bien que precisamente por eso no entiendo a día de hoy ciertas cosas XD.


Dicho esto, y terminando por cerrar la espiral endogámica, el problema de esto, es que nuevamente, todos son doctores (y casi todos con máxima nota), y todos podrán, sin unidad de criterios, ser parte de tribunales en un futuro, y ser directores de tesis sin la formación adecuada (si ya me cuesta creer que se valore en condiciones un trabajo, más me cuesta que se valore esa capacidad docente que mencionaba antes) y eso hace que ser doctor, pese a ser una de las distinciones más difíciles de alcanzar, termine por parecer otro trámite en un país más obsesionado por los títulos que por la persona que está detrás.

PD: Ser doctor debería significar algo más que tener un título y hacer una investigación, creo yo. Si solo es esto, podéis darme cera en los comentarios.

PD2: existe también la opción de presentar la tesis por artículos, que funciona de otra manera, claro está. Aún así, seguiríamos con ciertos problemas a la hora de establecer criterios para valorar las cualidades del doctorando y de su trabajo.

PD3: Entiéndase que, hay excelentes doctores con muchas capacidades. Lo que fastidia, es que los hay que no.

PD4: Estos son los criterios que yo le veo, muy centrado en el trabajo en sí, pero habría también que ver las cualidades que debe tener la persona, en forma de expresión y transmisión que se observan generalmente en la defensa. Pero se ve que en España nadie tiene problemas de expresión en público, visto el manso de Cum Laude que se dan...

PD5: Y puede parecer que no pongo el foco nada más que sobre la Universidad. Los alumnos también son otra historia. Hay personas realmente que no están capacitadas para obtener el título, pero parece que acabar la tesis es sinónimo de que uno si vale, y que se quedan por el camino los que no. A veces se quedan por el camino personas que no tienen beca aunque tengan capacidad.